Cristina no amenaza y Kicillof ya analiza con decretar el fin de las PASO
Si alguien dudaba que Cristina Fernández de Kirchner quiere recuperar lo que le había dado a administrar a uno de sus referentes preferidos, en algún momento reconocido como su "hijo" para la política, debe estar replanteándose fuertemente esa idea original.
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El sábado, la expresidenta apareció en Cañuelas en una actividad muy menor, casi exclusivamente para una foto junto con la intendenta Marisa Fassi y su esposo, Gustavo Arrieta, so pretexto de una reunión con sus legisladores del Parlasur. Este municipio representa lo que en la jerga electoral se conoce como “la Tercera Chica”, que también integran Ezeiza, Presidente Perón, Berisso Brandsen, Punta Indio, Magdalena, Lobos, San Vicente y Ensenada. Los distritos electoralmente más pesados de esa misma tercera sección son La Matanza, Avellaneda, Lanús, Lomas de Zamora, Florencio Varela y Almirante Brown, entre otros.
Es el lugar en el mundo donde Cristina y La Cámpora más fuerte se sienten. Y por eso amenazan con su presentación en las futuras elecciones. Solo un puñado de intendentes se oponen a la continuidad de su conducción política. Jorge Ferraresi y Fernando Gray, de manera diferenciada entre sí, son de los más combativos, mientras que Juan José Mussi, paulatinamente, pretende tomar distancia de los seguidores de Máximo Kirchner. Siempre en dudas, más amante de la unidad que del combate, Mariano Cascallares ha participado de los últimos encuentros convocados por Axel Kicillof, pero es de los que siempre aparecen en la columna dudosa.
Ni siquiera en los homenajes, algo tan solemne para los peronistas, pueden lograrse juntar. Por ejemplo, la semana pasada, la viuda de Alberto Ballestrini, ex vicegobernador y ex intendente de La Matanza, María del Carmen Cardo, participó de un acto junto con Facundo Tignanelli y sus aliados. Ni Fernando Espinoza, el elegido por Ballestrini para sucederlo, ni Verónica Maggario, fueron invitados para la ocasión.
El viernes pasado, en otra localidad “adherente” a Axel Kicillof, los principales referentes del Frente Renovador y el Movimiento Evita compartieron un encuentro casual pero significativo. Rubén y Juan Eslaiman se sentaron con Leonardo Grosso mientras que Gabriel Katopodis y su intendente Fernando Moreira volvían desde La Plata luego de la reunión convocada por el gobernador.
La idealizada “unidad” entre los dos bandos K está cada vez más lejos. Habitualmente cuando se está en una negociación, cada parte extrema su postura para luego encontrar un acuerdo lo más cercano posible a su deseo inicial. Pero como todos los protagonistas se conocen demasiado, y hasta ayer trajinaban los mismos caminos, quienes peor terminen parados saben que quedarán muy debilitados.
Minutos después de que Kicillof presentase su proyecto para suspender las PASO en el Senado bonaerense, el kirchnerismo ratificó el propio, que deja sentado que el día de las elecciones debe realizarse de manera concurrente a la nacional. El gobernador ya había firmado un decreto en el que llamó a votar los cargos provinciales el 7 de septiembre.
Las últimas reuniones entre los dirigentes de Unión por la Patria terminaron de manera desastrosa. El único que puede hablar con los dos sectores en pugna es Sergio Massa, quien insiste con la unidad ya casi como ruego.
Al descartarse las PASO, las opciones son unidad o ruptura. No hay una tercera vía de escape. Por eso Kicillof está analizando una variante de máxima: armar otro decreto en el que se valide la suspensión de las primarias debido a la demora en debatirse el tema, que para él y buena parte de sus aliados es crucial.
El kirchnerismo quiere recuperar lo que considera propio. Por eso no es una versión antojadiza y menos una amenaza la idea de que Cristina Kirchner se presente como candidata a legisladora en la región del conurbano que más poder y aliados tiene. La gran diferencia que tiene su sector contra el de Kicillof es que los suyos no dudan en su conducción ni convicción. Los ha llevado en innumerables oportunidades a la victoria.
Lo del gobernador es mucho más difícil. Los jefes comunales que lo acompañan dudan mucho más y hay tres sectores claramente identificables: la mayoritaria, que tiene a la unidad como meta; los que ya no pueden volver a entenderse con la expresidenta y mucho menos con su hijo; y quienes nunca participaron y quieren sumarse detrás de la figura de Kicillof.
A pesar de esta tensión, no habrá ni pedido de renuncias ni alejamientos de funcionarios de La Cámpora. Si pasase lo primero sería, directamente, la declaración de guerra. Y los aliados de Máximo Kirchner jamás renunciarán porque ellos consideran que el gobierno les pertenece porque fueron los que pusieron a Kicillof y trajeron la mayoría de los votos.


