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Los barras bravas y el terrorismo: un cambio necesario en la ley argentina

La marcha de los jubilados a la que se sumaron barras y militantes políticos dejó innumerables cuestiones desde diferentes lados de la sociedad.
En Argentina, el fenómeno de los barrabravas dejó de ser un problema exclusivamente deportivo. Foto: EFE
En Argentina, el fenómeno de los barrabravas dejó de ser un problema exclusivamente deportivo. Foto: EFE

En Argentina, el fenómeno de los barrabravas dejó de ser un problema exclusivamente deportivo para convertirse en un flagelo social con profundas raíces en la violencia, la corrupción y el crimen organizado. Sin embargo, pese a su evidente peligrosidad, nuestra legislación los sigue tratando como simples hinchas violentos o, en el mejor de los casos, asociaciones ilícitas; cuando en realidad cumplen con varias características propias de un grupo terrorista.

La Ley Antiterrorista nacional (Ley 26.734) establece que un acto de terrorismo es aquel que busca infundir terror en la población o presionar a las autoridades para tomar decisiones bajo amenaza. Además, debe tratarse de delitos graves, como homicidios, extorsión, lavado de dinero y otros actos de violencia.

Ahora bien, si analizamos el accionar de los barrabravas, nos encontramos con que el repertorio se repite en cada demostración. Por ejemplo, el uso sistemático de la violencia que se da no solo en las canchas, sino en las calles y contra otros hinchas, periodistas, dirigentes y hasta la policía. En este siglo XXI, con la proliferación de los smartphones y dispositivos móviles que filman, cada uno de esos actos deleznables queda registrado. Lo que sucedió ayer, con patrulleros incendiados, veredas destruidas, monumentos vandalizados y hasta ataques con piedras a la Casa Rosada; puede verse en videos que testigos (y participantes de los hechos) subieron a las redes.

Si analizamos el accionar de los barrabravas, nos encontramos con que el repertorio se repite en cada demostración. Foto: EFE.

Otros delitos de los que son parte tienen que ver con la extorsión y coacción: amenazan a jugadores, clubes y políticos para obtener entradas, dinero y favores. También poseen vínculos con el crimen organizado; ya que manejan el narcomenudeo en las inmediaciones de los estadios y en los barrios, la reventa de entradas, el estacionamiento ilegal y otros negocios ilícitos.

Por último, podemos mencionar el terror social. Sus enfrentamientos generan miedo en la sociedad, al punto de que muchas familias han dejado de asistir a ver a los equipos de los que son hinchas por temor a ser víctimas de su violencia. Vale aclarar que hincha o simpatizante y barra no son lo mismo. Uno quiere a su club y va a una cancha o prende la televisión para ver a su equipo; el otro busca el negocio espurio y el caos. Si analizamos estos puntos, no es difícil ver que los barrabravas cumplen con los criterios de la ley para ser considerados grupos terroristas. Entonces, queda claro que es menester cambiar la calificación jurídica con la que son juzgados.

Poseen vínculos con el crimen organizado; ya que manejan el narcomenudeo en las inmediaciones de los estadios y en los barrios. Foto: EFE.

Actualmente, la mayoría de estos grupos ultra violentos son procesados por delitos comunes como "asociación ilícita" o "riña", penas que no reflejan la gravedad de su accionar. No tengo dudas de que clasificarlos como terroristas traería beneficios clave a la comunidad. En principio, con penas más severas, sanciones más duras y ejemplificadoras; otorgar mayor capacidad de investigación a policías y fiscales, para intervenir sus comunicaciones, congelar los bienes y actuar con mayor rapidez ante cada delito; y la desarticulación real de estas bandas. De esta forma, se acabaría con la impunidad y los vínculos con el poder político y económico.

Algunos dirán que es exagerado comparar a los barras con grupos terroristas internacionales. Pero la realidad es que la violencia sistemática y el control territorial que ejercen en sus zonas de influencia no difiere demasiado de lo que hacen ciertas organizaciones en otros países. El fútbol argentino ya no puede permitirse convivir con estas mafias disfrazadas de hinchas. Es hora de reconocer la gravedad del problema y aplicar la ley con todo su peso. Sólo así podremos devolverle a nuestro deporte emblema su verdadera esencia: la pasión sin miedo.

Yamil Santoro.

* Yamil Santoro. Legislador liberal porteño.