Presenta:

Milei por triplicado: la batalla al mundo woke, el FMI y la pelea por el dólar

Javier Milei continua su pelea contra el wokismo (nacional y extranjero) y por ahora parece darle mas rédito que lo esperado. Mientras el gobierno minimiza la firma con el FMI y dilata fecha el cepo
Donald Trump y Javier Milei Foto: Presidencia
Donald Trump y Javier Milei Foto: Presidencia

Son tiempos de batallas culturales para el gobierno, o por lo menos así se los quiere definir. Javier Milei avanza con su estrategia de enfrentar cualquier rastro de cultura “Woke” que pise suelo argentino y lo hace poniendo un nuevo grano de arena en cada mensaje o reportaje. En términos publicitario-políticos quizás sería un error resumir las actitudes de Milei a una simple copia del trumpismo reinante en estos tiempos del 2025.

En la cumbre del grupo Patriots en Madrid el viernes pasado no solo hubo desfile de la derecha europea del momento de la mano de Santiago Abascal sino también mensaje grabado y sorpresa de Javier Milei.  Geert Wilders, Marine Le Pen, Matteo Salvini y Viktor Orbán pasaron por el escenario y aplaudieron a rabiar cuando apareció Milei en pantalla sumándole a la reunión el slogan “Make Europe Great Again”, simil del que Donald Trump uso en su campaña estadounidense.

La cumbre de Patriot estuvo destinada casi en exclusividad a bombardear la Unión Europea. Todos los líderes presentes terminaron subiendo a su cuenta de X mensaje en contra la UE y atacaron al sistema de instituciones del grupo: "Los burócratas de Bruselas han destruido Europa”, resumían todos casi con las mismas palabras.

Viktor Orban, Santiago Abascal y Marine Le Pen

En el caso de los europeos hay algunas variantes en relación a lo que escucha en los pasillos republicanos en los Estados Unidos sobre cuál es el objeto real de la batalla político-económico-cultural que cada uno de ellos lleva adelante, en algunos casos casi como un dogma religioso.

En los Estados Unidos y también en el universo Milei la cultura woke es el equivalente exacto a la colonización del Estado por parte de quienes quieren mantener un progresismo sin razonamiento y destinado a conservar la tutela estatal en todos los órdenes que sea necesario para garantizar derechos y mantener la alerta ante los temas sociales. De ahí que Milei en la cumbre de Davos se refiriera al wokismo como “el cáncer que hay que extirpar”.

Conviene recordar que en su origen el término Woke respondía a un vocabulario cerrado y propio de círculos de jóvenes universitarios que querían manifestarse atentos los problemas de la justicia social, las cuestiones y desigualdades de raza y género. En síntesis, el movimiento planteaba y plantea un juicio contra el mundo occidental que se eleva hacia un fanatismo que no acepta casi discusiones. De hecho Barack Obama fue uno de los primeros en alertar sobre la peligrosa agenda que llevaban adelante quienes en pos de “mantenerse despiertos” ante la desigualdad terminaban planteando peligrosas e imposibles metas sociales.

La pelea con el wokismo se reveló como altamente redituable para Milei. El presidente argentino no solo es aplaudido en las cumbres conservadoras de Estados Unidos y Europa, sino que también tiene récords en mediciones y no solo en Argentina. La columna de ayer del analista Miguel Díaz en MDZ reveló que la última encuesta que realizó Morning Consult en EE.UU. lo da a Milei en un tercer puesto dentro de los mandatarios con mejor índice de aprobación y dentro de una ecléctica lista que pone en el primer lugar al indio Narendra Modi, en el segundo a la polémica mexicana Claudia Sheinbaum y en quinto puesto a Donald Trump.

El problema a futuro no solo es saber cómo continúa esta pelea cultural-económica contra el wokismo, en cualquiera de sus versiones que van desde la “patria subsidiaba” que conocemos aquí, hasta el estado de bienestar que se construyó en Europa y hoy es imposible de financiar, sino también con qué herramientas se hará.

El enfrentamiento de hoy con la cultura woke por parte de los líderes de derecha se da casi con exclusividad por un solo camino: el populismo. Al “despertar” social de los progresistas “truchos” se le opone un populismo de derecha. Ese es quizás el elemento esencial que mantiene la duda sobre esta batalla y no parece que la política tenga hoy otro camino, aunque ese sea peligroso.

Ese camino quedó claro en el reportaje que Ross Douthat le hizo hace una semana a Steve Bannon en el New York Times. Bannon, definido allí como un trumpista clásico: “el movimiento populista y nacionalista que llevó a Trump al poder en primer lugar y que aspira a ejercer una influencia significativa en la segunda administración de Trump”. Fue, además, uno de los estrategas de la victoria de Trump sobre Hillary Clinton

Bannon despliega allí, en esos términos, la significación real y la defensa de un esquema populista de derecha en oposición al progresismo, sin demasiada preocupación por los malos entendidos intelectuales.

¿Está en esa misma línea Milei o el trumpismo y su anunciada pasión por la aplicación de aranceles y cierre de la economía estadounidense están mas lejos del argentino que lo que aparentan las imágenes? Como ya se dijo en estas líneas: ¿la Argentina esta en la misma senda del conservadurismo y el populismo de derecha internacional como para involucrarse en una discusión que ponga en duda derechos individuales y políticas de género que ya son activo de casi todos los partidos políticos? 

Por ahora no parece que las declaraciones de Milei en Davos el contra  del financiamiento estatal para políticas de género, ni la marcha que se hizo las calles de las principales ciudades argentinas en contra de esa posición, ni la decisión de esta semana de prohibir la hormonización de menores en todo el país (donde la provincia de Buenos Aires se lleva el récord de centros de asistencia  para quienes desean transitar el cambio de género o reforzar el elegido) le haya hecho mella a Milei en su imagen presidencial, todo lo contrario. 

Mientras esa discusión recorre el mundo en Argentina hay otra agenda que se estuvo calentando en los últimos días. El debate sobre el nivel del dólar en la economía reapareció como nunca. Quizás el regreso de muchos argentinos que veranearon en el exterior cercano (Uruguay, Brasil, Chile) trajo el ejemplo ante un país que aparece extremadamente caro en dólares y en pesos, y ya no solo en vestimenta, un clásico, sino tambien en comida, restaurantes y hoteles.

No es el único mensaje de alerta sobre un posible retraso del dólar que se escuchó en este verano. Las quejas empresarias por la pérdida de competitividad se reproducen cada día y el problema allí es dilucidar si realmente estamos ante un peligroso retraso del billete verde, si la ecuación de fijación de precios que manejan las empresas es insostenible comparada con el resto del mundo o si el nivel de impuestos que se pagan en Argentina es inviable para cualquier tipo de producción.

La baja de retenciones apuntó a esto último en un esquema donde seguirá primando la pelea por bajar la inflación, que en enero tiene un pico estacional conocido, y por lo tanto no habrá incentivo alguno a una devaluación en lo inmediato y seguramente hasta después de las elecciones de octubre.

Es el mismo razonamiento que podemos aplicar para discutir en que momento el gobierno levantará el cepo. Mas allá de la situación de las reservas y la necesidad de financiamiento para "bancar" la salida del cepo, el acuerdo con el FMI también está en el medio de esa decisión.

Esta semana se confirmó también un anticipo de MDZ: no habría firma inmediata de un acuerdo con el FMI y cuando se haga, además, este deberá ir al Congreso para su ratificación. Esto es así porque aún está en vigencia la Ley Guzmán, que el exministro de Economía hizo votar para garantizar el cumplimiento de los compromisos con el Fondo y el apoyo político.

La primera votación de un acuerdo con el FMI durante el gobierno de Alberto Fernández terminó con la renuncia de Máximo Kirchner a la presidencia del bloque de Unión por la Patria para no tener que votar a favor de ese acuerdo.

Milei tiene algo absolutamente en claro: su principal misión de aquí a las elecciones será mantener y profundizar la estabilidad. No necesita, por ahora, otra campaña mas que esa. La batalla contra la inflación es el eje de su gobierno y seguirá siéndolo. Detrás viene la desregulación de la economía, con la demolición de todo el andamiaje de controles y prerrogativas que nunca defendieron al ciudadano pero si prohijaron negocios personales de muchos.

Y solo un poco mas allá la pelea contra la casta política que es lo que lo llevó al poder y que hoy tiene variantes, algunas extremadamente curiosas. Parte de esas rarezas en La Libertad Avanza pueden verificarse en el libro de pases que está muy activo en las últimas semanas desde el PRO hacia ese partido, sobre todo en intendentes del interior del país. Entre esos pases y el resultado del armado nacional de LLA quizás haya que redefinir en breve el concepto de “casta”.

Esta semana será clave para alguna de estas definiciones. Milei viajará a Israel nuevamente. Una avanzada de Gerardo Werthein prepará las alternativas de esa agenda que incluye la firma del memorándum de cooperación bilateral.

 Mientras tanto y tras haber definido la salida de la Organización Mundial de la Salud, el gobierno analiza retirarse del Consejo de DDHH de la ONU y la renuncia al Acuerdo de París. Todo junto y en línea con nuestra negociación con el FMI que, en realidad, puede terminar siendo un acuerdo puente de cortísimo plazo para no tocar ni definir nada incómodo antes de octubre.