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Encuesta: se consolida el rechazo a Milei, Bullrich se escapa como figura oficial más valorada y crece el pesimismo social

La medición de mayo registra un cuadro de tensión para la Casa Rosada. El oficialismo conserva figuras con mejor valoración relativa, pero el presidente aparece con saldo adverso.

Javier Milei cae en imagen positiva.

Javier Milei cae en imagen positiva.

EFE

La encuesta nacional de Giacobbe correspondiente a mayo de 2026 dejó una señal política directa para el Gobierno: la discusión económica ya pesa sobre la imagen de Javier Milei y condiciona la lectura pública del rumbo. El presidente aparece con 34,2% de imagen positiva, 9,1% regular y 55% negativa. El dato importa menos como fotografía aislada que como advertencia sobre el vínculo entre expectativas, bolsillo y tolerancia social. El informe fue realizado entre el 29 de mayo y el 3 de junio, con 2.500 casos, margen de error de 2% y consultas a dispositivos móviles.

Encuesta Giacobbe 1

El punto más sensible aparece en la pregunta sobre la crisis económica. Ante la consulta sobre si “lo peor ya pasó” o “lo peor está por venir”, 57,8% respondió que espera un tramo más duro, contra 40,3% que considera superada la peor etapa. El 1,9% no respondió. La diferencia muestra que el Gobierno enfrenta una brecha entre su relato de ordenamiento y la percepción concreta de una mayoría que todavía no ubica la salida en el presente.

Encuesta Giacobbe 2

Ese diagnóstico se refuerza cuando se pregunta por la situación económica actual. Solo 12,7% considera que mejora rápidamente y 23,3% que mejora lentamente. En conjunto, 36% percibe algún nivel de recuperación. Del otro lado, 39,8% dice que empeora rápidamente y 14,6% que empeora lentamente. Es decir, 54,4% ve deterioro. Además, 8,1% la percibe estancada y 1,5% no contesta. El balance deja al oficialismo ante una tensión conocida: los indicadores que pueda exhibir la gestión no alcanzan, por ahora, para modificar la percepción dominante sobre ingresos, precios y actividad.

Encuesta Giacobbe 3

La imagen presidencial acompaña esa tensión. Javier Milei conserva un núcleo positivo de 34,2%, pero queda debajo de su rechazo, que llega a 55%. La serie incluida por Giacobbe permite ver que su figura ya no opera solo como identidad de cambio. También acumula el costo de la administración concreta de la crisis. Ese pasaje es clave en términos de poder: cuando el liderazgo se mide por resultados materiales, la paciencia social empieza a tener precio político.

Dentro del oficialismo, Patricia Bullrich aparece con la mejor valoración entre las figuras medidas: 38,8% de positiva, 9,9% regular y 49,5% negativa. Manuel Adorni registra 34,8% positiva, 8,7% regular y 53,6% negativa. Victoria Villarruel, en cambio, queda en 11% positiva, 25,1% regular y 57,9% negativa, con 6% que no la conoce o no contesta. La comparación marca diferencias internas en el modo en que cada actor capitaliza o absorbe el clima general.

En la oposición, Axel Kicillof alcanza 29,2% de imagen positiva, 13,2% regular y 55,8% negativa. Cristina Kirchner queda con 34,2% positiva, 9,1% regular y 55% negativa, una estructura casi idéntica a la del Presidente. Mauricio Macri registra 13,9% positiva y 62,5% negativa. Myriam Bregman aparece con 32,3% positiva, 14,2% regular y 44,9% negativa. El tablero no muestra un traslado automático del desgaste oficialista hacia una alternativa dominante. Muestra, más bien, un sistema político con rechazos altos y liderazgos bajo examen.

Encuesta Giacobbe 4

La nube de palabras sobre el principal problema de Argentina completa el cuadro. “Corrupción” aparece como la mención más destacada, seguida por términos como “Milei”, “economía”, “desempleo”, “pobreza”, “kirchnerismo”, “salarios”, “inseguridad”, “justicia” y “peronismo”. Esa dispersión señala que el malestar no se concentra en una sola dimensión. La economía ordena buena parte de la percepción, pero convive con una demanda institucional y con una lectura política de responsabilidades cruzadas.

Encuesta Giacobbe 5

La conclusión del informe, leída en clave política-económica, es que el Gobierno enfrenta una frontera de tolerancia. No alcanza con sostener identidad ni con marcar adversarios. La encuesta registra un electorado que todavía distribuye culpas, pero que ya mide resultados. Allí se juega el margen del oficialismo: si la mejora no se vuelve experiencia cotidiana, la imagen presidencial puede seguir atada al costo social de la crisis.