Mendoza sin transporte: la inseguridad deja a todos a pie
Los colectivos dejan de circular, los taxis y remises rechazan viajes, Uber, Maxxim y Cabify restringen zonas y horarios. La razón es una sola: la inseguridad descontrolada que pone en riesgo a choferes y pasajeros. En Mendoza, viajar de noche se ha convertido en una ruleta rusa donde la posibilidad de ser víctima de un robo, un ataque o incluso algo peor, está siempre latente.
La violencia en las calles y el abandono del Estado
Los hechos de inseguridad ya no son casos aislados. Recientemente, un chofer del Grupo 400 fue apuñalado en el tórax durante un intento de asalto en Godoy Cruz. ¿El Estado protegió a este trabajador? No. Tuvo que manejar herido hasta el hospital para salvar su propia vida. Mientras tanto, los choferes siguen en la mira de delincuentes que actúan con total impunidad.
Los conductores de Uber, Maxxim y Cabify tampoco están exentos de esta realidad. Cada noche, conductores son emboscados, asaltados y golpeados en zonas donde la policía brilla por su ausencia. Muchos han optado por restringir sus horarios y evitar barrios enteros, dejando a los pasajeros sin opciones de movilidad segura.
Respuesta del Gobierno: anuncios vacíos, miedo real
Mientras el Gobierno provincial promete "reforzar la seguridad", en la práctica no hay cambios reales. Patrulleros que no llegan, denuncias que no avanzan y una policía reactiva en lugar de preventiva. Los trabajadores del transporte ya no creen en discursos: están abandonados y expuestos.
Esta falta de acción genera una reacción en cadena que golpea directamente a los usuarios. Cada vez hay menos transporte nocturno, menos movilidad y más ciudadanos atrapados en la incertidumbre.
La crisis del transporte nocturno y el colapso de la economía provincial
La inseguridad no solo afecta a los choferes, también castiga a los trabajadores nocturnos. Personal gastronómico, de salud, seguridad privada, empleados de supermercados y de entretenimiento dependen del transporte público para volver a casa. Pero la falta de seguridad los deja atrapados en un dilema: arriesgarse a la calle o no poder trabajar.
El impacto económico es brutal. Restaurantes, bares, teatros y casinos pierden clientes porque la gente prefiere no salir si no tiene cómo regresar segura. Esto afecta la recaudación y pone en riesgo miles de empleos. Sin movilidad nocturna, la economía se apaga.
Basta de excusas, queremos seguridad real
No se trata de discursos ni de promesas vacías. Los trabajadores del transporte, los usuarios y la economía de Mendoza necesitan respuestas concretas. Sin seguridad no hay movilidad, sin movilidad no hay economía.
Es hora de que el Gobierno deje de mirar para otro lado y garantice medidas reales para proteger a quienes todos los días ponen el cuerpo en las calles.