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La pandemia silenciosa que afecta a los adolescentes y que crece con aval de todos

El acceso a juegos de supuesto azar, a las apuestas ilegales crece con muy poca capacidad de control. Datos que alarman, aval estatal con bajos ingresos y denuncias que se suman.
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El impacto es tan grande que se resignificó una de las palabras más virtuosas para la infancia y la adolescencia; o incluso para la vida. Jugar ya no es divertirse, ser “niño”. Es, casi por antonomasia, apostar, acceder a alguna plataforma desde el celular, poner en manos del supuesto azar y simular conocimiento, suerte y búsqueda de gratificación. Timba en su mejor expresión y al alcance de los dedos de la mano; 24 horas y sin limitaciones.

Lo dicen los ídolos de la selección argentina campeona del mundo que invitan a jugar, pero no al fútbol, y los amigos en los grupos de whatsapp. Lo promueven desde el Estado que promociona las apuestas, hasta los padres que, de manera directa o por omisión, potencian esos estímulos.

La apertura al mundo de las apuestas por dinero y sus consecuencias es una de las pandemias a las que están expuestos los niños y adolescentes hoy. El término pandemia está tomado con una licencia semántica amplia y no con precisión médica. Pero hay consenso sobre esas consecuencias por la altísima exposición, la enorme promoción, la fragilidad de los controles parentales y estatales y la gran capacidad de adaptación de una industria que gira alrededor de la fantasía de “ganar” y que tiene objetivos bien tangibles y menos sanos que el viejo término “jugar”.

No solo timba

Solo en Mendoza ya hay acumuladas 3304 hechos denunciados por juego clandestino online realizadas el año pasado. Más de 10 por día. La mayoría tiene que ver con el acceso de menores de edad a plataformas ilegales, promoción de esas actividades, páginas de redes sociales y nuevos métodos que permiten las apuestas sin regulación. El Estado local se resignó hace tiempo y se sumó a las provincias en las que se autorizó el juego online.

El principal argumento es que las apuestas igual existen y que así se permite una regulación de parte del propio Estado. Obviamente esa regulación alcanza a las páginas autorizadas, que están bajo el dominio “bet.ar”, pero no a las ilegales. Y lo que entra en el terreno gris es cuánto aumenta la promoción de las apuestas con la legalización y su efecto derrame: se promocionan las páginas legales, pero la onda expansiva también genera un impacto positivo sobre las páginas ilegales y los sistemas fuera de regulación. El bombardeo es de alcance inconmensurable.

En Mendoza hay 4 empresas que están autorizadas y los ingresos para el Estado por el pago del canon de autorización son casi irrelevantes comparado con otros rubros. En diciembre, por ejemplo, ingresaron poco menos de 78 millones de pesos por ese rubro al Instituto de Juegos y Casinos. El plus que tienen las páginas de apuestas locales es que están asociadas a permisionarios de casinos físicos, es decir a las empresas que también tienen concesiones de salas con tragamonedas reales. El argumento oficial es que ese camino se decidió cuando los casinos mendocinos tuvieron un fuerte impacto por el cierre que se produjo por la pandemia. Mendoza es desde 2003, una de las provincias que más promoción de casino hace y que más salas de juegos y tragamonedas tiene.

Las páginas habilitadas en Mendoza son Super7, Codere, Bplay y Betwarrior. Quienes advierten sobre los riesgos tienen competencia desigual en su intento de comunicación, pues desde Lionel Messi en la selección, pasando por los clubes de fútbol más importantes del mundo están del otro lado. Y la facilidad de adecuación más aún: la frase retórica “te apuesto lo que quieras”, se transformó en realidad con el mundo virtual, pues todo se puede apostar. Quién gana, quién pierde, quien hace un gol, quien saca un lateral. Si no está se inventa. Por eso, por ejemplo, crecen en los casinos online la simulación de situaciones reales (equipos ficticios) y juegos adaptados a la timba. 

En el caso de las páginas ilegales el universo parece difícil de abarcar porque si son de dominio .com, quedan más lejos del alcance. Peor aún con la triangulación y los intermediarios o "cajeros", que administran el vínculo entre el dinero que se recauda y la página donde se hacen las apuestas. Allí hay otros actores relevantes que no terminan de hacerse cargo de su rol: las plataformas de pago que permiten "acceso al mundo económico y financiero" de los niños, pero los expone con su vulnerabilidad. 

No hay azar detrás del mundo de las apuestas virtuales y los mecanismos de manipulación no se restringen a los casinos online, sino a los juegos. Allí, por ejemplo, se usan las mismas estrategias que los casinos para generar dependencia y atracción. Una de ellas es el azar disimulado. “Boxes” o cajas de sorpresa, premios aleatorios, que tienen una programación determinada para simular la sensación de ganancia. “Está totalmente tocado y estipulado por la programación para determinar cuántos y cuánto queremos que ganen o cómo llevarlo por un camino para que en algún momento ponga más plata”, explicó un programador a MDZ. En el detrás de escena, donde se planifican los juegos, hay tres definiciones de azar: el azar real, que casi no existe; el azar que el usuario construye imaginariamente y el “azar programado” por los desarrolladores; el que hace facturar. Hacer que los usuarios gasten plata es el único objetivo. Allí no se ven rostros, pero sí se evalúan perfiles. “El que gasta, que gaste más y el que no paga, hacerlo pagador. No se evalúa éticamente lo que ocurre. No ves a la persona como ser humano, sino como un número en una planilla”, agregó el especialista. “El objetivo es que la gente se entretenga lo suficiente para que no se den cuenta que le estás metiendo la mano en el bolsillo”, agrega.