El mileísmo, un proyecto que solo cabe en un departamento de dos ambientes
Javier Milei y Karina están bajo la lupa en distintos frentes.
EFELa política está en un estado de volatilidad de niveles jamás vistos. La razón, muchas veces excusa, es que "la gente quiere que acompañemos el cambio" y por eso personas que han sido votadas por un partido ahora, porque las encuestas, supuestamente, dicen que todo su público quiere que acompañe al Gobierno de Javier Milei, se quieren pasar a las fuerzas del cielo.
El debate en el PRO es permanente y, muchas veces, abstracto. Quizás en algún momento se dé cuenta que Mauricio Macri puede considerarse un dirigente pero que el resto, que pelearon por su proyecto, de a poco se han transformado en otra cosa, porque quien dirige conduce a sus votantes a un lugar, no se deja arrastrar.
La Libertad Avanza es un proyecto económico y político que solo cabe en un departamento de dos ambientes, más o menos amplios, pero justo para que convivan dos personas, Javier Milei y Karina Milei. El resto son importantes, no imprescindibles, fusibles al fin. Por eso llama la atención cómo se privilegian proyectos laborales o por cargos, apoyados siempre en la suposición que en algún momento tendrán oportunidad de opinar e incidir sobre alguna mejora o reconfiguración del proyecto al cual ahora van a ingresar.
Parecen creer que a los nuevos libertarios no le pasará lo que sufrieron los originales. No bastan ejemplos como Guillermo Ferraro, Oscar Zago, Diana Mondino, y, el jueves nomás, Ramiro Marra, que jamás dijeron nada ni pensaban nada contra el Gobierno y menos del presidente, pero terminaron expulsados por haber tenido otro punto de vista a la cada vez más poderosa Karina Milei.
La motosierra sigue activa y es el modelo de gestión que el oficialismo utilizará para ganar la elección y sentar las bases de la transformación económica y cultural. El tipo de cambio no se modificará y es muy probable que la estabilidad por años, aunque sin señales de recuperación económica salvo en nichos determinados, que en el pasado no alcanzaron para desbordar.
Diego Valenzuela fue el primero que entendió que el PRO no tiene solución para ofrecerle a un gobierno que no quiere saber nada con un "acompañamiento crítico" o socios incómodos. Para eso aceptó una foto con Sebastián Pareja, con quien tiene que coordinar todos sus pasos. Pareja es el más celoso custodio de los deseos de "El Jefe".
En las últimas horas el rumor que sacudió el ámbito político es el posible distanciamiento de Diego Santilli y sus legisladores nacionales y provinciales aliados para crear una fuerza política paralela al macrismo pero discutiendo un acuerdo político con La Libertad Avanza, ese que hoy aparece imposible que pueda suceder con el PRO liso y llano.
Desde la entraña de "El Colo" desmienten la información, pero no niegan que están abiertos a cualquier tipo de oferta que le realice el Gobierno nacional. Saben que la relación con Mauricio Macri no tiene retorno pero advierten que la jugada realizada por Valenzuela los obligó a replantearse lo que originariamente pretendían, dar el salto primeros.
"Este es un gobierno killer. Mata a quien se le pone enfrente. Te aniquila con operaciones o sacando tu pasado al primer plano", le reveló una fuente que entiende por qué motivos algunos pretenden seguir estando bien con las fuerzas del cielo. "Es que el rayo te puede llegar en cualquier momento".
Fue por ese motivo que ganó Javier Milei. Son tantos los secretos que debe guardar la clase política tradicional que se siente amenazada ante una leve brisa. Efectivamente, la calidad de vida de esa "casta" los expone demasiado ante un gobierno que gana en un relato llano y sencillo y que realza el sentimiento de venganza guardado por una sociedad que pretende que todos los que mejoraron mientras ellos empeoraron terminen perdiendo.
¿Cuánto tiempo podrán subsistir Patricia Bullrich, Valenzuela, Santilli o cualquier otro que ahora pretenda sumar su cuerpo al cambio si le impiden discutir o confrontar una idea? El tiempo lo dirá. Encima de callados, deberán cuidarse de la desconfianza de un oficialismo que todo está supeditado a lo inmediato, que se asemeja a un Drácula que vive de la sangre del otro.
Como Lole Reutemann en el pasado, Joaquín De la Torre y Ramón Lanús vieron algo que no les gustó. Por eso, y a pesar de haber sido los primeros y más fieles defensores del cambio más profundo, sin medias tintas, prefirieron armar su propio espacio hasta nuevo aviso y, el jueves, fue oficializado el ingreso como secretario de Salud Pública de San Isidro de Pablo De la Torre, el hermano de Joaquín, especialista en la materia, que fue echado sin explicaciones por la ministra Sandra Pettovello, "la muda", que jamás dio una entrevista para explicar qué pasó o qué pasa en su súper cartera de la que se fueron más de veinte funcionarios en un año.
A beneficio del mundo libertario, todo lo que se le pone enfrente desde el mundo kirchnerista carece de sentido. Se insiste con la idea de un estado presente cuando no puede garantizar lo básico y mira para otro lado mientras matan a sus pobladores.
Axel Kicillof, quien insiste en la obra pública, no se da cuenta que debe privilegiar los escasos recursos con los que lo dejaron sus propios aliados para mejorar la Seguridad, la salud y la educación pública, en la que los chicos cuyos padres quieren que estudien prefieren atarse aún más el cinturón de su economía personal.
En las redes y en las mesas de café, con distintos modos y estilos, la discusión ya está lanzada. ¿Es una reedición del kirchnerismo que se creyó que podía ir por todo? ¿Es el autoritarismo y el pensamiento único la única manera que se pueda ejecutar un proyecto en condiciones de ejecutar algo? Las respuestas son asombrosas y contradictorias a la vez.
"Macri escuchaba a lo radicales y a Lilita que lo mataban por todos lados e igual los mantenía adentro… Si los echaba el primer día hubiera ejecutado su plan y ganado en 2019", tira el primero. "¿Fue eso o fracasó por no incorporarlos como correspondía, tenerlos a todos como empleados a distancia y sin abrazar a los que venían a querer darle una mano, como lo hizo el peronismo dialoguista?", disparó otro comensal. Como respuesta, desde atrás, de una mesa vecina, alguien tiró "Menem lo hizo". Claro. Juntó a todos, les dio algo, los hizo sentir valiosos.
Desde otro extremo, Néstor Kirchner, también, aunque la concertación plural de los que opinaban igual terminó en la catástrofe de la foto de los tres monos, que no hablan, ni escuchan ni ven.