Las formas que Mauricio Macri no puede cambiar y que Milei no puede aceptar
Mauricio Macri siempre fue jefe. Y así se mueve con habitualidad. En la política, en las empresas, en su vida cotidiana, lo que él dice se debe hacer. Hasta cuando juega al fútbol cree que nadie lo hace mejor que él y rezonga cuando no se la dan al pie.
“Al pie”, le grita a su compañero de equipo cuando se la tira al espacio, aunque sea en una cancha de fútbol 5. Así se mueve, así se desenvuelve, así lo cree. “Mauricio es jefe… Nació así, y salvo su padre que lo provocaba siempre, nadie más pudo tener esa posibilidad”, le explica a MDZ un amigo de mucho tiempo que hoy tiene las relaciones con los libertarios como mayor prioridad.
Por esta forma de ver y sentir, que por supuesto contiene pocos rasgos afectuosos o de respeto, más allá de los estrictamente necesarios, no cayó nada bien que apenas Javier Milei se impuso en el balotaje el expresidente fuera al centro de campaña del hotel Libertador como dueño del poder en la misma medida que el jefe de Estado electo.
Esa sensación de que “no se dio cuenta que perdió”, y menos aún que la fórmula presidencial que él apoyo en la interna lo dejó solo a minutos de conocerse el resultado de la segunda vuelta, asombraba a los pocos colaboradores de Milei, que lo escuchaban proponiendo funcionarios y repartiendo cargos.
“Nos decía qué hacer como si fuera jefe”, fue la primera expresión de uno de los funcionarios claves del actual gobierno. “Lo escuchábamos pero no podíamos creer que nos dijera a quién debíamos poner en cada lugar”, recuerda siempre. Esa forma de relacionarse no cambió a pesar que ya pasaron trece meses del balotaje y catorce de la que, se reitera, la dupla que Macri prefirió, Patricia Bullrich–Luis Petri, saliera tercera, a más de diez puntos de Sergio Massa.
Son aquellos actores políticos mileístas, aconsejados e informados por quienes son los “salieres” de la mayoría de las campañas diseñadas por Jaime Durán Barba como Rodrigo Lugones, Tomás Vidal, Guillermo Garat, Derek Humpton y, por supuesto, el hoy súper poderoso Santiago Caputo, el asesor sin firma que digita la mayoría de las decisiones políticas del oficialismo, los que tienen una información privilegiada porque conocen los movimientos, las jugadas y los secretos del macrismo y de los demás sectores políticos.
Hace una semana, en una entrevista televisiva, Lilia Lemoine se quejaba que la vicepresidenta Victoria Villarruel tenía como asesores personales a personas que trabajan con otros candidatos lejanos al oficialismo. "¿Y Milei con Caputo?", le preguntó este periodista, provocando una sonrisa de sorprendida a la entrevistada, quien prefirió aducir desconocimiento de ese tema puntual.
Pero son estos asesores los que tienen tanto conocimiento de los rivales que saben cómo jugar y hasta dónde pueden seguir tirando de las cuerdas. “El PRO se convirtió en un partido de Estado, lo que se dice 'casta', entonces, es fácil apretar por que el miedo los paraliza”. Con esta lógica, es muy poco probable que realicen un acuerdo político como lo pretende el macrismo.

“Es más. Por ahora, no hay nada. Javier lo quiere y lo respeta, pero después son Karina (Milei) y Santiago (Caputo) los que definen”, le confesó a MDZ uno de los que convive con el área de toma de decisiones. Y ni El Jefe ni el súper asesor tienen deseo de negociar. Lo más parecido a un acuerdo sería darle lo correspondiente a una minoría. El 25% de la lista”, le dijo Sebastián Pareja a uno de sus coordinadores regionales días atrás.
Si bien Pareja no está en la foto en la que se ven a la hermana presidencial y a Martín Menem convocando al acto de Mar del Plata este lunes 13, es uno de los referentes de más confianza de este dúo. Todos le reconocen no haber “vendido la elección” como le espetó en la cara Macri el sábado antes del balotaje. Esas cosas nunca se olvidan. Mientras Pareja se quedó, Carlos Kicuchi, Carolina Píparo y los primeros armadores del espacio, de la corriente Rojo Punzó, ya habían dado las hurras y cerrado con el massismo.
Por eso, en la Casa Rosada y en Olivos no tienen ningún apuro por definir una alianza con el PRO. Si bien primero tomaron muy gustosamente el primer mensaje en X de Mauricio Macri luego que Milei le dijera a Luis Majul que él quería un pacto con su espacio político, el humor luego cambió. “El X de 'querido Javier' estuvo muy bueno y nos sorprendió gratamente… Pero luego que apareció el segundo, proponiendo un equipo de trabajo para convalidar el acuerdo, se fue de largo…”, le dijo a este cronista la misma fuente del oficialismo.
Es la idea del oficialismo que la boleta, en la parte de sus candidatos, sea toda violeta y sólo tenga el nombre de La Libertad Avanza. Ni PRO ni nada que pueda significar una alianza electoral. Eso marcaría el fin del partido de Macri o su no participación luego de casi dos décadas. Lugones, Caputo y compañía están haciendo lo mismo que Néstor Kirchner hizo con Eduardo Duhalde quien, enojado porque desconocieron su apoyo, decidió romper con el entonces presidente de la Nación y, en las urnas, recibió una dura paliza.
Ese recuerdo está cerca. Palpable, aunque los tiempos son diferentes y los que todos los días escanean a quienes tienen un porcentaje de “casta en sangre”, pueden correr el riesgo de terminar siendo eso lo que quieren combatir al recibir a la mayoría de burócratas legislativos y territoriales de los cuales pocos se acuerdan por qué motivo aún están ahí.


