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Cristina, Firmenich y la interna: los peligros que Milei debería conocer

El kirchnerismo busca protagonismo económico. La expresidente necesita aire para su interna con gobernadores, incluido Kicillof. Milei parece hacerle el favor. Aparecen personajes extraños.
Foto: Foto: Juan Mateo Aberastain/ MDZ
Foto: Foto: Juan Mateo Aberastain/ MDZ

Mario Firmenich es un asesino condenado. Varias generaciones de argentinos ni siquiera pueden reconocer su nombre y quizás ese sea el mayor peligro que reviste su nuevo intento de reaparición en la vida pública. El exjefe de Montoneros por estos días hizo una convocatoria en video desde su cómoda existencia en España para salir a confrontar con Victoria Villarruel, que pide juzgar al terrorismo que cometió crímenes en los ’70 y a los que el kirchnerismo romantizó en un uso político clásico para esa rama del peronismo. Algunos puntos de esa historia hoy pueden resultar peligrosos si no hay memoria.

Vale la pena recordar que Firmenich pudo vivir su vida en libertad y paseándose por el mundo dando clases y asesorando gobiernos gracias a que fue indultado en 1990 por Carlos Menem, beneficio que les llegó también a Fernando Vaca Narvaja y Roberto Perdía, también líderes de Montoneros directamente responsables de secuestros, asesinatos y atentados en toda la década del ’70.  

En este caso, como también con muchos otros condenados por delitos de lesa humanidad habiendo ejercido terrorismo de Estado durante la dictadura, no hubo ausencia de Justicia para castigar los delitos, sino una decisión política del peronismo, en ese momento encarnado por Menem, para que quedaran impunes y en libertad bajo el falso pretexto de la pacificación nacional.

En 1976, Argentina ingresó en la era más oscura de su historia. Hacía poco más de un año que el Estado de derecho venía siendo violado de la mano del Gobierno constitucional que encabezaba Isabel Martínez de Perón tras haber firmado ella e Ítalo Luder los decretos de “aniquilamiento” del accionar de la subversión. El peronismo iniciaba así el Operativo Independencia que tenía como objetivo el combate contra el terrorismo centralmente en Tucumán. Con el golpe encabezado por Jorge Rafael Videla en marzo del ’76, Firmenich junto a parte de la cúpula de Montoneros, que había pasado a la clandestinidad cuando aún vivía Juan Domingo Perón, decidieron salir de la Argentina.

Mario Firmenich reapareció para contestarle a Victoria Villarruel

El país se desangraba en medio de una lucha agónica (y para entonces ya en su fase final) entre dos demonios con la inmensa mayoría de los argentinos en el medio y sin adherir a ninguna de esas posiciones. El mundo por entonces preguntaba si Argentina se identificaba con Jorge Rafael Videla o Mario Firmenich, las dos caras de ese desastre. Millones de argentinos podían responder que con ninguno de los dos, pero la violencia y el miedo ganaban las calles.

En 1984, Firmenich fue detenido en Brasil y extraditado. El Gobierno de Raúl Alfonsín impulsó el juzgamiento de las juntas militares por la desaparición, tortura y asesinato de miles de argentinos y también de los responsables de los secuestros, atentados y muertes cometidas por Montoneros y el ERP durante la lucha armada. Son los mismos delitos que hoy Villarruel pide que se juzguen.

Hubo justicia pero la política metió la mano. Firmenich, Vaca Narvaja y Perdía fueron condenados a 30 años de prisión por asesinato y secuestro. En varios reportajes, reuniones privadas y relatos históricos terminaron vanagloriándose de muchos de los hechos que les imputaron. El 29 de diciembre de 1990, Carlos Menem terminó incluyéndolos en un segundo decreto de indulto. Firmenich se dedicó entonces a estudiar Economía y de ahí partió a vivir su vida en libertad en el mundo después de haber sido uno de los máximos responsables de la tragedia argentina.

También se responsabiliza a Firmenich en otra causa por los efectos de la llamada “Contraofensiva” de 1979. En ese año Montoneros ordenó a muchos de sus combatientes exiliados por todo el mundo que regresaran a la Argentina para una batalla definitiva contra la dictadura militar. Casi todos fueron masacrados ni bien llegaron al país. Detrás estuvieron las negociaciones que la propia cúpula de Montoneros mantuvo en París en el llamado “Centro piloto”, donde se encontraban con delegados de Emilio Massera, jefe de la Armada y responsable de gran parte de las desapariciones, torturas en la ESMA y asesinatos durante la dictadura. Hay relatos que hablan de una reunión directamente entre ambos allí, pero nunca fueron confirmados. Para muchos los líderes de Montoneros entregaron allí a sus propios militantes en un cierre de acuerdo final con los militares. Todo era parte de un delirante intento de Massera por lavarle la cara sangrienta a la dictadura y presentarse como candidato presidencial. También de eso quedó impune.

Desde su exilio dorado en Europa, mientras da charlas en universidades y asesora al Gobierno del dictador nicaragüense Daniel Ortega, Firmenich vuelve del pasado y reaparece ahora para contestarle a Villarruel y llamando a “desarrollar una alternativa política popular de significación” de Montoneros. Argentina, que tiene una larga historia de empecinamientos en repetir errores, vuelve a mirar ahora como el indultado por el peronismo Firmenich llama a revisar las chances o no de repetir fenómenos como la violencia de los ’70. Y lo hace en momentos en que aparecen debates de todo tipo en la realidad argentina, incluido un atentado al presidente de la Sociedad Rural Argentina, Nicolás Pino, por ahora con un detenido investigado pero rodeado de infinitas dudas y temores.

Mientras Firmenich y algunos extraños personajes se cuelan en la realidad de cada día de los argentinos, otras peleas también suman a la confusión general. Cristina Fernández de Kirchner necesita que alguien se pelee con ella. La desquiciada interna del peronismo la deja de lado demasiado rápido y la expresidente reacciona; tiene el activo de no tener delante ningún oponente identificable para liderar el desarmado PJ. Para muestra basta recordar que esta semana el riojano Ricardo Quintela, que paga sueldos en su provincia con “Chachos” , la cuasimoneda que lanzó este año, se autoproclamó asegurando que puede ser presidente del peronismo.

En ese desbande, Cristina Fernández de Kirchner sí tiene enfrente a la liga de gobernadores que, como a principios del 2019, no están dispuestos a volverle a ceder el derecho de liderar. De todas formas, tratándose del peronismo y su histórica plasticidad para armar unidades en busca del poder, hay que recordar que también ese año y tras negarle hasta el saludo, los gobernadores terminaron sumándose a la convocatoria de Cristina para hacer presidente a Alberto Fernández junto a Sergio Massa, quien también se olvidó de un zarpazo de todas sus acusaciones a la expresidente.

Esa necesidad de Cristina involucra también la pelea del kirchnerismo en la provincia de Buenos Aires, donde Axel Kicillof le hace frente hace rato a La Cámpora. Basta observar los movimientos de esta semana para detectar la explosión en marcha. Jorge Ferraresi y Mayra Mendoza se tiran misiles en público sin demasiado disimulo. Kicillof, ninguneado por La Cámpora, arma estructura propia y aunque Cristina pida orden no parece tener mucho eco. Menos cuando sus decisiones estratégicas rompen con las pretensiones de todos.

El kirchnerismo tiene por delante, inclusive, batallas impensadas en otro momento. El Consejo Federal de Inversiones ha sido siempre un núcleo de poder de los gobernadores. Poder político y económico que, además, es un centro siempre proclive a prohijar conspiraciones de gobernadores contra el poder central y sin diferenciar quien sea el presidente de turno.

El CFI ahora tiene que renovar autoridades. El presidente hoy es Ignacio Lamothe, camporista que responde a Wado de Pedro. Maneja, por aportes de provincias y financiamiento derivado, una caja de $ 170.000 millones. Del control del CFI depende, además de sus objetivos técnicos en materia de inversión, el armado de reuniones, convocatorias, cumbres y deliberaciones de gobernadores. Es el lugar, inclusive físicamente en la sede de San Martín 871 en el centro porteño, donde se suelen terminar las posturas más duras de los gobernadores a la hora de presionar a la Casa Rosada.

El peronismo-kirchnerismo corre peligro ahora de perder el control. Los gobernadores del ex Juntos por el Cambio piden pista y presentan candidato. El chubutense Nacho Torres lidera la partida y ya existe candidato alternativo: Gastón Douek, que tiene amplia experiencia en Argentina y el mundo en materia de comunicación y redes. Todo un símbolo de los nuevos tiempos.

Cristina se mete entonces en la puja económica. Necesita que alguien se pelee con ella para aparecer en escena en medio del “cabaret” peronista. Curiosamente, Javier Milei parece estar dispuesto a hacerle el mismo favor que ya le hizo Mauricio Macri cuando fue presidente. El poder parece no recordar la historia fallida de esa estrategia de considerar rentable mantener arriba del ring a quienes consideran con la carrera terminada. Lo hizo Macri con el kirchnerismo y se equivocó de cabo a rabo. Milei corre el mismo peligro y más cuando le acepta a Cristina un lugar para la pelea por la economía.

La opinión de Cristina Fernández de Kirchner sobre la economía no es algo que esté en discusión entre el público de a pie, aunque siempre existe la chance de comparar la situación del bolsillo en diferentes épocas, sobre todo si el ajuste se alarga y la paciencia empieza a escasear. Ese es el terreno que recorre Cristina aunque la realidad indique que no hay nada que revindicar de la economía de la era kirchnerista y menos de la de su último Gobierno con Alberto Fernández a la cabeza. Las confusiones y debilidades siempre son un peligro para la historia argentina.