Los militares lo esperaban con expectativas, pero Milei los dejó con promesas
El escenario de saneamiento presupuestario fue el argumento de hierro que Javier Milei, en el rol de comandante en jefe de las FFAA, tomó para centrar sus palabras en oportunidad de la tradicional reunión de camaradería con las Fuerzas Armadas.
Había expectativa por anuncios vinculados a la adecuación del haber castrense con el de sus pares de las fuerzas de seguridad.
El frente militar tendrá que esperar.
La brecha con pares de Gendarmería, Prefectura o Policía Federal es significativa en la jerarquía de cabo primero, 27 por ciento y en el cuadro de oficiales, el mayor de Ejército y equivalentes de las otras fuerzas, 36 por ciento mientras que en el grado de suboficial mayor alcanza el 12 y en el de general de brigada el desfasaje es de 17 por ciento, son datos estadísticos internos tomados a valores del mes de junio entre haberes castrenses y de seguridad.
“Estoy sentado en un volcán”, palabras más o menos fue la respuesta que dio el ministro de Economía Luis Caputo al tocayo de Defensa, Luis Petri, cuando lo consultó a mediados de año sobre la adecuación salarial que coloque a los militares en un nivel no menor que el de las Fuerzas de Seguridad.
Aquella descripción está en vías de modificarse por paulatina mejora de expectativas, el cumplimiento de no emitir para cubrir déficits del estado y la tenacidad del titular de Defensa en una misión de combate: convencer al Presidente que no sólo de aviones caza de 4° generación actualizados se nutre la vocación del militar.
Milei se comprometió con Petri a dar una respuesta antes del 31 de diciembre, palabras que el ministro trasladó a los 4 jefes y la consigna ahora llegó a todos los uniformados de boca del propio presidente.
“Ustedes también fueron víctimas de una estafa cuando les prometieron beneficios futuros que se sabía de antemano que no se podían cumplir”, dijo Milei en referencia al plan de jerarquización del gobierno anterior.
“Nosotros hemos asumido un compromiso inquebrantable con el equilibrio fiscal y con erradicar la inflación”. “No vamos a desconocer la deuda histórica con nuestras fuerzas y vamos a hacer el mayor de los esfuerzos posibles para ir recomponiendo su salario a medida que vayamos estabilizando la situación económica”. “Lo vamos a hacer con recursos genuinos no imprimiendo, emitiendo dinero que es como se hacía en el pasado porque pagar las cuentas con emisión monetaria es ponerles plata en un bolsillo para robarles en el otro”.
El plan de equiparación comenzó en el gobierno de Alberto Fernández. Se lo calificó de “plan platita” en búsqueda de votos, aunque no lo fue, pero la retórica política así lo interpretó.
El desmadre de la economía gestionada por Sergio Massa y la bomba inflacionaria derritieron la equiparación del plan que había comenzado a aplicarse en marzo, julio y noviembre de 2023.
El salón San Martín previsto para el discurso de estilo y luego el Belgrano para el ágape fueron ambientes controlados de pocas cámaras y periodistas; sólo los de las Fuerzas del Cielo.
Ordenes de “el Jefe”, Karina Milei, la secretaria general de la presidencia que facilitaron al hermano presidente interpretar el papel de máxima autoridad militar sin perturbaciones.
La Casa Rosada se aseguró la mayor audiencia militar, las fuerzas emitieron mensajes internos alimentando expectativas quizá demasiado para un mensaje de pura y cruda realidad.
Se cita por caso, el del Subjefe del Ejército, general de brigada Carlos Carugno fechado sic 140852AGO24 que dice: “Los señores comandantes y jefes se servirán ordenar la reunión de la totalidad del personal de oficiales y de una representación de diferentes grados de la jerarquía de suboficiales para recibir el mensaje del señor Presidente en forma centralizada en sus elementos”. Y da el link de la plataforma digital de emisión, la Oficina del Presidente.
Las formas cuentan. La promesa de pago del presidente se dio a conocer en una versión libertaria de la tradicional Cena de Camaradería de las Fuerzas Armadas que mutó en coctel de parado.
Atrás quedaron las rondas de degustación que siempre se hicieron para elegir el menú de la cena y los vinos de maridaje.
El coctel arrancó con bandejeo frio, pinchos caprese con emulsión de aceto balsámico, shots de pera caramelizada con nubes de roquefort, fingers de miga blanca y negra surtidas, minicroissant de pavita, chips de jamón crudo tomate y rúcula, una mesa de quesos y fiambres y luego se pasó a la recepción caliente, minibrochettes de salchicha de campo y tomate confitado, empanadas de copetín, tatin de tomate baby con emulsión de albahaca, mini fatay al limonetto y la infaltable pata de ternera flambeada y fileteada a la vista con pancitos saborizados y variedad de dips.