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Petróleo, inflación y Adorni: las presiones que atiende Javier Milei esta semana

La guerra con Irán, el costo electoral que enfrenta Donald Trump y una economía local que aun no ofrece alivio. Javier Milei sale a mostrar aliados externos.

Javier Milei mantiene dos días de múltiples actividades en Israel

Javier Milei mantiene dos días de múltiples actividades en Israel

EFE

Sin tregua afuera, sin alivio adentro

Hay una secuencia que ordena el momento. Afuera, la guerra con Irán no encuentra una salida. Adentro, la economía no logra llevar calma y la política tampoco consigue bajar el nivel de conflicto. En el medio, Javier Milei viaja a Israel para reforzar una alianza central de su gobierno. El problema no es el viaje. El problema es el contexto en el que ocurre y lo que ese contexto revela.

La escena internacional dejó de ser un telón de fondo. Pasó a ser un factor con efectos concretos sobre la política, los precios y las decisiones. Las amenazas entre el régimen iraní y Donald Trump se multiplican. Las treguas que se anuncian desde Washington duran poco. Todo aparece sometido a un equilibrio frágil. Trump buscó recuperar control con una jugada precisa: anunció un acuerdo para destrabar la circulación en el estrecho de Ormuz. El efecto fue inmediato sobre el petróleo. El barril del WTI bajó de US$ 106 a US$ 83. Los republicanos respiraron.

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Ese alivio mostró el verdadero centro del problema para Trump. Esta guerra dejó de ser, para él, un asunto de política exterior en sentido clásico. Se convirtió en un tema económico. Con una inflación anual de 3,3 %, con bolsillos que reclaman respuestas y con una Reserva Federal que avisa que no bajará la tasa, la Casa Blanca enfrenta el peor marco para atravesar una campaña legislativa. No hay margen para errores cuando el precio de la energía amenaza con trasladarse al humor social y luego a las urnas. Ahí está la clave. La guerra, en este punto, no se mide solo por su costo militar o diplomático. Se mide por su impacto sobre el precio de vida.

Ese dato importa en la Argentina por dos razones. La primera, obvia: la presión internacional sobre energía y combustibles puede complicar una inflación que ya no baja al ritmo que el Gobierno necesita. La segunda, menos obvia pero más importante: Milei eligió anclar parte de su construcción externa en una alianza con Israel y en una sintonía con Trump, justo cuando ambos tableros muestran fisuras, desgaste y límites.

Israel como señal y como apuesta

Milei llega a Israel en su tercer viaje. No es una escala más en sus viajes sino un destino clave. Los gestos mutuos seguirán en el futuro con la inauguración del vuelo entre Buenos Aires y Tel Aviv y luego con la inauguración de la sede de la embajada argentina en Jerusalem. Son decisiones pensadas para consolidar una relación prioritaria.

La oportunidad del gesto choca con la oportunidad del momento. Milei llega hoy con un gobierno de Benjamín Netanyahu atravesado por una crisis interna y cuestionado por muchos ciudadanos de ese país por haber aceptado, bajo presión de Trump, una tregua. Israel logró una pausa con el Líbano, pero bajo fuego, para negociar un desarme de Hezbollah que aparece casi fuera de alcance. Las poblaciones del norte siguen a merced de misiles que demoran segundos entre el disparo y el impacto. No hay normalidad, hay mera administración de riesgo.

Ese punto también importa. Porque lo que hoy ocurre en Medio Oriente no muestra resolución. Trump dice que negocia con Irán y logra no solo una tregua sino tambien garantías de Teherán para que no se vuelva a bloquear el paso de buques petroleros por el estrecho de Ormuz.

Esos anuncios chocan sistemáticamente con la realidad evidente de un no cumplimiento por parte de Teherán. Trump necesita desesperadamente que la paz llegue y el petroleo baje. Se lo exige el mundo, pero sobre todo tambien los votantes estadounidenses. Irán, mientras tanto, no cambia su objetivo de destruir al Estado de Israel y mucho menos acepta dar marcha atrás su programa de enriquecimiento de uranio con fines militares.

La política local tampoco muestra una salida

La falta de resolución no es patrimonio de Medio Oriente. También en la Argentina los conflictos se amontonan y las salidas se demoran. El Congreso ofrece un ejemplo. Manuel Adorni deberá ir en una semana, al menos por ahora, a dar su informe como Jefe de Gabinete. Martín Menem recomendó “comprar pochoclo” para ver esa sesión. La frase buscó instalar un clima, pero debajo del comentario aparece otra cosa: preocupación.

La oposición no está segura de que los ataques contra Adorni le resulten políticamente rentables. Ese dato dice mucho. No hay un bloque que pueda exhibirse inmune: en materia de corrupción son pocos los que se salvan en Argentina. Entonces el Congreso no aparece como escenario de claridad moral ni de ventaja limpia para nadie. Aparece como una vidriera donde todos calculan costos antes de hablar. Cuando ocurre eso, la confrontación pierde potencia discursiva y gana espesor defensivo.

Ese clima conecta con otro expediente sensible: la causa sobre la AFA. La Justicia avanza, aunque no está claro a qué velocidad ni con qué resultado. El pedido de detención de Tapia y Toviggino podría revelar nuevos movimientos financieros y patrimoniales. En el dictamen del fiscal Pedro Simón apareció además un dato de peso: empresas vinculadas al tesorero de la AFA giraron US$ 650 mil a TourProdEnter de Javier Faroni. Y varias de esas firmas registraron en estos años aumentos de capital que van del 22 mil al 116.552 %, con 35 inmuebles y 145 autos.

Acá también importa menos la anécdota que la señal. Cuando la política, el deporte y la Justicia quedan atados por dinero, patrimonio y expedientes, lo que se erosiona no es solo la imagen de un sector. Se erosiona la idea de control. Y cuando esto se debilita cualquier gobierno pierde capacidad para ordenar la conversación pública. Todo se vuelve sospecha, cálculo y espera.

La economía espera

En ese cuadro, la economía sigue sin ofrecer una salida nítida. La semana pasada se conoció el 3,4 % de inflación de marzo. Después llegó la inflación mayorista en un nivel similar. Pero el dato que más pesa es otro: la inflación núcleo, sin precios regulados ni estacionales, fue de 3,2 %. Ahí no incide como en el número general la guerra con Irán ni la presión del petróleo y las naftas. Ahí lo que aparece es el corazón del problema.

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Ese número dice que la inercia sigue viva. Y dice además que la meta política de mostrar un cero adelante del número de inflación en agosto hoy aparece lejos. Luis Caputo avisó que en abril la presión inflacionaria bajará. El ministro trajo además un dato favorable desde Washington: un abrazo con Kristalina Georgieva y el desembolso esperado de US$ 1003 millones. Es un buen dato, pero solo será suficiente si la economía de los bolsillos empieza a mostrar mejora.

Ese es el punto de quiebre. La macro puede sumar señales de respaldo, el Gobierno puede exhibir vínculos, desembolsos y alineamientos, pero mientras consumo y producción no den buenas señales, la percepción social no cambia. El propio Milei lo dijo: el dato de marzo fue horrible. Reconocer el problema es un paso a favor.

Los límites de esta semana

El oficialismo enfrenta así una tensión de fondo. Busca construir fortaleza con gestos externos, respaldo financiero y confrontación política. Pero la sociedad mide otra cosa. Mide precios. Mide consumo. Mide producción. Mide si la calma prometida llega o no llega. Y hoy esa calma no aparece.

Por eso el viaje a Israel, el desembolso en Washington, la sesión en el Congreso, la causa de la AFA y la inflación no son hechos aislados. Forman una misma trama. Todos exponen una dificultad central: el poder todavía no logra transformar señales en alivio. Afuera no hay tregua firme. Adentro tampoco.

Ese es el dato del presente. El mundo está en vilo. La Argentina parece más calma. Pero esa calma tiene un límite. Cuando la guerra altera precios, la política no ordena y la Justicia abre frentes sobre estructuras de poder, la estabilidad deja de ser una certeza y pasa a ser una apuesta. Y las apuestas, en política y en economía, duran hasta que aparece la primera factura.