Boleta única ya
En el proyecto de Ley Bases presentado oportunamente por el Poder Ejecutivo había originalmente iniciativas en materia electoral. La que sin dudas en su hora despertó mayores controversias es la que establece un sistema electoral de circunscripciones uninominales, una cuestión sorpresiva porque no había sido anunciada en el programa del candidato electo y, si bien pueden predicarse de este régimen algunas ventajas, también tiene aspectos negativos que merecerían una cuidadosa consideración. Menos polémica, aunque igualmente sea siempre objeto de discusiones, es la pretensión de suprimir las Paso, con la que concuerdo. Finalmente, se proyectaba la sustitución del actual sistema de boletas por partido por una boleta única. En esto, hay un amplio consenso en el que podemos llamar el campo republicano.
Desde hace mucho tiempo considero que es urgente e imprescindible esta reforma. En 2021, cuando era diputado nacional, presenté un proyecto de ley para que se la incorporara.
La boleta única tiene muchas ventajas y no tiene contraindicaciones (por lo menos, que se puedan defender públicamente). Con el sistema actual, son los partidos políticos o alianzas electorales que compiten en las elecciones los que se encargan de imprimir y proveer las boletas que los identifican. También se encargan de controlar que no falten en cada mesa electoral y de reponerlas durante la jornada de los comicios. Eso les otorga una ventaja a las fuerzas políticas más grandes y de mayor arraigo y tradición, ya que las más nuevas y chicas no suelen disponer de personas en cantidad suficiente para realizar esas tareas de control y reposición. Si se producen sustracciones de boletas, es probable que no puedan reparar ese daño. Así, se ven sometidas a una desprotección total, lo que hace que el elector, en muchas oportunidades, se vea privado de poder depositar su voto por los candidatos de su preferencia.
A ese argumento fundamental hay que agregarle uno teóricamente menos importante, pero que cobra relevancia en estos tiempos en los que “no hay plata”: evita la impresión de millones de boletas de cada uno de los partidos que participan en las elecciones, lo que reduce largamente el costo que ellas tienen.
Transparencia, eficiencia e igualdad son los objetivos centrales de la boleta única
Hay consenso entre los partidos republicanos en adoptar este instrumento, cuyas ventajas superan notablemente cualquier clase de objeción que se le pueda realizar. Más aún, las experiencias satisfactorias de las provincias de Santa Fe —cuya ley electoral constituyó oportunamente el fundamento de mi propuesta— y de Córdoba, cada una con modalidades distintas, aunque similares en su núcleo conceptual, revelan la necesidad de avanzar con esta importante herramienta. Hace dos años la provincia de Mendoza, cuya tradición institucionalista y reacia a las prácticas caudillistas y clientelares debería constituir un ejemplo para todo el país, aprobó la boleta única y la ficha limpia, otra iniciativa que impulsé durante mi mandato como diputado nacional.
El kirchnerismo ha sido siempre renuente a aprobar este sistema. No ha logrado, sin embargo, expresar ningún argumento serio para su oposición, lo que prueba que el único que tiene es mantener la vigencia de una modalidad que le facilita la realización de trampas para desnaturalizar la voluntad popular.
El kirchnerismo ha sido siempre renuente a aprobar este sistema
La gran mayoría de la sociedad está reclamando cambios profundos. Para que la democracia sea cada vez más sólida y legítima, debemos extremar los recaudos que aseguren desde su origen que la voluntad del pueblo se exprese con plenitud y que sus representantes estén investidos de títulos obtenidos en buena ley. Es imprescindible recrear la confianza social en las instituciones democráticas. La boleta única puede parecer un tema menor ante la magnitud de las reformas que debemos encarar, pero contribuirá a sanear las prácticas políticas y a edificar una República de ciudadanos, no de corporaciones.
Este es un tema, además, que por su amplio consenso social y político podría ser aprobado rápidamente. No me gusta usar la palabra “casta”, porque tiende a deslegitimar al otro y obtura desde el inicio todo debate racional, pero si hay algo que puede asimilarse a esa idea es el sistema de boletas actuales, que favorece a los aparatos partidarios y puede enturbiar la libre expresión de los ciudadanos. Pero precisamente para alcanzar ese resultado “anticasta” es necesario dejar de lado ciertos aspectos publicitarios de ese discurso que distingue entre réprobos y elegidos, y dialogar entre todos los sectores para llegar a un consenso sobre una cuestión que debería superar los naturales antagonismos políticos. La gran mayoría de la sociedad está reclamando cambios profundos.
* Dr. Jorge R. Enríquez, exdiputado nacional – Presidente de la Asociación Civil JUSTA CAUSA
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