El increíble desconocimiento que tiene Karina Milei sobre lo que sucede debajo de su armado político
Seguramente Javier Milei no sabe qué pasa fuera de su propia burbuja. Así lo dispuso cuando fue candidato, donde la mayoría de los dirigentes que lo siguieron y fueron sus candidatos casi no pudieron tener contactos con él. Inclusive el recientemente echado secretario de Bioeconomía (Agricultura) de la Nación, Marcelo Vilella, aseguró que durante los ocho meses que tuvo como funcionario, sólo se cruzó con el presidente de la Nación en una sola oportunidad.
¿Sabrá lo que pasa más allá de sus relaciones con los hombres más ricos del planeta, el “coloso” Federico Sturzenegger y el “mejor ministro de todos los tiempos” como calificó a Luis Caputo? ¿Su hermana Karina Milei o el consejero de ambos, Santiago Caputo, le contará lo que pasa más allá de la General Paz o por fuera de la relación con el PRO y algunos otros dirigentes políticos? Nadie lo sabe.
Periodistas que lo frecuentan y chatean con Milei creen que tanto “el jefe” como “el mago del Kremlin” le ocultan cosas. Alguno de sus amigos, corrido desde que llegó a la Presidencia de la Nación, también coinciden con ellos. Al parecer, muchos de los problemas de la gestión y su desconexión con aquellos que quieren que al Gobierno le vaya bien no radicaba en el eyectado Nicolás Posse, ex jefe de gabinete de la Nación.
De pronto, la vicepresidente Victoria Villarruel, mucho más atenta que su compañero de fórmula en todo lo que tiene que ver con la política, se dio cuenta que las listas que armaron en la Provincia de Buenos Aires está llena de “traidores” que no cumplieron con el mandato popular. Lo hizo luego de que ocho de los legisladores provinciales que ingresaron en la primera vuelta -cuando se eligieron los candidatos a diputado y senador- votaran en favor de la creación de una empresa estatal con participación privada para atender las emergencias médicas bonaerenses.
En diputados hay cuatro bloques diferentes, dos de los cuales son conformados por un solo legislador. En el Senado de la Provincia de Buenos Aires, en cambio, la situación es más equilibrada pero también artificial. Carlos Curistis, quien reemplazó a Sebastián Pareja cuando este asumió en la Secretaría de Intervención Socio Urbana (SISU), está secundado por Florencia Arietto (que del massismo pasó al bullrichismo, luego a trabajar con Diego Santilli y Rodríguez Larreta y terminó con las fuerzas del cielo) y Joaquín De la Torre, que aún no rompió con ellos pero ya no se siente parte de ese proceso político.
En frente están el ultra liberal y siempre aliado de Domingo Cavallo, Carlos Kikuchi, jefe político de Pareja en la campaña de 2023, y los senadores Silvana Ventura y Sergio Vargas. Además, hay un tercer monobloque, integrado por Betina Riva.
Esa desintegración nació en la previa, cuando los libertarios que financiaban a Javier Milei no pudieron armar listas en Misiones, Santa Cruz, La Pampa y Santiago del Estero. Si bien acá hubo impericia o pactos preexistentes, también influyeron las diferentes instancias judiciales, cooptadas habitualmente por los oficialismos locales.
La cruda verdad es que nadie que participara de la política o tuviera una agrupación de importancia le cerraba del todo los tratos libertarios. Quienes hablaban con Kikuchi y Pareja en la Provincia de Buenos Aires siempre topaban con el inconveniente de la inestabilidad emocional que observaban en Milei o la impericia de su hermana, Karina. Entonces, los armadores debían conseguir, primero, un partido que les permitiera competir electoralmente y, luego, conseguir gente para poner en esas listas.
Entonces, en casi dos tercios de los distritos de la Provincia, los “libertarios” fueron en busca de la política que siempre era rechazada por impresentables en el resto de las fuerzas. Ahí aparecieron, siempre prestos, los intendentes del peronismo y el propio Sergio Massa para acomodar a la gente que no podía ingresar, por cuestión de que las vacantes se habían cerrado, en Unión por la Patria. Fue casi un calco de lo que sucedió en 2009, cuando Francisco De Narváez se había llevado todo lo que no entraba en el Frente para la Victoria.
En el caso de las gestiones del PRO, los intendentes directamente no la vieron. Es que, claramente, la competencia era contra el partido que creó Mauricio Macri. El relato, para la gente de a pie, era el del cambio, y no observaron que había una diferencia abismal en las formas que termina incidiendo en el fondo. Ni siquiera el prolibertario Diego Valenzuela pudo alinear detrás de sí a los concejales que llegaron desde esa fuerza en su distrito.
En cuanto a la ley que envió para su tratamiento Axel Kicillof, que arma una estructura cuando solamente podía resolverlo a través de un área especial de recupero de costos -para aquellos que tienen obra social y reciben un traslado en la vía pública o programada por un hospital provincial o privado-, la aprobación por parte de los libertarios díscolos también está relacionada con la posibilidad de incidir en uno de los cuatro miembros que se nombrarán en la Corte Suprema de Justicia bonaerense y en direcciones claves dentro de los organismos provinciales en los que La Libertad Avanza no tiene un solo miembro
Diferente será la suerte en el Senado. Ahí, Kikuchi, Vargas y Ventura no votarán junto con el oficialismo provincial y ponen en serio riesgo la aprobación del proyecto. Ellos se consideran libertarios de verdad, mucho más que lo que observan a nivel nacional, donde el manejo de los fondos del gobierno nacional luego hace someter a los gobernadores al igual que el kirchnerismo.