Javier Milei pone el ojo en Capital y el PRO lo espera para confluir o combatir
Todos quieren jugar, o por lo menos nadie lo descarta, en la ciudad que reelige senadores y donde nació el proyecto político más anómalo y exitoso de la historia moderna, que hizo que Javier Milei pase de opinar en televisión a firmar decretos presidenciales en treinta meses. Ahora la Cuidad se prepara para una escenografía donde puede haber bandera blanca, roja o de todos los colores.
Desde Javier Milei, a Jorge Macri, de José Luis Espert o Waldo Wolff hasta el expatriado Darío Loperfido y sus particulares ganas de volver con la intención, esta vez, de no bajarse. Duelo de duros, operaciones, fake candidates, traiciones y amores borgeanos, parece adelantarse entonces la campaña 2025 para empezar hoy mismo, con línea de largada en el Congreso, los ministerios y el Gobierno.
Jorge Macri tiene un objetivo, uno solo: no perder con el liberalismo si no se logra fusionar. Todo indica que la buena predisposición del jefe de Gobierno, su perfil duro que forja con la intolerancia a los piquetes y el aumento de decomiso de armas blancas, levantamiento de ferias ilegales y otras políticas que ejecuta Waldo Wolff tienen un sentido: si no se logra conjugar el violeta con el amarillo, Patricia Bullrich será candidata y enfrente encontrará a su par de Ciudad. Ambos con presente auspicioso, pocos reproches internos --esencialmente en el caso de Waldo Wolff, valorado por Macri pero esencialmente por los libertarios que no ven casta en su ADN-- y diagnóstico similar al de la sociedad en relación a los problemas y dirigentes o espacios que empujaron a la decadencia del país, podrán ser de la partida.
Patricia Bullrich quiere pintarse de violeta lo antes posible, sabe que el tiempo es tirano y la sociedad no permite el camaleonismo como antes. Ahora deberá explicar el fin de su vínculo con Mauricio Macri, que no tiene vuelta atrás, lo saben ambos y sus vasos comunicantes, que intentan sin éxito arrimar posiciones. Lo mismo sucede con Horacio Rodríguez Larreta, pero con la diferencia de tener certidumbre el ex alcalde que su retorno no es una posibilidad. Será la hora de los duros, tal vez la elección donde cualquier vértice progresista deberá alquilar su mejor disfraz para evitar el ridículo, a esta altura, casi inevitable.
Enfrente o al costado estará Waldo Wolff. Ostenta en su CV una serie de cucardas que lo posicionan por sobre el resto: es el anti casta en términos históricos, amigo de Javier Milei cuando pocos le servían un whisky y escuchaban sus anhelos de liberar al país de "la opresión socialista de Alberto Fernández y Sergio Massa". Waldo Wolff es el ministro de Seguridad que tiene como objetivo el objetivo más grande del distrito: que la Ciudad no quede embuida de crisis, delitos y violencia. Se encargó de dejar en claro cuando llegó el estilo que iba a aplicar: dentro de la ley, todo, afuera, ni un milímetro, nada. Tolerancia Cero, algo que catapultó a Rudolph Giuliani en Nueva York y que si Jorge Macri emula, podría asegurarle la reelección.
José Luis Espert es una carta más que fuerte. Tuvo y perdió y recuperó la confianza de Javier Milei, algo que logran pocos. Tras su aventura de 2019 inserta entre dudas de financiamiento, armado, armadores y acuerdos non santos, ahora es el economista una de las caras que pueden jugar en Capital Federal. El desafío bonaerense no tiene hoy el mismo asidero que le porteño, donde tiene un conocimiento que roza el 100% y una aceptación alta según cuentan en su entorno. Muchos porteños lo ven como un fiel representante de las ideas de Javier Milei, algo que pocos obtienen con sustentabilidad.
Los liberales sueñan con imponer criterio propio, pero saben que si rompen con el PRO pueden perder jugadores y debilitarse donde precisan fortalecerse tras una floja campaña en 2023. Las listas conjugarán intereses contrapuestos, miradas de distintos players con orígenes que ni se rozan. El empresario Ramiro Marra, hoy fuera del círculo de confianza pero con historia absolutamente leal a Javier Milei, cometió el trágico error de discutir con Karina Milei. Fue lo último que hizo políticamente. Podrá jugar Karina Milei, Sandra Pettovello que busca timonear el indómito Capital Humano entre charlas hasta altas horas en Olivos con el Presidente, incluyendo a veces quedarse dormida hasta el otro día.
Darío Loperfido sugiere que puede volver, lo planteó en una charla con Antonio Fratámico al mando del COPE y otros dirigentes liberales. Tuvo el esponsoreo del joven Yamil Santoro cuatro años atrás, ahora dicen, quiere jugar en serio. La sospecha de Jorge Macri es que buscan subirle el precio tanto a Lopérfido como a Roberto García Moritan, "el influencer", según lo bautizaron en el Gabinete. El desafío de García MOritan será lograr sobreviva en un gobierno donde nadie sabe bien si tiene un rol más allá de la comunicación en redes sociales. Economista, empresario, joven, exitoso y atractivo para el voto joven, el ministro de Desarrollo Económico deberá exhibir logros concretos en materia de política públicas si quiere sobrevivir en diez meses.
El kirchnerismo trabaja a contrarreloj, necesita que quede en el olvido la diatriba, la distancia, el desamor y el naufragio al que le cuesta acostumbrarse en Capital Federal, donde no logró hacer una gran elección en veinte años, menos que menos durante el efímero Cambiemos que sentó las bases para el despertar liberal. Será el desafío de Leandro Santoro lograr el matrimonio igualitario con Martín Lousteau y toda la ambulancia radical encabezada por Emiliano Yacobitti y los derrotados en las últimas elecciones. Allí logró Macri ser más duro que Ramiro Marra, siempre duro, que logró hacer una campaña muy autónoma, poniendo el hombro desde la hora cero, con su amigo Santiago Caputo, con quien compartió el colegio Manuel Belgrano.
Será entonces la hora de los duros, donde los que apelen al contacto directo con el votante, la austeridad y el respeto por la ley quedarán favorecidos frente a los que usen al estado para hacer campaña, utilicen artilugios legales para salir ganando o simplemente, no entiendan el cambio de época.