Mendoza, la autoestima baja y los problemas que genera la dependencia
Las turbinas de IMPSA, el vino con el que brinda Messi y el arte de Julio Le Parc. Los golpes de Pascual Pérez, los goles de Legrotaglie y las hazañas de Contreras. Las arboledas en el desierto, el cancionero cuyano, la innovación de Zaldívar y una política agroindustrial que llegó a ser modelo con la vitivinicultura como emblema. La ciudad con mayor cantidad de universidades, las veredas limpias y el legado de José de San Martín.
La marca Mendoza tiene impregnada una historia con muchos motivos para estar orgulloso. Pero en las últimas dos décadas la autoestima de la Provincia está lastimada. Heridas autoinflingidas, un contexto adverso y gestiones más preocupadas por la endemia política que por la construcción colectiva derivaron en la cultura de la cabeza gacha en una hiperdependencia de la Nación, incluso discursiva, y en la cultura del “no se puede”. La falta de un proyecto colectivo, de una épica que envuelva a los mendocinos se hizo carne.
No es solo retórica o pensamiento mágico. La trabazón política y la espera eterna pusieron en pausa la innovación, la ejecución de obras y el desarrollo de nuevas actividades. Quebraron los “dinosaurios” como IMPSA, Cartellone, Canale y otras empresas, pero aún no hay “unicornios mendocinos”. Hace más de dos décadas que no se hacen obras de gran magnitud (un dato que en realidad es relativo, pero ilustrativo) y, en cambio, hay monumentos al ego y a la mala gestión (como el edificio de la Legislatura y el Arena Aconcagua). La transición generacional costó. Incluso hay una camada política completa que tiene en su currículum más logros personales que éxitos colectivos. Otros, que pasaron sin pena ni gloria.
La asunción de Javier Milei le sacó la anestesia que disimulaba los dolores de Mendoza; sobre todo la dependencia nacional. Por los recursos que se transferían y dejaron de llegar, por las obras que se gestionaban en Casa Rosada (incluidos microtrabajos municipales) e incluso por la orfandad política de los líderes de la provincia. Una salvedad: los recursos que la Nación retiene no le son propios, pues el Estado central recauda para distribuir y Mendoza aporta mucho más de lo que le distribuyen. La sensación de “baldío” que tiene la provincia por las obras abandonadas por la Nación es penosa; panorama no solo atribuible a Milei, pues ya había una desaceleración enorme. Lo mismo con las gestiones. Hay escuelas, por ejemplo, donde hasta retiraron los modem que daban conectividad por falta de pago y el proyecto educativo innovador que se planteaba al inicio de la gestión tambalea.
Alfredo Cornejo tiene la cabeza fría y sabe a qué monstruo se enfrenta. Sufrió la misma dependencia en la primera etapa de su primera gestión con Mauricio Macri, a quien no podía cuestionar ni criticar abiertamente porque necesitaba de sus favores financieros. Con Milei el apoyo irrestricto es más complejo de entender. La apuesta del mandatario mendocino era influir a nivel nacional para beneficiar a Mendoza. El esquema político que generó el Presidente puso a los gobernadores en posición de supervivencia, en el sálvese quien pueda. Los bloques pasaron a ser relativos. Quienes forman parte del extinto Juntos por el Cambio tienen orfandad y desorientación. No está claro con quién hay que influir porque el círculo de confianza de Milei es chico e impenetrable.
En ese esquema, la máxima del Gobernador es simple: que no toquen lo que a Mendoza le corresponde y que, si se cumple esa premisa, la provincia gestione el día a día de cada servicio. La idea de “vivir con lo nuestro”. La duda es si Mendoza, tras dos décadas de caída en la mayoría de los indicadores, está preparada para vivir con lo suyo. La respuesta es compleja y puede lastimar aún más el orgullo.
¿Hay un plan?
Cornejo apuesta a invertir los recursos que ya tiene disponibles en infraestructura básica que oriente al sistema productivo. Eso, por ahora en teoría. Por eso, parte de los 1.023 millones de dólares que vienen del resarcimiento por los perjuicios de la promoción industrial serán usados para líneas de transporte eléctrico, algunas rutas productivas y logística. Según palabras del propio mandatario, se obviarán proyectos que no tengan futuro: riego para zonas de baja productividad, por citar un ejemplo. Todo en teoría y sin incluir una variable política relevante. El año que viene hay elecciones y, además, crece la voracidad de los 18 intendentes que se quedaron sin lugar al que ir a mendigar obras, una práctica a la que estaban acostumbrados desde 2003. Igual, los propios intendentes son poco optimistas con el resultado real que pueda tener esa inversión en el territorio de cada uno.
En el mismo plan de generar condiciones, Cornejo ajustará otras normas que hacen a la administración de los recursos naturales. La más relevante es el Código de Aguas. En el compendio de más de 260 artículos que tendrá la norma, se modificará la ley de aguas (que tiene más de 100 años) para considerar “al agua como una sola”. Pero confluirán en el mismo momento el plan hídrico que presentará Mekorot y las nuevas reglamentaciones para el uso del agua subterránea. De ese compendio depende gran parte del desarrollo futuro de Mendoza, pues afectará el acceso del agua para la urbanización, cultivo, la industria y el turismo. Ese plan estará en manos de los “dos gobernadores reelectos”: Sergio Marinelli y Alfredo Cornejo.
El plan del Gobierno está aggiornado a la era Milei. Por eso desarma creaciones propias, como la lucha antigranizo con empresa estatal y todo. Es la primera vez que alguien crea y cierra una empresa, como reconocimiento al propio error; aunque con varios miles de millones de pesos gastados (malgastados según el propio Gobierno). Algo similar ocurrirá con el IDR y el IDC. En el mundo empresario, particularmente de las pequeñas y medianas empresas, hay un reclamo que ya no se dice por hartazgo: compiten de manera desigual con el resto de las provincias por la falta de instrumentos. El principal es alguna vía de crédito. La diferencia en el acceso al crédito con provincias como Córdoba, Santa Fe, la Ciudad y la Provincia de Buenos Aires (por nombrar algunas) en enorme. La falta de un banco de fomento (estatal o privado) duele en las finanzas del sector privado también. El Nación, agente financiero de Mendoza, no tiene la versatilidad, ni la regionalización deseada. Y los instrumentos financieros que tiene el Estado terminan siendo testimoniales frente al tamaño del sector privado de Mendoza.
Inversiones y dependencia
El plan de largo plazo de Cornejo incluye un relanzamiento de la política para explotar recursos naturales. Ese esquema tiene como condicionante la alta dependencia que tiene Mendoza de algunas empresas. En petróleo, por ejemplo, dependerá de cómo negocie YPF las áreas maduras que dejará. También de con quién se asocie José Luis Manzano, pues sus empresas tienen concesiones petroleras, aspira a tener más (se presentó en la licitación realizada por el Gobierno) y es propietario de Potasio Río Colorado y de EDEMSA. La minería es la nueva apuesta, en particular el cobre. En la primera etapa hay alguna dependencia importante de Pampa Energía porque los proyectos más tangibles los tiene esa compañía; también de la gestión que haga la estatal Impulsa Mendoza, que tendrá alianzas con los propietarios de permisos en el Distrito Malargüe.
En el horizonte aparecen nuevos actores que crecen, como la petrolera Aconcagua Energía y las inversiones que ejecutará Genneia, de la familia Brito. En el plano agroindustrial, Simplot (creada por la familia Calcaterra), Cresud (de Eduardo Elsztain) están expectantes sobre cómo se resuelven las tensiones por la administración de los recursos naturales. Otro de los sectores que tienen un incipiente inicio de inversiones es el real state. Ulpiano Suarez, por ejemplo, cree que la Ciudad demandará más de 4 mil empleos para construir los emprendimientos inmobiliarios proyectados para los próximos años. En Luján calculan lo mismo si se desarrolla el borde más oriental del pedemonte.
La Provincia ha ejecutado y ajustado su plan según las nuevas directrices marcadas por el Presidente. Ahora en la provincia el Gobierno aguarda que haya resultados. La historia marca que cuando Mendoza espera algo de Buenos Aires, los resultados no han sido buenos.