Crisis opositora

La pelea que "no existió" entre Ferraresi y Mayra Mendoza desató aún más la crisis entre Máximo Kirchner y Axel Kicillof

Los intendentes de Unión por la Patria ya perdieron la importancia que antes tenían para los jefes nacionales y provinciales. La pelea entre Máximo y Axel extrema la desconfianza entre ellos.

Alejandro Cancelare
Alejandro Cancelare viernes, 21 de junio de 2024 · 07:07 hs
La pelea que "no existió" entre Ferraresi y Mayra Mendoza desató aún más la crisis entre Máximo Kirchner y Axel Kicillof
Foto: Télam

Jorge Ferraresi todavía está preguntando si alguien escuchó cuando Mayra Mendoza lo trató de “cagón. Algo parecido le pasa a Axel Kicillof a quien la intendenta de Quilmes responsabilizó por promover un conflicto “que puede terminar mal” contra Máximo Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner.

La tensión no decrece, a pesar de un tibio intento realizado por la ex presidenta y vice con los suyos, a los que les pidió que bajen el nivel de crítica interna y terminen con los agravios cruzados. Ya Kicillof había sido advertido, hace dos meses, cuando estuvo por Quilmes y Hurlingham, dos localidades manejadas por jefes comunales de La Cámpora, Mayra y Damián Selci, respectivamente, cuando fue recibido con banderas que decían “Nada sin Cristina” y ambos hicieron callar o directamente no aplaudieron cuando el gobernador inauguraba las obras que fue a presentar.

La bronca de Mayra Mendoza contra Ferraresi fue por una cuestión que antes era normal pero ahora es tomada como una provocación o declaración de guerra. El intendente de Avellaneda, viejo sostén económico y ex vicepresidente del Instituto Patria, donde atiende Cristina, cree que el ciclo de la conducción de la viuda de Néstor Kirchner terminó. Y, además, está convencido que la sucesión de aquel matrimonio presidencial no puede ser tomado por Máximo Kirchner, quien sí cree tener ese mandato natural.

Además, la intendenta sostiene que su par del sur del Conurbano no tiene derecho a “caminar” distritos conducidos por representantes de La Cámpora o el Frente Renovador, tal cual hizo. Sigiloso y conocedor, el ex ministro de Vivienda de Alberto Fernández estuvo en Lanús, Quilmes, Merlo y San Fernando. Merlo está al mando de un “neutral” pero siempre sujeto al deseo de Máximo, Gustavo Menéndez y, San Fernando, del massista Juan Andreotti.

En su recorrida de la semana pasada, Ferraresi también dejó en claro que son los seguidores del joven Kirchner sus principales rivales. En esa localidad está como presidente del PJ local Juan Debandi, uno de los obreros más cuidados por el hijo de los dos presidentes.

“Bienvenida Mayra al Kirchnerismo… Esta vez como damnificada”, distribuyó, casi como meme, uno de sus pares que viene advirtiendo desde hace tiempo las dificultades que tiene para crecer o para manejar su espacio local por las amenazas que siempre le realizan los Kirchner o el propio Sergio Massa, quien se auto percibe como el “síndico” de la quiebra del cristinismo. “Si no te alineas, siempre quieren cagarte”, dicen, casi a coro, fuera de las escuchas de sus socios de Unión por la Patria.

Esta crisis casi terminal de Unión por la Patria, Frente de Todos o Frente para la Victoria, en sus diferentes terminologías, podría provocar la resurrección de Unidad por la Patria. Si esto sucede, todos deberán tomar una decisión. Y en esa cancha es en la que Máximo, con el apoyo de su madre, tiene toda la ventaja. Hasta el momento, nadie se anima a decir “me voy de acá”.

El Salón de los Acuerdos, donde explotó la interna de UP

Quien lo hizo, Florencio Randazzo, lo sintió en carne propia en 2017. Si bien su conducción siempre aparece como híper personalista, la realidad es que quienes lo animaron y le juraron fidelidad extrema, agrupados en el antiguo Grupo Esmeralda, lo dejaron casi en soledad. El único que lo acompañó hasta el final, Gabriel Katopoodis, le suele recordar al gobernador lo tortuoso y lo sufrido que fue para él todo ese proceso. “Te hacen bosta”, le dijo, casi como una recomendación. 

Quienes estarían dispuestos a repetir esa experiencia, por más que dicen haber aprendido de sus errores, parecen querer repetirlos. En esas mesas proyectan actos en las que aparecen Martín Guzmán, Julio Zamora, Fernando Gray, Juan Zabaletta, el propio Randazzo, Facundo Moyano, Graciela Camaño, Guillermo Moreno y Miguel Angel Pichetto, entre otros. “Es como una repisa llena de floreros”, le dijo uno de los que fue invitado. La suma de dirigentes no siempre da como resultado el potencial que cada uno tiene de manera independiente. A veces, 2 más 2 termina dando 2.

 El dilema es que ninguno, de manera individual, o sumando a cualquiera de ellos como aliado, alcanza a promover una corriente crítica que represente algo parecido a los dos dígitos del electorado. Pero también tienen en claro que todos juntos pasarían a ser parte de una expresión poco fresca y convocante.

“Imaginate que los cordobeses se animen”, se entusiasma uno de esa frondosa lista. “Ya tendríamos un anclaje nacional. Después sería parte de nuestra inteligencia potenciar al menos conocido de los nuestros pero que en su distrito siempre ganó y lo acompañamos con los mejores de nosotros”. Sueños de un año no electoral donde algunos vaticinan que el mes que viene, después de las vacaciones de invierno, los interesados saldrán a la cancha.

Mientras tanto, en la legislatura bonaerense, todos creen como un acto inexorable la vuelta a la reelección de los intendentes. También ahí se observa que no todos los floreros llegarán a la repisa y entonces, antes de quedarse afuera, prefieren ir por otro cambio legal que los habilite aunque profundice la indignación social que los terminará votando.

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