Axel Kicillof se encuentra en medio de una fuerte interna y Massa quiere quedarse con la quiebra del kirchnerismo
Axel Kicillof todos los días revisa su propia tropa. Sabe de antemano, con “los bueyes con que ara”, como lo marca el dicho. Y, cada vez que mira alrededor, más seguro se siente que “los cantos de sirena” que le piden que se emancipe de Cristina Fernández de Kirchner porque ella defiende a Máximo Kirchner están impulsados por los mismos que “durante veinte años estuvieron aceptando su conducción”.
Quien lo dice es un influyente funcionario de la gobernación bonaerense. Sabe que Kicillof “todos los días recibe consejos de muchos compañeros que lo animan a salir a pelear, pero en sus distritos no permiten que se arme una interna, y que sufren con solo pensar qué haría La Cámpora en sus respectivas localidades” en caso que los intendentes que hoy dicen apoyar al gobernador siguieran sus pasos.
Estos análisis se superponen con otras urgencias, fundamentalmente de carácter económico. La ostensible merma en la actividad económica pega como nunca en el extenso territorio bonaerense, con la consiguiente caída de la recaudación en todos los niveles, tanto de impuestos provinciales como de tasas municipales, que determina un repliegue de las gestiones del estado al mínimo imprescindible.
Además, desde diciembre, la gestión de Kicillof dejó de percibir la asistencia directa del gobierno nacional que había dispuesto Alberto Fernández por orden de Cristina Fernández de Kirchner. Igualmente, cerca del Ministerio de Economía que conduce Pablo López, también ponen en el haber los últimos meses de Sergio Massa como ministro de Economía, que no sólo determinó el fin del Impuesto a las Ganancias, algo que desfinanció aún más a la gestión de Kicillof sino que dejó varias deudas corrientes con obras que debían ser solventadas desde el Estado Nacional pero que debieron ser finalizadas con plata de la Provincia.
Más allá del ámbito provincial, la puja por el “peronómetro”, tal cual consignó hoy Daniel Scioli en su red social X, quien no ceja en su creencia de percibir a Javier Milei a un nuevo Juan Domingo Perón, la votación en el Senado de la Nación, con la fractura expuesta del bloque kirchnerista, es todo un síntoma de que más allá de ser la dueña de la fracción más importante de los votos peronistas, Cristina Fernández de Kirchner no puede siquiera conducir lo que hasta ayer nomás hacía con sólo una mirada fija.
Eso también lo ayuda a Kicillof en su estrategia de no enfrentarla y, además, no dejar de decir que es su conductora política, aunque hace más de un año que le desoye más de un consejo, como cuando le pidió que sea su candidato presidencial o que admita la presión de Máximo para colocar a Martín Insaurralde como su vice.
La relación entre Máximo Kirchner y Axel Kicillof es irreconciliable, al menos, por el momento. El hijo de los dos presidentes, creyente de tener que ser el sucesor de sus padres al frente de la Presidencia de la Nación en un futuro no muy lejano, le reprocha al gobernador que “no se alínea” con quien lo puso en ese lugar. El gobernador cree que no sólo lo hace, sino que lo muestra al sostener a más de casi medio centenar de funcionarios alineados con La Cámpora o cercanos al presidente del PJ bonaerense.
En el radar, sigiloso, siempre aparece Massa, hoy mucho más cerca de querer quedarse como síndico de la quiebra del kirchnerismo camporista que de ir por una tercera vía o aliarse definitivamente con Kicillof. Su poder de fuego sigue siendo muy importante, tanto que es el verdadero paredón en el que chocan algunas iniciativas como las que pretenden forzar una nueva modificación que permita la reelección de los intendentes.
Quien más remarca el malestar interno es la intendenta de Quilmes, Mayra Mendoza, que en todo momento se muestra renuente a aplaudir o alagar al gobernador y no tuvo mejor manera de expresar su fastidio en la jornada de ayer cuando una docena de intendentes estaban con firmando un acuerdo para la compra de vehículos y maquinarias con un nuevo sistema de leasing lanzado por el Banco Provincia.
En el Salón de los Acuerdos, justamente, de la Gobernación, Mayra le recriminó a Jorge Ferraresi haber realizado un acto en su distrito sin pedirle permiso y lo trató de “cagón”. Todos los presentes quedaron estupefactos, incluido el siempre firme intendente de Avellaneda, habitualmente dispuesto a la batalla dialéctica. “Parece que no se la esperaba, porque fingió boludo”, dice uno que tampoco lo quiere mucho.
Ferraresi armó actos en Merlo, San Fernando y Lanús, todos para impulsar su candidatura para suceder al gobernador y, a la vez, la de Axel Presidente. Quizás Mayra Mendoza y Ferraresi se vean los contendientes de una PASO el año próximo, aunque el gobernador presume que no ocurrirá.
“La candidata es Cristina o Mayra, eso no hay dudas”, sostienen casi todos los intendentes, kirchneristas o no y los miembros del aún nonato kicillofismo. Desde un principio, Axel cree que una interna será tan sangrienta que provocará la pérdida del territorio, tal cual sucedió en 2015, cuando Aníbal Fernández le ganó a Julián Domínguez pero luego perdió contra María Eugenia Vidal.
“Para ser un nuevo Alberto Fernández, ni se presenta. La unidad de cualquier forma nos llevó a ganar en 2019 pero también a perder en 2023”, confesó la misma fuente que no ve a Kicillof Presidente para luego soportar fuego amigo. En algún momento desde 2021 hasta la fecha el gobernador tomó nota que más allá de los errores del ex presidente, la campaña en su contra y las renuncias en cadena que pretendían ejecutar a través de Wado De Pedro fueron el mayor opositor del Frente de Todos.

