Cornejo eternizado: la herencia que dejará el Gobernador más allá de su estadía en el poder
El poder suele atraer a la obsecuencia y el gobernador Alfredo Cornejo tiene a su alrededor algo de ese magnetismo obvio, pero además le suma cierta admiración y temor por parte de quienes lo siguen desde hace décadas. En ese combo de calificaciones hay quienes rozan el fanatismo: “Es AC/DC”, dice una referente política que lo conoce. No se refiere al grupo roquero, sino a las siglas “Antes de Cornejo – Después de Cornejo”; una metáfora llana para tratar de explicar que su paso por el sillón de San Martín no será inocuo.
Algo de razón tiene: Alfredo Cornejo transita su segundo mandato como gobernador y el noveno año en el poder. Es un hito institucional, pero así como para entender el proceso que lo llevó al cargo hay que remitirse a varios años antes del 2015, para analizar el impacto también hay que proyectarse más allá del 2027, cuando deje el cargo. Ha implementado una reforma en la vida pública y privada de Mendoza que lo trascenderá. Con habilidad política y administrativa, estableció un nuevo “mecano”, una nueva ingeniería institucional que modificó y modificará la vida cotidiana de las personas, las empresas y la política.
Para relatar la cantidad de cambios hay que tomar aire. El Código Procesal Penal. El Código de Faltas. El Código Procesal Civil. El Código de Familia. La ley del Ministerio Público Fiscal. Las leyes orgánicas de la policía, del servicio penitenciario y del Poder Judicial. La ley del Ministerio de Defensa. La ley de Administración Financiera. La ley de Movilidad y Seguridad Vial. Cambios en el Tribunal de Cuentas, el Jury y la creación de la oficina de Ética Pública. Más de 20 leyes sobre el sistema de salud y la lista sigue. Cornejo ejecutó un plan de reformas que, sin tocar la Constitución de manera directa, incluso modifican esa plataforma. Los cambios propuestos en el accionar de la policía, por ejemplo, apuntan a que se reinterprete la forma en la que se autorizan allanamientos y escuchas telefónicas para darle más poder real a los fiscales. El plan de cambios estructurales avanza ahora con la administración de recursos estratégicos: agua, minería y petróleo. Por eso propondrá un Código de Aguas para modificar una norma que fue sancionada en el siglo XIX y cuya última reforma profunda es de 1905. Ya lo hizo también con el Código de Procedimiento Minero. “Conmigo se va a hacer minería”; dice Cornejo. Y arrastra allí la idea de impulsar una actividad productiva, pero también un mensaje de “autoridad” política, suponiendo que con sus métodos no habrá marcha atrás como ocurrió con Julio Cobos, Francisco Pérez y Rodolfo Suarez.
A la adecuación de la burocracia, de la mole normativa que rige Mendoza, Cornejo le sumará la ejecución de un plan de obras que gracias al acuerdo firmado con Javier Milei le dará un marco de discrecionalidad mayor. Son 1023 millones de dólares que el Gobernador quiere ejecutar en obras productivas, que tengan repago y priorizando el agua y la energía, aunque sin olvidar el impacto político y territorial. “Podría tener algo de discrecional, pero no será arbitrario”, repiten. Aunque lo subestimen, ningún gobernador tuvo ese volumen de recursos a mano. Lo más cercano fue el pago de regalías mal liquidadas con los que se creó el Fondo para la Transformación y el Crecimiento.
Las proyecciones de la “Mendoza del 2030” indican que habrá algunos recursos indispensables como el agua que escasearán más y podría aumentar la presión y la competencia por su acceso. Que la provincia dejará de tener hidrocarburos para explotar y allí es donde la minería podría ser la actividad que reemplace esa matriz. Que la energía como bien y no solo como insumo puede generar valor. Que el turismo y la agroindustria sofisticada podría mantenerse, pero con un valor agregado aún mayor.
Resultados
Con ese panorama hay una duda que enlaza muchas respuestas posibles, ninguna objetiva: si con esas reformas estructurales los mendocinos viven mejor o, mejor dicho, si la gestión de Cornejo y Cambia Mendoza ha mejorado la calidad de vida de los mendocinos.
El Gobernador detesta las comparaciones o, como haría cualquier dirigente político, hace las que conviene para resaltar sus valores positivos. Así, por ejemplo, es común escuchar a cornejistas comparando indicadores locales con los de Formosa; pero evitan ponerse a la altura de la Ciudad de Buenos Aires y consideran un yerro intelectual hacerlo con Neuquén o San Juan. Como sea, hay datos relevantes, cuya utilización también puede ser arbitraria, que marcan una diferencia entre lo bien que le fue al Estado en los últimos años, y lo mal que le va a la sociedad.
El último informe fiscal del Consejo Empresario Mendocino indica que las cuentas públicas están en orden. “desde 2016 se observa un cambio de tendencia que contribuyó a recuperar el ahorro corriente, pasando de un déficit de 13,5% en 2015 a un superávit de 15% de los recursos corrientes en 2023. Alcanzar el equilibrio o incluso el superávit corriente es una de las claves para la sostenibilidad de las cuentas fiscales”, dice el resumen de ese informe, donde se destaca que si bien la planta de personal creció nominalmente, hubo un achique en los últimos años.
En el mismo período Mendoza se empobreció, en consonancia con el país: casi la mitad de la población tiene ingresos menores a los necesarios y son pobres; el empleo privado de calidad está congelado y los ingresos de las familias van en picada. “La caída de la actividad es brutal, pero en todo el país”; explica un empresario metalmecánico. No importan tanto las palabras, sino el contexto. Está sentado en un café de “Planta Uno”, un pituco centro gastronómico ubicado en Godoy Cruz en lo que fueron las naves productivas de IMPSA. En ese café antes se fabricaban turbinas y desde allí salieron las primeras palas eólicas que se exportaron a todo el mundo. IMPSA ahora pelea por sobrevivir con ayuda estatal y le reza a Milei para que no avancen los recortes en el reactor CAREM, en YPF, en Fabricaciones Militares y sobre todo en el precio de la energía que CAMMESA le paga a las empresas. Otras señales de la decadencia se pueden hallar en los baldíos que quedaron en las obras a medio hacer, como la Variante Palmira (construida por otro gigante caído, Cartellone), la doble vía a San Juan y los puentes de la Ruta 40, que para el propio Cornejo representan una vergüenza y por eso tiene en mente ejecutar la obra desde la Provincia. Un estado “rico” y “eficiente”, que por ahora no logra transferir esas bondades a su comunidad.
El Gobernador considera que generando condiciones positivas, Mendoza va a mejorar. Que la memoria, el músculo que tiene la provincia va a reaccionar. Por eso avanza con su plan reformista. El diputado nacional Rodrigo de Loredo explicó didácticamente la visión radical a la que adhiere Cornejo: ser reformista, evaluar las políticas según los resultados, no tanto desde los dogmas; aún cuando, como ocurrió con la ley bases, se sume a causas ajenas. Cornejo lo entiende igual y sus seguidores explican que el reformismo como meta muchas veces también puede hacer obviar métodos y personas: el Gobernador avanza incluso trascendiendo los límites convencionales, las potestades políticas del Poder Ejecutivo para tener una capilaridad extra en otros sectores.

