El peronismo kirchnerista muestra todo su potencial en las calles, pero hay una foto que desnuda su impotencia
La CGT protagonizó este miércoles una de las movilizaciones más masivas de las últimas décadas, sino fue la más convocante. La más impactante había sido la convocada por los docentes y gremios estatales el 1 de abril de 2017. Algunos meses después, Mauricio Macri ganaba en todo el país con Gladys González como candidata a senadora bonaerense. Cristina Fernández de Kirchner salía segunda, tal cuál le había anticipado Florencio Randazzo, cuando no la pudo convencer de que bajara su pretensión de armar Unión Ciudadana.
En una semana, el gobierno de Javier Milei sufrió dos de las manifestaciones populares más multitudinarias que se tenga memoria. La semana anterior la razón había sido el recorte que están sufriendo los presupuestos universitarios de todo el país. En esa ocasión, las agrupaciones políticas y la propia CGT se sumaron, desdibujando en parte la convocatoria original, y le sirvió de excusa al Gobierno nacional de considerarla una “marcha opositora”.
Bueno, malas noticias para el presidente. Fueron dos marchas opositoras, si se continúa con su análisis lineal. Pero hay otras cuestiones que los anarco libertarios tendrían que observar por fuera de los mensajes que reciben de las fuerzas del cielo.
Luego de cinco meses de asumir, el Gobierno mantiene la iniciativa; terminó de darle media sanción a una Ley Bases disminuida, pero no crece en las encuestas. Todo lo contrario. Disminuye paulatinamente. Confía que esa sangría termine cuando se observe la deflación y la caída de precios.
Por otro lado, la franja social que rechaza al presidente sigue firme. Su piso no perfora y es casi cinco puntos más del 44% que terminó votando a Sergio Massa en el balotaje. Sin embargo, eso no garantiza que ese continente social tenga un referente indiscutido. Y la que era la fuerza que había sintetizado en el balotaje la representación que confrontó con Milei, hoy está más que dividida.
A veces, una foto vale más que mil palabras. Y es la que se sacaron, con posterioridad al acto de Quilmes, la expresidenta y vice de Alberto Fernández, Cristina Fernández de Kirchner, rodeada de unos veinte dirigentes entre intendentes y legisladores camporistas. En 2023, era imposible que no estuvieran todos los jefes comunales, inclusive los del Frente Renovador. Sin embargo, la figura que más se destacó por su ausencia fue el gobernador Axel Kicillof, seguramente no invitado para la ocasión.
Días atrás, se lo escuchó a Sergio Massa analizar la actualidad de lo que aún se conoce como Unión por la Patria. Amigos personales le escucharon analizar que muchos de los problemas que se conocen y se multiplican, especialmente la pelea entre Kicillof y Máximo Kirchner, se debe a la ausencia de una mesa de conducción política que tenga la obligación de reunirse metódicamente.
Esa mesa, que tampoco se pudo juntar más de tres veces cuando eran oficialismo y en la Provincia de Buenos Aires las posturas eran más que difusas por la pelea entre el expresidente y la vice, en ese entonces mucho más cercana a Kicillof de lo que se la ve ahora, terminó desarmándose por la descoordinación de todos los actores convocados.
La actualidad muestra al peronismo kirchnerista renovador discutiendo, a veces altisonantemente, y otras con el oficio de los expertos mensajeros, con diferentes posturas de cara al Gobierno nacional y entre los propios representantes opositores. Mientras que el kirchnerismo cristinista se divide entre oponerse a Milei o al gobernador, Massa se sigue sintiendo parte de la fuerza que lo llevó como candidato presidencial, aunque amigos suyos le piden que examine otras variantes, quizás más cercanas a lo que fue el primer Frente Renovador. De esa manera continúa en el centro de la escena sabiendo que si se va de donde está, provocará un daño muy importante; y si se queda, deberá tener que ser tan recompensado como hace cinco años.
En el debate parlamentario del lunes y martes, la oposición empezó a dar claras señales de ruptura. La divisoria de aguas no fue casual en el tema que más transversalmente atravesó a la oposición dialoguista y a los de Unión por la Patria. El impuesto al Tabaco, fundamentalmente a la empresa Tabacalera Sarandí. Comandados por Victoria Tolosa Paz, una veintena de legisladores votaron junto con el bloque de Hacemos, el radicalismo y la Coalición Cívica el aumento que tiene que pagar, igualándolo con los de las empresas extranjeras.
Otros, dependientes de gobernadores peronistas como Tucumán y Catamarca, fueron por el mismo camino, desmarcándose de los deseos del bloque mayoritario, además de otros de Misiones y Santiago del Estero. Para esas actitudes pesaron tanto las necesidades económicas de sus provincias como la idea de emanciparse del kirchnerismo: “No sabes cómo lo disfrutaban algunos”, le reconoció a MDZ un legislador opositor que votó junto con estos peronistas.
Hasta la propia central obrera, convocante a la multitudinaria marcha del 1 de mayo, tiene diferentes posturas en su interior. Héctor Daer tiene cada vez más limitada su capacidad de acción y Hugo Moyano consiguió mucho más de lo que se supone por su visita a la Casa Rosada.
La política oficial empieza a enamorarse, paulatinamente, con los actores de la casta y eso, para el peronismo, será una muy mala noticia ya que Milei tiene en su ADN económico proyectos ya encarados por Carlos Menem y fobias, rabias y posturas iguales a las que siempre mostraron Néstor y Cristina Kirchner, que nunca creyeron tener el poder y siempre buscaban el culpable o el titiritero en otro lugar.