La desconfianza mata

El duelo del kirchnerismo y la sospecha de los sindicalistas por el silencio de Massa y Máximo Kirchner

La ruptura del peronismo de Unión por la Patria está expuesta. Los gremios ya le pasan facturas directas a los dirigentes políticos que los representaron hasta hace algunos meses. Massa rompe solo.

Alejandro Cancelare
Alejandro Cancelare sábado, 6 de abril de 2024 · 22:00 hs
El duelo del kirchnerismo y la sospecha de los sindicalistas por el silencio de Massa y Máximo Kirchner
Los sindicalistas se mueven en solitario en medio del silencio de los referentes del peronismo Foto: Télam

El peronismo kirchnerista renovador está inmóvil, aturdido, con esa ceguera que se produce luego de una pérdida irreparable de un familiar o un golpe repentino. Lo mismo le sucede a la oposición, que antes se juntaba para el cambio, pero en ellos, al menos, siempre le queda cobrar una hipotética factura por haber apoyado, en el balotaje, la llegada al poder de Javier Milei.

Esa imposibilidad por ver si el paso que dará puede ser en un piso firme o directamente a un pequeño abismo es lo que lo frena y lo revela a la vez. Desde el primer día, la primera semana del Gobierno anarco libertario es que los antiguos miembros de Unión por la Patria se debaten si tienen que empezar un proceso similar al que ejecutaron cuando ganó Mauricio Macri, con presencia activa en las calles y plazas, o refugiarse para dejar pasar la ola.

Esa pelea interna, típica del propio individuo, divide a una parte del cuerpo peronista kirchnerista renovador en salir a enfrentar el ajuste con todo su ser o esperar que pase un tiempo, hasta que la gente lo haga por ella. Como diría Guillermo Moreno, "si sucede eso, nadie lo podrá manejar. Para eso estamos los dirigentes, para dirigir". Cristina Fernández de Kirchner, en un video a Nuevo Encuentro, propuso "definir nuevas estrategias". 

Sin embargo, desde el primer paro convocado por la CGT en la primera semana de gestión, las diferencias entre lo que pedía el cerebro y lo que podía hacer el cuerpo que recibía esa orden son notorias. "Al pedo hablar y hacer ahora. La gente nos quiere matar y no nos escucha", decía, a siete días de haber asumido el actual jefe de Estado, un intendente muy importante a MDZ mientras en la TV se veía la movilización cegetista.

El antiguo oficialismo nacional no entiende, o parece no recordar, que luego de un golpe inesperado (porque era lógico perder contra el macrismo pero no contra Milei para ellos) es mejor sentarse unos minutos para recomponer la postura y la visión. "Es tal cual vos decís. Es como cuando mueren nuestros padres y en el velorio queremos discutir la herencia. Eso termina mal", le confesó este sábado a la mañana uno de los pocos funcionarios que siguen en su lugar de trabajo después del 10 de diciembre y participó, por ejemplo, en el último congreso partidario que condujo Gildo Insfrán.

Efectivamente, si luego de una muerte tan trágica como la de los padres, los hijos empiezan a discutir en medio del responso, es porque ya la relación entre ellos estaba toda rota y la desconfianza brotaba por todos lados. Como le diría Michel Corleone a Rocco, en El Padrino, "que a Freddy no le pase nada hasta que muera mamá".

Esa pelea a cielo abierto, donde su último candidato presidencial, Sergio Massa, amenaza ya a viva vos a través de su dirigente más fiel, Malena Galmarini, que está pensando en presentarse sólo con el Frente Renovador en las próximas elecciones, también es visto con muchísima preocupación por la dirigencia sindical estatal que está notando cómo nadie abre la boca mientras despiden o no renuevan los contratos que esa dirigencia política nombró a mansalva o bajo el discurso de lo imprescindible que es tener un "Estado presente".

Nadie termina defendiendo a los estatales que pusieron. 

La CGT no lo publicitó, pero en la reunión de esta semana, encabezada por Héctor Daer pero a la que asistieron los principales "gordos" del sindicalismo, se debatió el tema de la reforma laboral y la participación de las obras sociales en el futuro esquema ya programado en el DNU 70. Estuvieron ausentes, como protesta, otros gremios allegados a Luis Barrionuevo y los combativos del Transporte alineados con la familia Moyano. Los estatales de ATE y Ctera, en tanto, directamente, no fueron invitados.

Obras sociales como las que manejan los estatales de UPCN son tan potentes y ya tienen tantos sanatorios de primer nivel como las mejores prepagas. Otras obras sociales, como Osecac, o las más pequeñas, también de extracción sindical, están tan bien paradas que están ansiosas de recibir más clientes.

Estas diferencias también recienten las relaciones entre los sindicatos de la misma actividad. ATE no puede salir de su lógica de combate permanente. No ven otra salida que la pelea callejera. Su dirigencia está atada a una mirada más cercana a la izquierda peronista que a la idea de una comunidad organizada de la cual hace un culto desde hace años Andrés Rodríguez, de UPCN. Mientras que unos toman edificios, los otros rodean la manzana de los edificios en los que trabajan, visibilizan la protesta y aplauden por su propia labor.

Sin embargo, ambos coinciden en un mismo reproche. Aquellos que manejaron el Estado con el dogma del "Estado presente" pero jamás convocaron a un concurso para integrar las vacantes u ocupar los nuevos cargos, que sobrecargaron de amigos y militantes esas mismas oficinas que hoy se ven atravesadas por la motosierra, brutal, impiadosa y poco práctica, están callados, ausentes y lejos, como si Máximo Kirchner, Massa, los intendentes, gobernadores y hasta Wado De Pedro no hubieran tenido nada que ver en romper la carrera burocrática estatal imprescindible en los países con estabilidad económica y política.

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