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Los festejos y los olvidos de Milei: ajuste, cuentas sin pagar y promesas

El presidente festejó el resultado financiero logrado con el ajuste, aún cuando dejó de pagar obligaciones. La resignación final de la inversión y los pilares para generar crecimiento.

Pablo Icardi
Pablo Icardi lunes, 22 de abril de 2024 · 22:25 hs
Los festejos y los olvidos de Milei: ajuste, cuentas sin pagar y promesas
Milei junto a su equipo económico Foto: Presidencia

Javier Milei ha forjado una épica que en el corto plazo ha logrado construirse como discurso: la sensación de “éxito intangible”. Esa idea de que hay logros, aunque no sean perceptibles en la vida cotidiana. Festejar, aunque duela. El presidente anunció en cadena nacional que hubo buenos resultados fiscales tomando como base el shock de ajuste que, en criollo, es un cierre del grifo.

Pero lo que Milei no explicó en su discurso es que ese resultado económico y financiero es producto de un ajuste en el gasto, pero también del cese de la inversión y el no cumplimiento de obligaciones. El Gobierno nacional eliminó algunos gastos, pero dejó de pagar la energía, eliminó la responsabilidad económica en educación e hizo pagar a las provincias buena parte de las restricciones. Las obras públicas dejaron de ser consideradas inversión y se formalizó el abandono por completo por parte del Estado. Javier Milei no disimuló esa política, pues volvió a ratificar que la Nación se retira de la inversión pública, con la idea de dejar liberado al sector privado, a que haya negocio detrás de cada obra y no servicio o promoción.

En su discurso le dio una palmada en la espalda a la sociedad argentina, reconociendo que el impacto del ajuste se siente. “Quiero decirles a todos los argentinos que entiendo que la situación que estamos viviendo es dura, pero también que ya hemos recorrido más de la mitad del camino. Este es el último tramo de un esfuerzo heroico que los argentinos estamos haciendo y por primera vez en mucho tiempo esta vez el esfuerzo va a valer la pena”, dijo el presidente.

Inflación. Ese monstruo que ha destruido la realidad económica de las familias y las empresas es la base desde la que Milei construye gran parte de su discurso, pues planteó que el camino descendiente será igual de brusco que el ajuste. Obviando el pico de sus primeros meses, Milei indicó que la suba de precios se desaceleró, sin mencionar que una de las razones puede ser la brutal caída de la actividad económica. Recesión que puede transformarse en depresión.

Por habilidad, por redundancia o por una maniobra parecida a la de las artes marciales, el presidente pondera como positivas decisiones que podrían ser un escándalo en otros momentos: el abandono de la inversión pública, aún con obras fundamentales a medio camino (de agua, cloacas, caminos productivos), la restricción en el reparto de fondos que tienen a la Nación como “recaudador”, pero no como generador. “Destacamos la reducción del 76% de las transferencias discrecionales a las provincias, un sistema tóxico con el que el poder central repartía recursos de todos los argentinos a unos pocos que se sometían a la voluntad del gobierno nacional. También una reducción drástica del 87% en la obra pública, históricamente vinculada al festival de corrupción que ha sido la Argentina los últimos 20 años, donde se gastaba dinero de los contribuyentes en rutas que no conducían a ningún lado o en obras que se inauguraban cinco veces y nunca se terminaban”, dijo el presidente. Milei generaliza conceptualmente para eliminar al Estado, en vez de mejorarlo. No es una novedad, ni tampoco algo escondido: es lo que dijo en la campaña y lo que repite en cada discurso. “En nuestro modelo, las obras de infraestructura pasarán a ser financiadas por el sector privado”, repitió. Y con algún amplio margen de error, aseguró que con ese modelo “tendremos las obras que los argentinos necesitamos”. Habrá que ver si el sector privado hace las obras que “se necesitan”, sin que sea rentable.

El presidente le dedicó mucho menos tiempo al futuro y a la producción. Sí aseguró que el crecimiento económico es la forma de generar empleo y riqueza, pero sin marcar un camino. En realidad es parte de su filosofía: crear condiciones y que cada sector, empresa y persona se valga por sí mismo. “Que cada uno sea arquitecto de su propio destino”, dijo.

En el plan de crecimiento mencionó tres etapas. Lo más relevante tiene que ver con la mención a la explotación de recursos naturales no renovables como ejes, junto con el campo. Minería, petróleo y campo. “La única manera de sacar al 60% de los argentinos de la pobreza es con crecimiento económico, no hay otra manera. Un proceso de crecimiento que está caracterizado hoy por tres etapas: una primera que vendrá determinada por la combinación de sectores que se expanden por la corrección de precios relativos, como son la minería, el petróleo, el gas y el campo, junto a la recomposición de los salarios reales que hoy ha empezado a tomar lugar de la mano de una menor inflación”, dijo Milei.

Los sectores que mencionó tienen un plan incipiente de inversión. Pero son de largo alcance y con exigencias particulares: mejora de las condiciones macroeconómicas, beneficios fiscales y previsión de largo plazo para blindar las inversiones a los vaivenes de la coyuntura. Y, sobre todo, libre disponibilidad de divisas. Gran parte de esos temas fueron incluidos en la ley bases, como parte del régimen de promoción de las grandes inversiones. 

Por otro lado, Milei considera que Argentina está tan mal que ofrecerá altas rentabilidades. “La baja capitalización de la economía fruto de 20 años de un populismo empecinado en destruir al capital genera oportunidades de inversión de muy alto retorno. Finalmente, la retracción del fisco implica devolverle al sector privado 15 puntos del PBI en forma de ahorro que permitirá financiar la inversión que generará crecimiento económico genuino”, aseguró.

El presidente festejó por cadena nacional lo que considera logros de su corto tiempo en el Gobierno, aunque por ahora sean intangibles.

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