Salieris de San Martín

Las distorsiones de la "casta": cómo viven los políticos y por qué crece la preocupación por la pérdida de legitimidad

La escandalosa votación en el Senado desnudó las actitudes culposas, la demagogia y el aislamiento de la clase política. El daño no es patrimonial, sino más profundo. Cómo viven los senadores locales.

Pablo Icardi
Pablo Icardi domingo, 21 de abril de 2024 · 08:13 hs
Las distorsiones de la "casta": cómo viven los políticos y por qué crece la preocupación por la pérdida de legitimidad
Foto: NA

Cuidar el metro cuadrado de cada uno. Sálvese quien pueda. Construir su propio mundo. El nuevo enfoque del discurso público ha permeado tan profundo que la dirigencia política pregona con el ejemplo y prioriza su instinto de supervivencia antes que la militancia por el bien común. Por eso no debería sorprender que el Senado se haya aumentado el sueldo de manera brutal de un segundo para otro en el peor contexto y de la manera más dañina que se podría haber ejecutado. Tanto, que la endogamia política quedó priorizada y se habla de ellos y no de lo importante.

Todos los indicadores sociales están peor que en 2002. La recesión y falta de trabajo va camino a igualar a 1999. Pero en Argentina se habla de otra cosa. Las reacciones y acciones de los legisladores estuvo encasillada en tres grupos. Los que votaron convencidos; los que votaron de manera culposa y los que votaron en contra preocupados por la reacción social; es decir más por el parecer que por el hacer. 

Los senadores nacionales llevaron sus dietas a más de 4 mil dólares, aunque para algunos será más por la antigüedad. La mayoría de los Senadores nacionales tienen décadas en la función pública y eso se paga. Solo por contar los de Mendoza, Rodolfo Suarez ingresó en 1987, Mariana Juri en 1991 y Anabel Fernández Sagasti en 2011. Habrá matices, habrá diferencias discursivas y valores nobles; pero todos temen a lo mismo: ser considerados “casta” (ese elemento discursivo despectivo introducido por Milei) por pertenencia, permanencia y actitud.

El daño no es económico; sino discursivo, conceptual y, lo más grave, ético y político. Por más que reine el individualismo y se aplauda el éxito personal por sobre todas las cosas, los 72 senadores no son seres individuales cuando están en el hemiciclo de “la Casa”, como espantosamente le dicen al Senado. Tienen sobre sí la carga de la representación, la responsabilidad de llevar consigo, simbólica y políticamente, la historia y el presente de las provincias. El problema es que el daño por la picardía de la salida individual lastima, deslegitima y derrumba aún más a instituciones. La política, esa noble e imprescindible actividad para mejorar las cosas, es la más dañada y con ello el riesgo de la demagogia y las distorsiones son mayores.

Ese daño ya preocupaba a la dirigencia que mira un poco más allá.. Cuando Alfredo Cornejo y los estrategas del gobierno local analizan el contexto político, ponderan un dato relevante: el ascenso vertiginoso de Javier Milei y la potencia del discurso antipolítica los golpea a todos sin distinguir matices. Es un condicionante potente que impone discursos y distorsiona las prioridades.

Cómo vive los que deciden

La política se volvió una actividad aspiracional, en un país donde se degradó el estatus social en base a las capacidades, el esfuerzo y el talento. Así, la idea de servicio público queda relegada en el plano discursivo. Hay allí una enorme injusticia Argentina es un país donde la mayoría se cree de “clase media” porque sabe lo que quiere, pero vive con muchos menos recursos de los que debería.

Rodolfo Suarez y Mariana Juri, compañeros de bancada y de origen político. 

En las últimas décadas los caminos entre la política y la ciudadanía se bifurcaron. Cada vez más ponerse en la piel de los ciudadanos se volvió una actividad abstracta, casi un ejercicio antropológico para los dirigentes que una realidad. No es necesario que haya una autorepresentación sectorial que llevaría a la política a transformarse en un cúmulo de intereses particulares, pero sí algo de empatía.

Los principales dirigentes de Mendoza llevan décadas en la función pública y no les ha ido mal. Solo por tomar a los tres senadores por Mendoza (acaso los cargos de mayor responsabilidad y jerarquía luego del Gobernador); se trata de tres políticos profesionales que han tenido evolución en todos los sentidos. Son dirigentes reconocidos, de alto perfil, con legitimidad y buen pasar. Clase media y en evolución permanente.

Rodolfo Suarez ingresó al Senado el diciembre y no tuvo pocas horas sin un cargo público, pues el 9 de diciembre dejó de ser gobernador y al otro día asumía el la cámara alta en lugar de Alfredo Cornejo. Suarez ingresó a la función pública en 1987. Al principio compartía actividad con su tarea de abogado. La cuna política fue la Municipalidad de Capital, donde fue abogado, apoderado, concejal e intendente. Según su DDJJ su pasar económico nunca tuvo sobresaltos  y en los últimos años sí hubo una evolución positiva. El año pasado adquirió otro inmueble con 500m2 construidos y un valor fiscal de 100 millones de pesos. En junio del 2021 había sumado dos amplios terrenos en Tupungato, particularmente en La Carrera, de 10 mil y 11 mil metros cuadrados cada uno, con construcciones de 180 y 100 metros cuadrados (amos con avalúos fiscales de 400 mil pesos cada uno). Los bienes más suntuosos los incorporó a su patrimonio en coincidencia con el cargo de mayor jerarquía que ejerció. Además de ser Gobernador, Suarez participaba de una sociedad con sus hijos.

Mariana Juri se sumó a la administración pública en 1991. Es de Alvear, pero también comenzó su carrera política en la Municipalidad de Capital. Esa fue la primera usina de poder radical, a la que se le sumó luego Godoy Cruz. Juri tiene una dilatada carrera y fue, junto con Gabriel Fidel y Gabriela Testa (algunos suman también a Marcelo Espina allí) los primeros en darle un salto de calidad a la gestión política del turismo en Mendoza. Juri tiene también un buen pasar de clase media en Mendoza. Su DDJJ indica que en el patrimonio tiene un valor de 8 millones de pesos, pero con cifras de valuación fiscal y no real. Declara haber adquirido una casa de 300m2 en 2017 cuyos valores reales no están reflejados.

Anabel Fernández Sagasti ingresó a la gestión pública en 2011. 

Anabel Fernández Sagasti es la más joven de los senadores y cómo ingresó a la función pública con un cargo electivo de alto perfil, es más sencillo evaluar la evolución. Le dieron de alta en la administración pública el 10 de diciembre de 2011, el día en que asumió como diputada nacional. Desde entonces siempre estuvo en el Congreso. Es abogada y en 2011 declaraba como único bien un VW gacel. Ahora logró su casa propia (vive en Maipú en una vivienda de 400m2 adquirida con un crédito hipotecario), ahorros en dólares, y en pesos y dos vehículos, según figura en la DDJJ presentada ante la oficina anticorrupción. Su patrimonio pasó de 12 a 17 millones de pesos, pero con una valuación antigua de los bienes. Solo los vehículos cuestan más que eso.

 

 

 

 

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