Javier Milei contra el "club de los ensobrados": se suma un monstruo a sus enemigos
Es probable que Horacio Rodríguez Larreta cumpla un triple récord: fue el candidato a presidente que más plata gastó en pauta periodística, con una campaña profesional como nunca se vio, y el peor resultado de la historia moderna siempre midiendo lo invertido y la cantidad de votos obtenidos. En la vereda de enfrente, la campaña de Javier Milei fue la más austera y exitosa de 1983 hasta acá, con una inversión similar a la del FIT, pero con votos, eso que desconoce la izquierda nacional. Javier Milei está convencido, quienes lo condenan, cobran coimas. No sólo es un error, lo pone dentro del debate democrático, algo que no necesita un Presidente sin territorialidad ni mayoría parlamentaria.
Jorge Lanata montó en cólera porque pusieron en duda su honestidad intelectual, y mucho peor, la posibilidad de cobrar coimas por opinar de una u otra forma. El enojo de Lanata es lógico, su sueldo depende de su credibilidad y su marca representó durante décadas la investigación y denuncia al poder político. Si alguien demuestra que se financia con sobres de sobornos de la política, su trayectoria caería en saco roto. Como corresponde, el conductor avisó que denunciará a Javier Milei para que se retracte, tarea para Patricia Bullrich, amiga personal de Lanata. Jorge Lanata fue un ícono del periodismo rebelde, creativo, exitoso, uno de los pocos editores de diarios vivos que entendieron por dónde iba la opinión durante cuarenta años. Hasta que llegó Javier Milei.
Las formas de Javier Milei no pueden ser peores, pero rara vez deshonestas. El presidente cree que todo está teñido de corrupción, por eso arremete contra el periodismo, así como contra empresarios, banqueros, constructores (no todos) y otros sectores productivos. La "mala educación" de Milei es el grito de hartazgo de una clase dirigente que se sabe corrupta, pero también sabe que su corrupción fue avalada y escondida por buena parte del periodismo en los últimos años, y tiene razón. Los periodistas somos más deshonestos, más corruptos, menos precisos, menos cultos y más operadores que hace treinta años, cuando los empresarios de medios pagaban tres mil dólares a un redactor junior y no cien o doscientos como ahora.
No es original: todos los gobiernos despotricaron contra el periodismo, alguno más inteligentes en privado, arruinando negocios, apretando dueños de medios, pero con sonrisa y la parsimonia del tiempista, como Raúl Alfonsín, otros, pasionales como Néstor Kirchner, directamente llamando a boicotear al Grupo Clarín, pero todos odiaron y esencialmente no creen en el periodismo independiente. Javier Milei se suma a los detractores del periodismo desde una mirada nueva, más violenta y sincera: cree que lo único que mueve a esta profesión es un sobre de soborno por parte de una parte de la dirigencia política e empresaria. No está totalmente equivocado.
Alberto Fernández y Rosario Lufrano echaron a Victor Hugo Morales por anti kirchnerista, sin dejarlo despedirse de la audiencia de su histórico "Desayuno" por Canal 7. Encontraron la excusa en el retraso del pago de una publicidad por parte de Eduardo Metzger, histórico productor, esperaron que el uruguayo se suba al avión que lo llevaría a relatar el mundial de Alemania 2006. Los empleados vieron la policía federal en la puerta, perdieron sus cosas y sus trabajos, Lufrano les impidió entrar y decenas de familias quebraron. Fue por decir que el día de la "plaza del sí" de Néstor Kirchner, se podía ir a la marcha o ir al cine, hacer cualquier otra cosa. Eso fue el tratamiento de Kirchner, Fernández y Lufrano contra el periodismo crítico.
El Grupo Indalo es una empresa de propaganda kirchnerista financiada con pauta oficial y creada con ese dinero tiempo atrás. Sólo el año pasado cobró 2.329.789.000 pesos de pauta del estado nacional. Los mismos jugosos acuerdos los llevó a cabo con distintas intendencias y provincias kirchneristas y el gobierno porteño en manos de Horacio Rodríguez Larreta. La línea editorial se extremó durante la recta final de Sergio Massa, antes del batacazo liberal. Javier Milei cree que ese paradigma se agotó y que el periodismo tiene que demostrar que su trabajo es solventado honestamente por empresas que lo financian.
En el Reino Unido, el Partygate que terminó con el final del excéntrico Boris Johnson fue investigado y denunciado por la BBC, en un sistema financiado con impuestos y una baja dosis de auspicios. Son gastos por 5.000 millones de euros de presupuesto para 22.200 personas trabajando, se hace periodismo y se denuncia al poder. El kirchnerismo no sólo extinguió el periodismo de Canal 7, sino que lo llevó a la máxima expresión fascista con 6,7,8 y los móviles de exteriores donde se cubrían actos como el de los escupitajos a las fotos de Ernesto Tenembaun, Joaquín Morales Solá o Edurado Van der Kooy. También se usó para extorsionar empresarios y dirigentes durante la crisis del campo con supuestos informes periodísticos con información de los servicios de inteligencia.
Nancy Pazos, Jorge Rial y Pablo Duggan arremeten pase lo que pase contra Javier Milei y Mauricio Macri, a quienes antes veneraban mientras explicaban el desastre de la corrupción kirchnerista. Son empresarios y empleados de Cristóbal López y Fabián De Souza, kirchneristas presos por defraudar al estado en millones de dólares según Julián Ercolini. Luego de dos años preso, lograron la absolución y ahora Eduardo Casal desde la procuración exige que se revise el fallo por haberse quedado con ocho mil millones de pesos con Oil Combustibles, una de sus muchas usinas con las que hicieron negocios durante el kirchnerismo.
Lo sabe Mauricio Macri, quien montó en cólera cuando parte de la prensa argentina empezó a ver con muy buenos y auspiciosos ojos el posible regreso del exjefe de gabinete de Cristina y Néstor Kirchner en Casa Rosada. Nunca mejor resumido por alguien como el golpe a la mesa de Alfredo Casero por la honestidad intelectual en el periodismo. Nunca hubo ni habrá gobiernos que gasten más que los kirchneristas en auspicios y creación de medios sin audiencia medible. En 2009 Perfil planteaba el peligro del kirchnerismo gastando un millón de pesos por día en pauta publicitaria. En esos tiempos, el dólar estaba clavado en cuatro pesos y Perfil era anti kirchnerista justamente por la asfixia de Alberto Fernández hacia Jorge Fontevecchia, hoy detractor de Javier Milei y visiblemente alineado en 2023 con las ideas de Fernández.
Alberto Fernández gastó 40.000.000.000.000 pesos en pauta oficial, pero el apogeo del delirio fue en el segundo mandato de Cristina Kirchner, con la creación entera de multimedios a cargo de empresarios sin ningún conocimiento que los llevaron a la quiebra apenas terminada la elección. Javier Milei peca de honesto: prometió que desfinanciaría un mapa de medios que es correcto, había que desfinanciarlo para volver a obligar a los empresarios de medios a que busquen auspicios por fuera del estado para lograr medios sustentables. Un dato: en 2023 costó mil millones de pesos la edificación de 2.500 metros para ensayos clínicos, cultivos y tratamientos avanzados por parte del Ministerio de Ciencia en el Hospital Garrahan.
Roberto Navarro, otro militante del kirchnerismo que se hizo millonario con la pauta del estado. Según El Disenso, cobró más de 2.700.000.000.000 pesos de pauta en 2023 alternando cheques que llegaron desde Nación, Provincia y entidades públicas. El caso de Navarro roza el delirio, llegó a decir que había ganado Daniel Scioli y Aníbal Fernández aquella noche junto a Javier Díaz y Gustavo Sylvestre, también otrora detractor y ahora militante kirchnerista.
Los medios que sin pauta quiebran no son medios de comunicación, son medios de propaganda y lo sabe el periodismo entero más allá del espíritu corporativista que plantear mentiras ligadas a la libertad de expresión cuando lo que está en juego es un negocio millonario, no la posibilidad de expresarse en democracia. Es ahí donde Javier Milei juega mejor que nadie, y ni el periodismo "la ve". El Presidente comunica por X o Instagram, apenas un like presidencial es la tapa de Clarín de los noventa o dos mil, pero distintos empresarios de medios que "no la ven" insisten en que si no cobran millones de dólares de pauta, entonces no hay democracia informacional, un despropósito y falaz argumento para buscar la victimización.
El periodismo, que no la ve, sigue pensando que las diatribas de Javier Milei son personales, cuando no lo son. Sus pésimas formas, que no son opinables, son producto de un hombre hastiado, rodeado, tapado hasta el mentón por la corrupción sistemática, endogámica, exponencial y legitimada que es hoy la Argentina. Tal vez sea el momento de volver a pensar que el periodista es esencialmente un curioso, lector empedernido, especialista en vínculos sociales para tener información y no un coleccionista de bienes de lujo, o un consumidor de salmón de Nueva Zelanda, mucho menos un fanático de los autos de muy alta gama.