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Ruidos y silencios en el discurso de Javier Milei

El discurso de Javier Milei en la apertura de las sesiones en el Congreso tiene sus diferentes opiniones, desde sus distintos ángulos. Alberto "Pepe" Robles deja sus conceptos en MDZ.
Presidente Javier Milei Foto: EFE
Presidente Javier Milei Foto: EFE

Muchos gigas de información y desinformación han corrido a raíz del discurso de Javier Milei al inaugurar las sesiones del Congreso de la Nación el viernes pasado. La televisión oficial se encargó de mostrar a sus partidarios y ocultar a la oposición.  Simultáneamente un ejército de odiadores y bots de inteligencia artificial aturdieron a la población con millones y millones de mensajes en mayúsculas, memes y videítos.

El discurso fue interrumpido por una cantidad exagerada de aplausos, vivas y cánticos de sus correligionarios.

Llamó la atención, sin embargo, la decisión de no aplaudir casi nunca de la vicepresidente Victoria Villarruel, que contrastó con los aplausos entusiastas del presidente de la Cámara de Diputados, Martín Menem, sentados ambos detrás del presidente Javier Milei. El Presidente repitió, una vez mas, su increíble afirmación de que Argentina a principios del siglo XX era “el país más rico del mundo”. Notable “hecho histórico” que no figura en ningún libro de historia universal.

Volvió también a decir que Argentina entró en decadencia hace poco más de un siglo, coincidentemente con la Ley Sáenz Peña de 1912, que consagró el voto secreto y universal para varones, por culpa de los gobiernos democráticos, radicales y peronistas.
Omitió intencionalmente decir que durante más de la mitad de ese siglo, se sucedieron los golpes de Estado y las dictaduras que derrocaron precisamente a radicales y peronistas, ensangrentando y endeudando al país.

Victoria Villarruel y Javier MIlei.

Su desprecio por la Argentina del siglo XX -la misma que generó una enorme clase media sin parangón fuera del “primer mundo”-, no le impidió sin embargo reivindicar el hecho extraordinario de haber obtenido cinco premios Nobel -tres de ellos científicos-, surgidos de la universidad pública y la lucha por los derechos humanos y la paz. Un detalle no menor: mientras que en su discurso del 10 de diciembre, Javier Milei informó que la pobreza era del 45%, ahora informa que la pobreza ya es del 60%, el nivel más alto de la historia argentina. Quince puntos más en solo dos meses de gobierno. ¿Acaso está pensando en llegar al 80%?

En medio de tanto ruido quiero destacar lo que Milei no dijo en su discurso.

Ni siquiera mencionó las palabras:

  • Democracia.
  • Derechos humanos.
  • Derechos.
  • Igualdad.
  • Justicia social (expresión que él ha dicho que aborrece).
  • Diálogo.
  • Federalismo.
  • Unidad nacional.
  • Malvinas.

¿Qué destino pretende Javier Milei para esta tierra sin esas palabras?

El silenciamiento de Malvinas es particularmente grave. Primero, porque es el único presidente que después de 1983, al abrir las sesiones del Congreso, no reivindicó la soberanía argentina en Malvinas e Islas del Atlántico Sur. Segundo porque Malvinas es
una de las pocas prendas indiscutibles de unidad nacional. Tercero porque su silencio se produce tres días después de que el Reino Unido comunicara que había decidido aumentar un 50% el área marítima usurpada. Y cuarto porque hace solo seis años que la
comunidad internacional reconoció la frontera submarina de la plataforma continental, una de las más extensas y ricas del mundo, que nos permitió duplicar el territorio argentino, pero que también puso en marcha la codicia de poderosos intereses económicos y geopolíticos sobre la región.

Los silencios de Javier Milei remiten a un totalitarismo ultraliberal, fundamentalista (él mismo habla en su discurso de “nuestra causa sagrada”) y mesiánico, en el que solo hay espacio para lo que él quiere. Pero aún más preocupante es que su desprecio por el Estado, al que considera una “organización criminal”, se traduce en un desprecio por la Argentina y la idea misma de Nación. Estar a cargo de la Nación en esas condiciones, en un mundo que cruje por los cuatro costados, pone a la Argentina en un riesgo existencial como no ha tenido nunca antes.

Alberto “Pepe” Robles.

* Alberto “Pepe” Robles. Abogado laboralista, Instituto del Mundo del Trabajo “Julio Godio” (UNTREF), titular de la cátedra de Organización y Administración Sindical, UBA Sociales.