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Preocupado y en silencio, cómo se mueve Martín Insaurralde entre Massa, Máximo y Kicillof

El exintendente y jefe de Gabinete está lúcido y armando su estrategia judicial. Pero, a la par, debe cuidar todo lo que construyó en 30 años, ahora a merced de Máximo y Massa, que lo dejan de lado.

A ningún dirigente político, y menos con el poder y la importancia que siempre manejó Martín Insaurralde le gusta andar escondido. Desde joven se distinguía por su inteligencia, paciencia y ambición. Esa que lo hizo pasar a ser de hombre de confianza de Hugo Toledo, a ser parte del Gabinete de su rival interno en sus primeros pasos en Lomas de Zamora.

Su teléfono suena seguido, pero no con la constancia que lo hacía hasta hace medio año, cuando estalló el escándalo del yate Bandido y su torso desnudo fue noticia en todo el país porque en medio de una inflación desenfrenada y con medio país debajo de la línea de pobreza, él disfrutaba de un viaje de placer con Sofía Clérici.

Insaurralde sale poco. Sus limitadas apariciones por lugares públicos o semi públicos siempre cuentan con la empatía de la localía o la contención de su grupo de amigos. Pero todos, quienes lo quieren más o mucho menos saben que su estrella no irradia la luz de tiempo atrás. 

Un solo ejemplo vale más que mil palabras. Salvo Daniela Vilar, camporista y compañera de vida del intendente de Lomas de Zamora, Federico Otermín, fue la única persona de su confianza sentada en la primera fila del discurso del gobernador Axel Kicillof en la Legislatura bonaerense. El resto de su gente de confianza tuvo que ver todo desde los palcos de invitados especiales.

“No te olvides de Alejandro Dichiara que estaba sentadito al lado del goberna”, reflexionó un amigo del exhombre fuerte del Gabinete provincial y conductor político de buena parte de la provincia, en especial la Tercera Sección Electoral, territorio que representa la última fortaleza del kirchnerismo aunque deba compartir el poder con el intendente de La Matanza, Fernando Espinoza.

Dichiara es el presidente de la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires, cuyos funcionarios encargados de la contratación de personal y Tesorería deberán explicar por qué motivo le pagaban a personas que no tenían en poder sus tarjetas de débito mientras las utilizaba Julio “Chocolate” Rigau.

El legislador, ungido luego de una discutidísima decisión en la que se desplazó al candidato natural para ese lugar, el massista Rubén Eslaiman, de quien dependía la relación política con la familia Albini, Claudio y Facundo, hoy los únicos detenidos junto con “Chocolate”.

La presidencia en favor de "El Langa"  se terminó de definir luego que Insaurralde le prometiera a Sergio Massa que la conducción de la Cámara iba a rotar una vez por año con su vice, Alexis Guerrera. Ese acuerdo ahora está puesto en dudas. El lomense vio algo que no le gustó porque intuye que el excandidato presidencial lo quiere erradicar de todo tipo de armado provincial.

Enemigos íntimos. Con uno compitió hace 10 años. Al otro le manejó medio gabinete

El que queda en medio de este tiroteo es Máximo Kirchner. El hijo de los dos presidentes fue siempre el aliado más preciado de Insaurralde, quien le calmó las necesidades económicas cuando el peronismo kirchnerista estuvo fuera del poder durante el Gobierno de Cambiemos.

Ahora, Máximo tampoco puede dejarlo “suelto” a Massa, ya amenazante a través de reuniones del Frente Renovador en la que dejan trascender algún grado de independencia que puede reconfigurar Unión por la Patria. Ambos terminan siendo, a su vez, una gran preocupación para Axel Kicillof, quien cree que lo único que hacen es trabajar para decidir cómo definen su sucesión, dentro de cuatro años, y no para impulsar sus políticas en la provincia de Buenos Aires.

“Esto es una cuestión de tiempo, pero una persona que no pudo ir a votar cuando antes era elegido como intendente, es todo un símbolo”, comentó una persona de su entorno que, además, recuerda como Otermín y Vilar no podían creer lo que “está haciendo este b….” en pleno escándalo del yate de Marbella.

Un excompañero de andanzas de Insaurralde siempre lo recuerda en un “mundo de excesos, pero de una foto como la de Marbella, con una p… en el yate, no volves más”. Quien lo dijo ha sabido sobrepasar miles de etapas, buenas y malas, en el ejercicio del poder.

“Lamentablemente, ahora están buscando quién puede quedarse como heredero de su imperio… Pero a nadie le da el piné”, confesó quien todavía hoy está en su circuito de wats app de grupo. Federico Achaval, de Pilar, quien por múltiples razones puede considerarse un emergente en condiciones de manejar las relaciones políticas y sectoriales que siempre condujo Insaurralde, es el más apuntado.

Su juventud, buena gestión y ser parte del poder, que mamó desde muy chico, son un aspecto que nadie desecha. “Pero lo ven muy pibe, y nadie se encuadra. Es difícil conducir un equipo en el que están figuras como Gustavo Menéndez, Leo Nardini, Juan De Jesús, Mariano Cascallares y a su vez tener un mano a mano con Alejandro y Gastón Granados y Mario Ishii”, describen y cierran. “Ahora todo lo que tenemos Axel se lo factura a Máximo. Es cuestión de tiempo para que el pibe (por Máximo) empiece a correr a los amigos de Martín para darle más juego a los propios que dependen de Damián Selci, Julián Alvarez o Mayra Mendoza”, intendentes de Hurlingham, Lanús y Quilmes, respectivamente.

Mientras esto se debate, Insaurralde está abocado a su defensa jurídica en la que tiene un fuerte respaldo porque él fue quien puso a buena parte de la estructura judicial. La “Casta” incide mucho más que la opinión pública y en un juicio, no hay nada más que aquello que se pueda comprobar. “Está lúcido, sabiendo qué momento le toca atravesar. No está enojado ni buscando una revancha, pero todo lo que tenga para defender de poder lo hará”, sintetizó un allegado del exjefe de Gabinete provincial.