El superpoder que Milei se guarda sobre las provincias y la indiferencia como estilo de vida
Hay que practicar la indiferencia. No es sencillo, pero cualquiera puede lograrlo con algo de práctica, ejercicios bien medidos y constancia. Levantar la cabeza, poner la mirada en un horizonte infinito y no voltear la mirada. Como si esas personas que duermen en la calle, tiesos y vestidos con ropas viejas, no estuvieran o, mejor aún, como si fueran parte de un paisaje rutinario. El horizonte debe estar adelante, la vista extraviada.
Que una persona tome un pedazo de comida directo desde un bote de basura tampoco debe generar estupor; aun cuando muerda el alimento recién sacado de los desperdicios, más si son niños, como los que están al costado de Plaza de Mayo, en el inicio del pintoresco recorrido hacia San Telmo o entre los monumentales edificios de Puerto Madero. De adentro de alguno de los tachos pueden saltar personas que estuvieron hurgando, buscando algo que les sirva. No tema, es parte del mismo escenario. Siga de frente y, como plan B para disimular mire la pantalla del celular, emule atender una llamada y, sobre todo, mantenga la mirada extraviada.
Recorrer las calles de Buenos Aires es el mejor entrenamiento posible. No porque haya realidades exclusivas, sino porque allí se potencia todo. Si en Mendoza las personas que no tienen para comer esconden su dolor en sus hogares, en Buenos Aires se expone a flor de piel. Son casi un atractivo turístico. “Viste la cantidad de gente durmiendo en la calle”, es el comentario frecuente tras una visita fugaz.
En Mendoza, en cambio, las formas se cuidan, aún cuando la indigencia creció más que en cualquier otro lugar de la región; cuando las personas que no tienen los ingresos suficientes para comprar los alimentos mínimos se duplicaron en un año. Cuidar el metro cuadrado de cada uno sin que importe lo que ocurre más allá de ese pedacito de mundo es la premisa. No molestar y que no molesten.
El presidente Javier Milei agradeció el esfuerzo que hicieron los argentinos durante 2024, reconociendo que el impacto de la crisis heredada y el ajuste que ejecutó para que las cuentas cierren tuvieron un golpe enorme en la comunidad que él gobierna. Las cuentas cierren y en tiempo récord, más rápido de lo esperado y con estabilidad en indicadores que son relevantes para la psicología social argentina: dólar barato, sobre todo. "La macro funciona"; explican. Es decir, los indicadores generales que hacen a la estabilidad y dejan una plataforma. Esa mirada general por ahora no tiene un correlato en lo que ocurre al hacer un plano más corto de la realidad.
Superpoder
Puertas adentro del país hay otros matices. El propio presidente obvia en cada discurso y en cada decisión que gobierna un país representativo y federal. Lo sufren los gobernadores, aunque lo manifiestan tibiamente. Los mismos gobernadores que fueron fustigados dialécticamente por Milei, mastican bronca con disimulo y, también, practican la indiferencia. La decisión exprofeso de no tener Presupuesto en 2025 es una señal institucional profunda. El Gobierno elige no discutir y priva a todas las instituciones y los estados subnacionales de tener algo de previsibilidad e independencia. Se guarda para sí el Presidente la facultad de administrar los excedentes con discrecionalidad. Serán los excedentes de la pauta de gastos 2023, último año con una “ley de leyes” aprobada. Más de 20 mil billones de pesos y, sobre todo, “libertad” para sí y dependencia para el resto. Es como si en un hogar se presupuestaran los gastos por 10, pero sabiendo que van a recaudar 100 o 200. Javier Milei tiene un superpoder no otorgado oficialmente, sino de hecho.
Con la impronta del Gobierno es más probable que esa discrecionalidad se traduzca en recortes. Milei ya lo había advertido: en la mayoría de las áreas no habrá actualización sino presupuestos congelados. Recortes de hecho en los gastos, la inversión y el rol del Estado en funciones básicas como educación y salud.
Para Mendoza el impacto parece menor porque es una provincia acostumbrada a los ajustes desde la Nación. Hay una austeridad obligada. En realidad el disimulo está bien practicado. Los recortes nacionales ya afectaron sensiblemente a la educación, a las obras públicas grandes y otras que son relevantes: la vivienda. Más del 70 por ciento de los fondos para hacer casas dependen de la Nación y no hay ninguna voluntad de retomar esa inversión.
Tampoco las obras básicas que estaban comprometidas. Por eso lo que era un ahorro para inversiones estratégicas, un plus para agregar valor; será en realidad un fondo anticíclico. Se trata de los 1023 millones de dólares que Mendoza tiene depositados y que comenzarán a usarse en un año impar, de elecciones, como el manual político local indica. Las obras a ejecutar son en su mayoría para áreas y sectores que le corresponden a la Nación y también al sector privado. Todas las obras de saneamiento, por ejemplo, tenían pre presupuestados fondos nacionales.

La expectativa para 2025 es que habrá recuperación parcial. “Lo peor ya pasó”, dijo Milei en su discurso de aniversario. El Presidente maneja los tiempos políticos, el discurso y los humores. El “huracán” Milei arrasó con todo en la política, incluidos los anticuerpos que el sistema tiene para cubrirse de intentos nocivos para el federalismo. También, por supuesto, los proyectos de varios dirigentes, entre ellos Alfredo Cornejo.
El Gobernador de Mendoza pasó su 1-5-9 obviando en el balance el que era su principal objetivo. Cumplió un año de su segundo mandato, 5 como gobernador y 9 en el poder. Y no logró tener la influencia nacional que se había propuesto y que era la razón de ser de su retorno al sillón de San Martín. Más que influencia, hubo resiliencia, adaptación a los tiempos. Más cuando no le quedaron a los radicales plataformas serias de lanzamiento político y su partido es más que nunca una federación de liderazgos locales que un proyecto nacional. También están en duda otros deseos del Gobierno local que quedarán en pausa hasta tener alguna claridad.


