Cristina Fernández de Kirchner mostró muy poco para ordenar al "peronismo tardío" de Axel Kicillof
La presidenta del PJ nacional Cristina Fernández de Kirchner asumió en un acto minimalista en la Universidad Metropolitana del Trabajo que conduce el dirigente gremial Víctor Santa María, en el que estuvieron ausentes todos los gobernadores y solo participaron poco más de una decena de intendentes con poder territorial, el único lugar donde aún la voz de la expresidenta tiene un correlato con cierto sector de la voluntad popular.
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La ausencia no solo de los jefes provinciales dejó en claro que el kirchnerismo, ahora puesto a cargo del Partido Justicialista, quedó delimitado en la geografía del Conurbano. La mayoría de los intendentes de la Primera y Tercera Sección electoral estuvieron ahí, más los ex gobernadores de San Juan Sergio Uñac y José Luis Gioja.
La ausencia más notoria fue, por supuesto, la del gobernador Axel Kicillof quien dijo públicamente que no fue invitado formalmente, aunque José Mayans, el jefe del bloque del Senado de la Nación y vocero de la nueva autoridad peronista, lo desmintió al afirmar que lo llamó para pedirle que fuera.
En verdaderos raptos de “perlitas” que le deja servida la realidad, Cristina Fernández de Kirchner utilizó un par de tapas de diario de los días en los que era presidenta para recordar que fue Ariel Lijo el juez que liberó a Amado Boudou en la causa en la que también estaba involucrado el gobernador formoseño Gildo Insfrán. “Lijo”, decía exultante.
La otra ironía fue dirigida directamente contra la CGT a la que le recordó el paro que le hicieron en reclamo de la quita del impuesto a las ganancias, algo que ahora no hacen. Dio por entendido que la cúpula de la central obrera tiene un acuerdo con el presidente Javier Milei, a quien incorporó en la galería de jefes de Estado que cambian la matriz económica para beneficiar a los grupos económicos.
En un claro tiro para Axel Kicillof, a quien calificó sin nombrarlo como “candidato”, le reclamó que empiece a militar políticamente. “Todo se reduce a una pelea por una candidatura y luego todo pasa”, dijo. Tras reclamar a algunos que abandonen el “peronismo tardío”, que llegaron desde lugares antiperonistas, mencionó a Emilio Pérsico, cuya familia jamás apoyó a Juan Domingo Perón. Quizás no olvida que él junto con el Movimiento Evita jugó con Florencio Randazzo en 2017, cuando ella armó Unidad Ciudadana.
“Algunos que jamás militaron en el peronismo nos quieren explicar cómo es el peronismo y te decían qué teníamos que hacer”. Kicillof no militó en el peronismo en su juventud sino en una agrupación de izquierda denominada TNT. ¿Ella se olvida cuando nos mandó a meter el partido en el orto y hacía gala de haber votado por el colorado Abelardo Ramos cuando compitió contra Perón en 1973?", le escribió un dirigente sindical relevante apenas terminó su alocución.
La puesta en escena no la ayudó a la nueva jefa del peronismo a graficar esa regeneración del vínculo con la gente que ella planteó. Con Ricardo Tignanelli, de Smata, en un extremo, casi siguiendo el discurso de costado por la incomodidad que le provocaba la mesa en la que estaba, y José Mayans a la derecha, Cristina Fernández de Kirchner. Lo más gráfico de la puesta fue cuando al final, la mayoría de los mayores presentes, donde la juventud era muy poca, cantaba por la gloriosa Juventud Peronista.
En las primeras filas, justo frente a la jefa del peronismo, había más aliados que referentes forjados en el peronismo. Además del mencionado Pérsico, Leo Grosso, Martín Sabbatella y Carlos Heller, del ex Partido Comunista, sobresalían sobre el resto. La mayoría del peronismo no estuvo, pero ni los propios dirigentes ausentes todavía no se dieron cuenta.

