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Los límites de la gobernabilidad en un final de campaña sin control

El Congreso será clave en la Argentina que viene. La gobernabilidad estará en juego cualquiera sea el ganador de la elección de octubre. Patricia Bullrich y Juntos por el Cambio ofrecen algunas certezas sobre su marco de alianzas futuro; Javier Milei y Sergio Massa con mas chances de dialogar.
Foto: Télam
Foto: Télam

Restan solo 29 días para la elección presidencial y la sensación que abraza hoy a todo el mundo de la política es que el final de la campaña será muy difícil de controlar. La dirigencia más experta reconoce que "nunca se vio algo así en la Argentina". Todo el proceso de crisis del Frente de Todos y Juntos por el Cambio y la aparición de un actor sin partido como Javier Milei es un laboratorio político de ensayo sin verdaderas certezas; la estabilidad misma esta en peligro en el futuro cercano.

El problema no sería tan grave si detrás de todo ese juego político hubiera proyecciones de estabilidad en la conformación del nuevo Congreso que asumirá el 10 de diciembre. Todo lo contrario: cualquiera de los resultados electorales que hoy se evalúan va a dejar como consecuencia un Congreso dividido donde la negociación será la regla. Si el triunfador fuera Javier Milei ese efecto será aun mas agudo. Argentina se enfrenta al difícil horizonte de tener que vivir en una suerte de sistema parlamentario, cuando constitucionalmente tenemos un régimen presidencialista fuerte. La mala noticia es que los límites de la gobernabilidad se van a ver desafiados continuamente en los próximos años.

La campaña ya esta jugada para todos y la pregunta fatal sigue siendo: ¿quién tendría mayor garantía de gobernabilidad cuando llegue al ahora de negociar en el Congreso?

La culpa de esta incertidumbre que no se calmará por viene de hechos que ya son ampliamente conocidos: la aparición de Javier Milei como reacción a un hartazgo general contra la vieja política, el milagro de la continuidad en carrera de Sergio Massa que arrastra el rol de ministro de una economía desquiciada junto con el de candidato aun con chances y el desvarío de Juntos por el Cambio que hace un año tenía la elección ganada y hoy esta a las trompadas para entrar al balotaje. 

"El resultado de dentro de 30 días no lo controla nadie", se consuela un dirigente radical que reconoce que la buena perfomance que esta teniendo su partido en las elecciones a gobernador e intendentes alcanza para alimentar el optimismo pero no garantiza aun que la UCR, con o sin Juntos por el Cambio, pueda pensar en un armado nacional propio.

Los radicales jugarán un rol imprescindible en el armado de la nueva Cámara de Diputados, pero el interrogante será ver cómo lo harán y si será unidos a divididos. Esta claro que este dilema desaparece si la corona de la presidencia cae en la cabeza de Patricia Bullrich, pero la realidad obliga a analizar todos los escenarios posibles.

Será difícil, por ejemplo, imaginar al radicalismo porteño de la mano  de Emiliano Yacobitti y Martín Lousteau cerrando acuerdos en el Congreso si el presidente es Milei. También es cierto que ese ejercicio de imaginación parece imposible para quienes se mantengan en el universo de Horacio Rodríguez Larreta en dentro del PRO. Entre los seguidores del jefe de gobierno porteño hay alguna esperanza que los anima a pensar que en el futuro podría volver a apelarse a la moderación si una nueva crisis agrava la situación del país en medio de una experiencia del liberalismo duro. 

Todo será motivo de negociación en el futuro próximo y se sabe que en Argentina y el mundo esos intercambios para armar mayorías legislativas siempre tienen un costo altísimo para la caja pública. Será un desafío para Milei si es presidente y tambien para Bullrich pero menos para Sergio Massa que ya tiene el training de contar con la maquina del Banco Central para solucionar esos problemas y, además, contará con el visto bueno de los siempre necesitados gobernadores para hacerlo.

Mauricio Macri será protagonista también de ese juego, pero por ahora frenó cualquier definición que siguiera sumando confusión (se entiende que mas de la que él mismo ya sumo) a la definición idoleológico-práctica de Juntos por el Cambio. Por estos días Macri sobreactúa a toda velocidad apoyos a Patricia Bullrich, después de haber sido confuso en definir su mayor o menor cercanía a Milei en el inicio de la campaña, el expresidente ahora parece no querer aparecer como responsable de una hipotética derrota de la candidata de JxC.

El martes pasado  Macri cumplió en Córdoba con el cometido de atender a ese electorado que siempre le fue fiel y hasta le garantizó la presidencia, pero lo hizo con un paso fugaz. Los radicales cordobeses, con toda la malicia posible, afirmaron que ese viaje fue sólo para cumplir. Se anticipan a un nuevo giro de Macri hacia Milei de acuerdo a como venga el resultado. Curiosamente en ese marco de estrategias Macri quedaría sin quererlo cerca de Massa que esta demostrando una plasticidad inimaginable para tener puntos en común con el libertario y viceversa. La votación por la eliminación de la Cuarta Categoría-Trabajadores en relación de dependencia del Impuesto a las Ganancias fue una prueba de eso. JxC avanzó en contra de la derogación, aun cuando algunos radicales hubieran preferido abstenerse en lugar de votar en contra. Para algunos Milei les tendió una trampa al apoyar el proyecto de Sergio Massa de la que Juntos no pudo salir, para la conducción de Juntos por el Cambio fue una acción que dejó al desnudo una sociedad entre Massa y el libertario que podría reeditarse sin problemas en el futuro. 

Desde Córdoba, además, llegarán a Diputados otros votos clave de la mano de Juan Schiaretti y su sucesor en el poder del PJ provincial Martín Llaryora. Los votos del bloque cordobés en el Congreso sirvieron históricamente para definir o frenar leyes del kirchnerismo y también de Macri. Schiaretti sabe que volverá a tener ese mismo peso en los próximos cuatro años y tendrá poder para negociar con cualquiera de los tres que resulte presidente. Ese peronismo no es el mismo de los sindicatos que se muestran con Milei y hasta increíblemente cantan en contra de la "casta" como en la cena que Luis Barrionuevo le armó al libertario, aunque sin regalarse su presencia para la foto. El voto cordobés, como siempre, se va a mostrar independiente y se hará cotizar caso por caso en el Congreso. 

Queda poco por definir para el tramo final de la campaña. En Juntos por el Cambio relatan que Derek Hampton, el asesor para temas puntuales de la estrategia, volvió a insistirle a Patricia Bullrich en que abandonara toda idea de seducir el voto joven. Quizás erróneamente ya lo dan por perdido en manos de Milei. Le recomiendan a Patricia que refuerce el rol de ser el voto antikirchnerista maduro y realmente efectivo. El cambio queda para el libertario, la estabilidad y el regreso a un país equilibrado para Bullrich. Esa es la premisa.

En ese juego Patricia Bullrich seguirá pegándole a Milei de forma lateral, sin impactarlo de frente y se dedicará a fondo contra Massa. El libertario hoy puede destrozar al Estado entero en su discurso de campaña sin que ninguno de sus votantes le cuestione nada. Ese voto esta decidido y no cambiará.

En el otro lado del ring esta Massa que superó todos los prejuicios posibles en su carrera presidencial. El ministro de Economía seguirá lanzando anuncios y manteniendo aturdido al mercado que, de todas formas, sigue en medio del pánico de lo que puede suceder tras las elecciones cuando se terminen los congelamientos múltiples que decretó el gobierno, entre ellos el del dólar oficial. La evolución del blue de estos días sigue mostrando esa temperatura alta. El límite que ve Massa en estos días es curioso y muestra también un escenario nunca visto: los propios beneficiarios de sus anuncios no saben si alegrarse o preocuparse con cada bono o beneficio que se lanza. El temor a que la inflación que viene se lleve en breve cualquier beneficio es mayor a cualquier anuncio. La devaluación a $365 tras las PASO ya quedó corta y no hace falta ser economista para darse cuenta.