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La actividad es normal y piden que la ciudadanía gane la calle con su rutina habitual

Escuelas abiertas, colectivos circulando y comercios abiertos. No hay indicios de alteración en la provincia, pero la duda es qué hará la ciudadanía.

Escuelas abiertas, comercios con persianas levantadas; colectivos circulando. Las actividades en Mendoza son normales porque no hay ningún indicio real que merezca una alteración del orden. La duda es qué hará la ciudadanía. Si ganara la calle con su rutina habitual, o Mendoza vuelve a vivir en un clima enrarecido por los rumores, las historias creadas en redes sociales y convertidas en realidad a fuerza de contagio.

El Estado intenta dar señales de garantías de seguridad. Todas las instituciones funcionan de manera normal y hay un pedido para que los padres lleven a sus hijos a las escuelas y todos acudan a trabajar. Además, prometen, habrá más presencia policial y toda la tecnología está dispuesta para prevenir. Ante cualquier indicio, pidieron que se denuncie al 911. El camino discursivo elegido es el de la mano inflexible ante los delincuentes, que irán presos los que inciten a los saqueos y los que los ejecuten. 

En las primeras horas no hubo problemas. Pero sí cambios de rutina. En las escuelas, por ejemplo, optaron por mantener portones cerrados y restringir la presencia en la puerta. 

El Gobierno busca dar un mensaje aleccionador, haciendo foco en la pena y la detención de los agitadores. 

A pesar de las innumerables versiones que circularon, no se registró ninguna denuncia formal, ni hecho fuera de los focos de delincuencia puntual que ocurrieron en Las Heras y el Valle de Uco.

La sensación generada en las calles tuvo como germen el temor autogenerado por rumores, cadenas falsas y reproducción de mensajes malintencionados. El problema es que el vacío generado en la calle fue contraproducente; pues ante la duda la extrema precaución primó. Por eso también hay temor de que ese efecto contagio basado en situaciones irreales vuelva y haya ausentismo en las escuelas y otras consecuencias. 

Según los datos recolectados por MDZ en las recorridas y con consultas a referentes sociales y políticos, no hay manifestaciones en reclamo de ayuda o demanda de asistencia.  Se trata de grupos que, agitados de manera externa, aprovechan la confusión para robar. Aún así se trata de grupos aislados: hoy la provincia estuvo parada, a pesar de que se trataba de problemas focalizados.

Señales

La reacción política fue diversa. En el Gobierno destacan los mensajes de Omar Parisi y el apoyo de Anabel Fernández Sagasti, ambos referentes del peronismo, que se pusieron a disposición y hasta propusieron un comité de crisis. Fuera del lugar común, creen que hay un mensaje empático real. Incluso durante el fin de semana, cuando comenzaron los conflictos, había preocupación en el peronismo mendocino. No lograban atar cabos para saber si había agitación política, o cuál era el germen. No es igual la sensación y la relación con la Unión Mendocina y Omar De Marchi, a quien apuntan como oportunista por haber optado por dar mensajes individuales como candidato, antes que ponerse a disposición como dirigente. 

En la falta de coherencia y la dispersión está una de las claves: la agitación se ejecuta desde medios “anárquicos” como las redes (algunas veces organizados y otras más improvisadas) y los ejecutores pueden no tener que ver con ellos. Alguien “tira” un mensaje, y la viralización hace el resto. Del otro lado, los oportunistas ejecutan a su manera: robos, disturbios, agitación. 

Como explicó MDZ, el vínculo que cada persona tiene con su celular es tan íntimo como la relación con sus familiares. La empatía de los mensajes que llegan allí, en grupos donde se mezcla la afectividad, juega un rol perjudicial a favor de la credibilidad de mensajes sin chequeo: voces y alertas verosímiles, que se creen reales. Tanto, que hasta pueden desacreditar a informaciones oficiales, publicaciones periodísticas y la propia realidad. “Hay robos en calle Arístides”, decía un mensaje que llegó a MDZ, medio que queda en calle Arístides, donde no ocurría nada fuera de lo convencional.