El gesto urgente que necesita Mendoza para mantener la paz tras los intentos de saqueo
Durante el último fin de semana Mendoza vivió momentos de zozobra que exigen actitudes maduras de toda la sociedad; de la dirigencia política, empresaria, social y de los ciudadanos. Primero, para defender la paz, los valores democráticos, la seguridad y el derecho que tienen todos los mendocinos a vivir tranquilos.
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Los disturbios comenzaron a gestarse en el aparente anonimato de las redes sociales para luego propagarse a través de grupos familiares, de vecinos y comunidades enteras; generando temor y despertando el oportunismo de los delincuentes que están al acecho. También hay en Mendoza grupos marginales, un lumpenaje dispuesto a cualquier cosa para sacar rédito de la crisis y la vulnerabilidad.
La crisis es profunda. Hay indicadores que incluso son peores que en crisis anteriores. Sin embargo, la situación social es muy diferente a lo que ocurrió en 2001, por mencionar un momento dramático y de ebullición. El Estado tiene una red de contención y de transferencia de recursos para asistencia que en esos momentos no existían. Los violentos ataques ocurridos en comercios de la Provincia no tienen que ver con reclamos por alimentos o ayuda de parte de personas que necesitan. Son oportunistas, delincuentes que aprovechan la situación, entre otras cosas la falta de respuesta.
En los hechos ocurridos este fin de semana no hay hambre. No hay reclamos. Hay delincuencia y oportunismo en hechos que deben ser repudiados.
Vacío e incertidumbre
La incertidumbre política y la ausencia de autoridad a nivel nacional tiene repercusiones sociales. Esa sensación de vacío crea un clima propicio para esos oportunistas, pero no solo eso. Las redes ayudan a masificar mensajes que, sin importar su origen, se propagan rápidamente dejando de lado el factor verdad: se crean climas verosímiles que tienen efectos reales en la vida cotidiana, como profecías autocumplidas. Es responsabilidad de todos el camino que pueda tomar esos mensajes, evitando reproducirlos ante las dudas; consultando y denunciando hechos de violencia, agitación y delitos.
No es una situación nueva en Argentina y menos en Mendoza. La memoria emotiva genera más angustia al hablar de saqueos, tensión. Las escenas ocurridas en Las Heras y el Valle de Uco, con grupos organizados tratando de robar enmascarados en otras situaciones, la policía actuando y hasta siendo violentada, acompañado todo por un clima político de desentendimientos, falta de acuerdo y oportunismo diverso.
La delicada situación que se vive exige gestos y hechos contundentes para devolverle la tranquilidad a los mendocinos. La paz para trabajar, estudiar, producir, enseñar y aprender, alejando esos fantasmas que tanto mal hacen.