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Una testigo agravó la situación del juez Alejandro Maraniello ante el Consejo de la Magistratura

La Comisión de Acusación del cuerpo escuchó a Daniela Mangano, quien brindó un contundente relato detallado de violencia, presiones laborales y presuntos vínculos personales dentro del juzgado.

El juez Patricio Maraniello carga con nueve denuncias por acoso sexual, maltrato y abuso de poder.

El juez Patricio Maraniello carga con nueve denuncias por acoso sexual, maltrato y abuso de poder.

A lo largo de más de 6 horas, la Comisión de Acusación del Consejo de la Magistratura escuchó a la prosecretaria en el fuero civil y comercial federal Daniela Mangano en el marco de la denuncia contra el juez Alejandro Maraniello por acoso sexual, maltrato laboral, abuso y violencia de género contra empleadas de su juzgado.

Relato de agresión física y un clima de hostilidad permanente

El testimonio de Mangano fue directo y, por momentos, atravesado por el llanto. Dijo que le tenía “miedo” al magistrado y describió un clima de trabajo marcado por tensiones, privilegios y desorden interno. Según relató, en una ocasión el juez la citó “furioso” a su despacho, la tomó con fuerza del brazo y la sacudió mientras le gritaba: “¿Cómo puede ser que no entiendas?”. El episodio ocurrió cuando una secretaria, a la que el propio juez le había prohibido asistir, le pidió ayuda urgente.

Daniela explicó que esa secretaria no estaba preparada para el cargo y que, al igual que otra empleada, mantenía o había mantenido una relación personal con el juez. Ambas, sostuvo, tenían “privilegios”. En ese contexto, dijo que su intención era sostener el funcionamiento del juzgado, aunque el propio Maraniello le advirtió: “Si yo caigo, caés vos también”.

Por otra parte, señaló que el magistrado utilizaba el despacho judicial para actividades vinculadas a una asociación que presidía, donde firmaba contratos y mantenía reuniones. Además, aseguró que en una oportunidad se ausentó dos semanas tras la feria judicial para asistir a un congreso en Estados Unidos, viaje que realizó junto a una secretaria que continuó trabajando de forma remota sin aviso. También afirmó que un empleado de menor rango era utilizado como chofer.

La gravedad de las denuncias: acoso, abuso y rotación de personal

Finalizado su testimonio, vino el turno de Mariana Roger, secretaria general de la Cámara Civil y Comercial Federal. Confirmó el estado de vulnerabilidad de una joven que había denunciado al juez por abuso sexual. Según dijo, la mujer se encontraba atemorizada cuando fue escuchada y agregó que en la Cámara llamaba la atención la alta rotación de personal en el juzgado de Maraniello. Varios empleados, aseguró, manifestaban temor y evitaban trabajar con él.

La investigación de la comisión apunta a determinar un posible mal desempeño del juez. En el expediente se incluyen acusaciones de maltrato laboral, acoso sexual y hasta abuso sexual. La causa se inició en 2024 tras una denuncia de la Asociación de Judiciales y fue escalando desde la Comisión de Disciplina hasta la de Acusación, donde se analizan sanciones más severas, incluida una eventual destitución.

En instancias previas, el ex camarista Guillermo Antelo declaró que una de las víctimas le contó que el juez le exigía “usar pollera y tacos” y que ingresaba diariamente a su despacho para tomarla de la cintura y besarla. Por su parte, la jueza Florencia Nallar relató que otra empleada habría sido convocada al domicilio del magistrado con excusas laborales, donde luego habría sido forzada a mantener relaciones sexuales. Una jefa de despacho, ya ante la Comisión de Acusación, lo describió sin rodeos: “Se sacaba y no tenía límites; es un violento, un maltratador”.

Privilegios internos y el manejo personalista del juzgado

Mangano, en su exposición, insistió en que era “habitual” que el juez manejara el juzgado como una extensión de su asociación. También describió el caso de una joven empleada que ingresó sin experiencia y rápidamente accedió a privilegios. “Pasó de no saber nada a tener poder”, dijo. Según su relato, la cercanía con el juez generaba temor entre los empleados, que sentían que cualquier situación podía ser reportada directamente.

En otro tramo, contó que el magistrado intentó trasladar a esa empleada a otro juzgado y le pidió que la convenciera. “Mi sospecha es que ella había trabajado mucho para la asociación, lo amenazaba con algo y por eso se la quería sacar de encima”, afirmó. La testigo también describió conflictos internos entre secretarias, a quienes el propio juez le habría confesado haber mantenido relaciones personales. Ese clima, dijo, impactaba directamente en el funcionamiento del juzgado.

El episodio de violencia que relató ocurrió cuando, pese a la prohibición, intentó ayudar a una secretaria en dificultades. El juez la descubrió, la citó y reaccionó con agresividad. “Me agarró del brazo y me empezó a zarandear. Tenía la cara muy cerca”, recordó. Luego, según su testimonio, le dijo: “Si se le cae a pedazos la secretaría, es problema de ella”.

Amenazas de represalias y el quiebre final: "Era mi obligación"

También relató que, tras la pandemia, el juez la increpó por la acumulación de escritos. Ella explicó que faltaba personal y que estaban desbordados por amparos de salud. La respuesta fue otra advertencia: “Si yo caigo, vos caés atrás mío y todos caen”.

Hacia el final, entre lágrimas, explicó por qué decidió denunciar. Contó que, cuando acudió a la oficina de Bienestar Laboral, el juez comenzó a llamarla insistentemente, lo que le provocó un ataque de ansiedad. “Si no denunciamos, pasamos de ser víctimas a cómplices. “Era mi obligación”, afirmó. Y concluyó: “Ni loca volvería a trabajar con Maraniello”.