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El dilema Milei: a la dolarización se entra, pero no se sale

Todo esta en juego. Milei y sus economistas deben explicar ahora cómo será el camino que eliminará el peso de la economía argentina. La historia muestra que procesos similares no fueron fáciles. Bullrich con Melconian recorrerán la moderación del bimonetarismo. Massa agota las buenas noticias.
La historia dice que los países que entraron en la dolarización no lograron luego salir Foto: Pexels
La historia dice que los países que entraron en la dolarización no lograron luego salir Foto: Pexels

Javier Milei ganó en la PASO pero aún no está claro si puede ser presidente de la Nación. Hay diez puntos esenciales que lo separan de ese objetivo ya que debería trepar hasta 40% para poder pensar en zafar del balotaje. Con 15 puntos de diferencia lograría la primera vuelta y todo se tornaría en un escenario mucho más impredecible para la política. Esa regla sui géneris que fija nuestro sistema electoral para la elección presidencial, junto con la PASO, terminaron configurando un esquema de tres vueltas donde cada una se constituye en una elección distinta en sí misma. En ese juego estamos ahora inmersos los argentinos, mientras escuchamos una música de fondo que envuelve y puede ser la clave de la definición: la dolarización.

Hay casi 3 millones de votos que no fueron a las urnas en las PASO y que son el botín que buscan tanto Javier Milei, como Patricia Bullrich y Sergio Massa. Como en el principio de la campaña, cada uno deberá explicar su visión de un futuro cercano para los argentinos: Milei intentará mostrarlo con una "revolución" de por medio para dar vuelta el sistema actual, Massa apelará al cambio moderado y Bullrich la tiene más difícil porque debe transitar ambos caminos al mismo tiempo.

El discurso de la dolarización caló hondo en un país que no tiene moneda. Quienes no pueden ahorrar y llegar al paraíso del dólar sueñan ahora con la posibilidad de lograrlo cobrando sus sueldos en dólares, como les promete la dolarización que vende Milei. Técnicamente se sabe que eso será imposible en el corto plazo, pero la realidad de la inflación con índices de agosto que pueden superar el 10% tras la devaluación que Massa dispuso la noche misma de la PASO, acelerará esa sensación de gran funeral nacional que vive el peso y alentará la promesa del libertario.

Esa destrucción de valor que no cesa y el mensaje de Milei precipitaron otro récord macabro para nuestra cultura nacional: el dólar ya no es sólo un refugio de valor para los que no viven al día y pueden cuidarse de la devaluación pasando parte de sus ingresos al billete verde, ahora también es un aspiracional económico-cultural para los que no tienen nada y creen que de la mano de la dolarización vendrá la igualdad económica para todos. La decepción puede ser enorme. 

Milei cree que el proceso de dolarización no se concretará en los primeros 9 meses.

En ese sentido el desafío que plantea Milei para el sistema político se volvió gigante y extremadamente peligroso. La nueva grieta ya se instaló hasta en el seno de muchas familias: la pelea ahora es entre saltar sin dudar hacia los preceptos libertarios o pensar en una salida que contemple alguna moderación posible.

Milei abrazó la dolarización como bandera y tomó el modelo que proponen Emilio Ocampo y Nicolás Cachanosky. Un libro de ambos resume esa propuesta. Ocampo comenzó a explicar esta semana la línea técnica del plan de dolarización que apoya Milei. Su mensaje tiene a favor la seducción que provoca Milei entre muchos argentinos hartos de un sistema político que no da respuestas y de un despilfarro de fondos públicos bajo el pretexto K de "garantizar derechos" de los que hoy muy pocos pueden disfrutar. En contra de ese propósito tiene la complejidad técnica de ese proceso de dolarización que hoy tiene peligrosos interrogantes que, inclusive, ni los propios libertarios pueden terminar de despejar. 

Hay una realidad complicada para comenzar a analizar ese proceso: de la dolarización no se sale. Los países que han adoptado el dólar como moneda no tienen la más mínima chance de dar marcha atrás y recrear confianza en una nueva moneda en el caso que el experimento dolarizador no funcione. El ejemplo de Ecuador está a la vuelta de la esquina. La dolarización llegó a ese país hace 23 años de la mano de Jamil Mahuad. El impacto fue directo: generó estabilidad y bajó la inflación de un plumazo. El problema es que hoy el deficit fiscal continúa, la pobreza no pudo bajarse de los dos dígitos como el desempleo, y el riesgo país sigue siendo un dolor de cabeza. Cuando en el 2007 llegó Rafael Correa al poder intentó salir de ese esquema y le fue imposible a pesar de toda su carga ideológica y autoritaria. Está claro que entrar en la dolarización no es una medida económica más.

El kirchnerismo, que sabe como ningún otro sector político cómo salir de escena cuando le conviene y pasar las culpas de sus propios errores a un tercero, no se involucra en esta discusión, pero tampoco abandona ahora a Massa a su suerte simplemente porque el ministro de Economía quedó "con vida" tras la PASO y con alguna chance de pelea. Esa es la medida real del fracaso de Juntos por el Cambio en la elección (tanto para Horacio Rodríguez Larreta como para Patricia Bullrich) en la que fue víctima de Milei no por virtudes del economista sino por la desastrosa interna que terminó hartando hasta sus propios votantes.

Sergio Massa no tendrá buenas noticias económicas para comunicar antes de las elecciones de octubre.

El debate real ni siquiera comenzó para Juntos por el Cambio, aunque si para Milei y para Massa. Eso no implica ninguna ventaja para Bullrich que aún no acomoda el discurso estratégico con el que deberá hacer campaña. La candidata deberá demostrar que existe un camino posible para la economía de la mano de un modelo bimonetario, en contra de la "revolución" que plantea Milei. La primera decisión que tomó Bullrich fue poner a Carlos Melconían a la cabeza de ese proceso. Podría, inclusive, hacer lo que evitan otros candidatos: anticipar su nombre como posible ministro de Economía si gana las elecciones.

El sistema bimonetario tiene, a diferencia de la dolarización, antecedentes claros en la historia argentina. En la práctica, además, es el esquema con el que busca garantizarse la actividad económica en el país: ahorrar y contratar en dólares, vivir el día a día en pesos. Cristina Fernández de Kirchner buscó eliminarlo al punto que ella misma, con su lapicera, borró del proyecto del nuevo Código Civil que habían redactado Ricardo Lorenzetti, Elena Highton y Aida Kemelmajer de Carlucci, la posibllidad de mantener la validez de contratación en pesos y dólares para nuestro sistema.

Dentro de la complejidad de reformas que explica Melconian, el mantenimiento de un esquema de validez dólar-peso como opción en la economía argentina, manteniendo nuestro esquema monetario pero restringiendo a cero la posibilidad de financiar al Tesoro con emisión del Banco Central, aparece hoy como una propuesta moderada y posible frente a la incierta "revolución" de Milei. Ese ese el terreno que pisará Bullrich en los próximos días.

Nada será fácil para Massa en los próximos días. Salvo por el viaje a Washington y el desembolso esperado del FMI, ya no tendrá ninguna buena noticia en materia económica para batallar hasta octubre. La inflación creciente, el impacto de la devaluación, una economía que en algunos sectores está al borde de la parálisis y un "efecto 2019" que hoy le juega en contra, lo acompañarán en ese camino. Esta semana, además, Massa deberá sufrir el embate de la CGT y una larga lista de gremios que le piden reabrir paritarias para moderar el impacto de la devaluación en los sueldos. Es un escenario complejo y peligrosamente parecido al de 1989.