Dólares, oro y cuevas: la coima millonaria que quería cobrar Bento, con derivaciones internacionales y en el Central
Si al atender el teléfono Walter Bento escuchaba algún saludo coloquial, fuera del protocolo adulador; cortaba y obligaba a volver a llamar: “Doctor Bento”, decía él ante quien osara decirle Walter, a secas. En la vida formal era así; y en la vida relacionada con los delitos de los que está sospechado también. El juez era también el hombre de los mil apodos; todos con el objetivo de hacerse engrandecer: “jefe”, “el gran jefe”; el “gran gran”, “el 1”. Ahora el exjuez Bento, está acusado y sus privilegios quedaron de lado. Sentado en el banquillo, el suspendido magistrado seguirá escuchando las acusaciones. Y aunque lo más relevante es la asociación ilícita que tenía, según la acusación, con abogados, policías, informantes y delincuentes federales, también actuaba solo, pues posibilidades le sobraban.
Entre los hechos que se acumularon en el juicio hay uno particular donde se trasluce cómo, aparentemente, Bento cobraba por protección en todo tipo de delitos y en algunos casos actuaba de manera directa. Es lo que pasó con el tráfico de divisas y aparente lavado de dinero de origen delictivo. Bento era parte de la protección que tenía una red que incluía cuevas en la galería Tonsa, delincuentes en Chile que traían divisas originadas, según la sospecha, en el narcotráfico y hasta un contacto en el Banco Central de la República Argentina.
Oro y dólares
El juez está acusado de ser el líder de una asociación ilícita dedicada a dar favores en causas federales a cambio del pago de coimas. Ese mecanismo funcionaba con el juez como cúspide de la pirámide, "punteros" y abogados que hallaban a los clientes y toda una trama abajo de otros abogados y funcionarios que eran alfiles. Actuaban en delitos como contrabando, trata, drogas y Bento tenía, además, acciones individuales. Es lo que ocurrió, al parecer, con el caso del tráfico de divisas de la galería tonsa.
A través de intervenciones telefónicas la justicia logró armar la línea de tiempo y también argumental: alguien en el BCRA le daba protección a la organización en Buenos Aires. Bento lo hacía en Mendoza con la justicia, pues tenía jurisdicción en todo lo que pasaba en el Paso Cristo Redentor, en los delitos relacionados con el manejo de divisas y también el vínculo con las fuerzas federales. Por eso, por ejemplo, delegaba en fiscales la investigación que le correspondía a él para demorar; dilataba de manera insólita los allanamientos y otros procedimientos y hasta cometía errores en los escritos.
En una de las escuchas los acusados hasta mencionan el pedido de coima de Bento porque se había ido de las manos. Según relataron, el juez había solicitado la mitad de todo el dinero y el oro incautado por la policía en una de las cuevas. La cifra era millonaria y se iba del rango de 20 mil dólares que habían acordado como pago.
Los sobornadores eran Enrique de la Cruz, dueño de locales en la galería Tonsa, José Sanguedolce y un tercer integrantes que tenía un rol similar. Se trata del abogado Jorge Horacio Guiñazú, alias “Cuqui”, quien tenía el contacto para conseguir avales ilegales en el Central y era una pieza clave.
El 24 de abril de 2018 se realizó un allanamiento en la galería Tonsa, epicentro de las cuevas mendocinas. Allí se secuestró un lingote de oro; 240 mil dólares en billetes de 100, 12.800 dólares en billetes de 50; joyas y otros bienes. Los “perjudicados” por las divisas secuestradas acudieron a ejecutar sus mecanismos de protección con el juez Bento. En comunicaciones realizadas entre ellos se lamentan por lo sucedido y discuten el monto de la coima. Uno de ellos relata que el juez pidió la mitad de todo lo secuestrado y se escandaliza porque el arreglo era por 20 mil dólares. El otro se resigna: asegura que da todo por perdido y que no le interesa dejarle todo a cambio de que lo dejen “trabajar tranquilo”.
El problema es que esos operativos eran con conexiones internacionales. La PDI de Chile en conjunto con Gendarmería Nacional solicitaron al Juez intervenciones telefónicas. Y allí es donde se descubrieron las referencias de Enrique de la Cruz sobre Bento. Es DE La Cruz el que dice que solo quiere “trabajar tranquilo”. La investigación original se inició en Chile al seguir la ruta del dinero ilegal proveniente, según las sospechas, del tráfico de drogas. Ese dinero venía a Mendoza para licuarse en el mercado de cambios ilegal. Por eso los investigadores chilenos se contactaron con sus pares argentinos. El problema era que tanto el paso Cristo Redentor, como las causas federales ligadas estaban a cargo de la misma persona sospechada por corrupción.

Bento demoró los allanamientos. Luego delegó la investigación en la fiscal, una medida extraña para el caso, y demoró aún más las otras medidas procesales, como la citación a los acusados, que se hizo casi 20 días más tarde. Incluso un error ridículo y aparentemente hecho adrede demoró todo: no puso los DNI de los imputados, por lo que las citaciones eran nulas. “Tampoco dispuso medida alguna respecto de las restantes peticiones formuladas por la Fiscalía, entre ellas el peritaje tecnológico de todos los dispositivos electrónicos secuestrados en los allanamientos que fueron remitidos al Banco Central y las medidas de inteligencia propuestas para determinar el accionar de los investigados, respecto de las cuales también ordenó “tenerlas presente”, dice la acusación.
En una escucha telefónica realizada un año después, la referencia a la coima al juez queda más clara. Enrique de la Cruz le aclara a Guiñazú en la llamada que “con Bento tengo llegada, tengo un arreglo incluso entendés, bah…el Bento quiere manotear algo de plata”. Guiñazú quiere acordar. De la Cruz agrega que “Bento quería quedarse con la mitad de la guita, quería el 50% de la guita”. Es decir la mitad del dinero incautado. Allí aparece otra referencia. El juez le había sugerido que quería “20 lucas” (20 mil dólares) para la fiscal. Luego se probó que era una maniobra espuria del acusado porque la fiscal no estaba involucrada.
Es Enrique de la Cruz el que reafirma el vínculo con el titular del Juzgado Federal 1. “La relación con éste (Bento) me viene bien, porque mientras éste esté con la ilusión de que algún día va a cobrar la guita (los dólares y el oro secuestrado), no me va a romper los huevos entendés, ni me va a firmar una orden de allanamiento por mí, ni nada por el estilo viste. Si a mí me dejan laburar…si yo rapiño algo el día de mañana de ahí es como si me saco la lotería”, se escucha en los audios.
Bento demoró todo, incluso libró oficios más de seis meses tarde respecto a la urgencia con que habían sido solicitados. Los delincuentes confirman esa tesis, pues hablan de que el Juez podría hacer prescribir las causas con el tiempo como “ha hecho muchas veces”, hacerse el enfermo para postergar audiencias, dejar las causas “livianitas” para dejarlos trabajar y otras medidas dilatorias. En este caso, creen, Bento actuaba sin intermediarios.
Algo similar había pasado, aparentemente, con causa que ya fueron juzgadas. Ocurrió, por ejemplo, con el prostíbulo de lujo que funcionaba frente al Hotel Hyatt, conocido como Pyme Vip. En las escuchas de esa casusa Sebastián Solé, dueño del lugar y condenado a 8 años de cárcel, menciona la protección del “gran jefe”; es decir Walter Bento.


