Julián Rodríguez: "Aristóteles y Shakespeare tienen mucho para aportar en el Siglo XXI"
Julián Rodríguez es un hombre de la ciencia y de la educación, dos pasiones que lo mueven hace treinta años. Recién en diciembre de 2027 decidirá su futuro académico, cuando se termine su segundo mandato como rector de la Universidad Austral, una de las casas de estudios más antiguas y prestigiosas del país. Cree en la convergencia de la vida digital y la llamada "old school" para sostener el aprendizaje, la lectura y mejorar la comprensión.
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Rodríguez es físico de la Universidad de Buenos Aires (UBA) y después hizo el MBA del IAE Business School, lo que lo dotó de una mirada empresaria y le permitió también ser docente de Managment de la Escuela de Posgrados en Comunicación y en el Centro de Estudios Interdisciplinarios en Gestión y Economía de la Salud (CEGES) de la Facultad de Ciencias Biomédicas.
Llegó puntual a la redacción de MDZ para explicar los desafíos de la formación docente, el perfil de los nuevos estudiantes y el futuro de la Universidad por donde pasaron los principales referentes empresariales y políticos de las últimas décadas.
- Pienso en el desafío que tenés por delante con el avance de la tecnología y la educación, asistiendo desde ChatGPT a diferentes tipos de inteligencia artificial. ¿Cómo se conjuga eso con el trabajo de tanta tradición y cultura como el de la Austral?
- Es una respuesta multidimensional. Primero hay que entender que la universidad es un concepto que quedó mutando a lo largo del tiempo. No es lo mismo la que nace en París, estamos hablando de universidades con un altísimo nivel de humanidad y ciencia, es esa universidad que pretendía a través de la filosofía, a la teología o la geometría. La temática era una comprensión integral del mundo, la universidad más investigadora es decir, de corte más alemán, que es conocer más en profundidad el conocimiento específico de la ciencia y después la universidad que prepara profesionales. Ahora lo que la universidad no ha perdido y no debe perder es esa visión integral de la sociedad, de la historia, del hombre. Hay una frase muy ilustrativa de John Herbie Newman, una gran personalidad en Inglaterra y un gran pensador que dijo: "la Universidad si quiere estar en la frontera del conocimiento y la innovación, lo que tiene que hacer es anclarse en sus valores esenciales".
- Ha cambiado la forma de educar, de mostrar la información, todo cambió y cambiaron los estudiantes supongo.
- Como en casi todas las realidades, hay luces y sombras, aspectos positivos y negativos. El ingresante de hoy no se puede soslayar la pandemia, porque vivieron una secundaria distinta con unos resultados cuestionables, y no por su voluntad.. Eso tiene un impacto en los conocimientos y también en cuestiones psicológicas y afectivas. Son chicos más frágiles, más lábiles, que no tienen tolerancia al fracaso como nosotros. Tienen necesidades de vínculos y hay que trabajarlos de otro modo, entonces quizás eso son las sombras, quizás vienen menos sólidos desde un punto de vista humano.
-¿Cuál es entonces el aspecto positivo los nuevos alumnos post pandemia?
-Son chicos que tienen una enorme apertura a lo nuevo, a lo distinto. Tienen una gran flexibilidad, son más prácticos, mas arriesgados que generaciones anteriores, no tienen miedo de animarse a cosas nuevas. Otra cosa que yo valoro es la gran sensibilidad que tienen por el medio ambiente, por la igualdad y por las temáticas sociales, que hace veinte, o treinta años atrás los alumnos no tenían.
- ¿Cómo cambió el mundo con respecto a la cultura, dado que ahora tal vez no sepan quién fue Bukowski pero se interesan por otras cosas? Antes, el que no leía Borges era una verguenza, ¿qué cambió?
- Son absolutamente distintos, este nuevo alumno tiene el estímulo de lo digital y la terrible oferta que esto ofrece, que va desde Netflix a TikTok.Esto conspira claramente, pero hay una sana curiosidad de aprender cosas nuevas que está relacionada con el hombre, la historia, la cultura y una curiosidad que me parece que puede ser cuestionable, relacionada más con el morbo que generan las fake new y esas ganas de conocer todo ya, la inmediatez. Tenemos una responsabilidad, me parece que es ayudar a los chicos que están a saber elegir bien. Pienso que Quevedo, Shakespeare, Cervantes tienen para seguir aportando en el siglo XXI, en el siglo de digitalización, tienen un montón de valores para aportar.
-¿Cuáles son esos valores que pueden aportar estos gigantes?
Son expresiones culturales que aplican a todo momento. A pesar de tener valores muy básicos, se siguen manteniendo a lo largo del tiempo, aportando a cualquier generación. Desde ya que leer a Quevedo o a Shakespeare en el siglo XXI va a tener una interpretación distinta de la de hace cinco siglos atrás, pero también tienen cosas que siguen sirviendo para la era de la digitalización, de la revolución tecnológica.
- Cuando empecé no existía lo transaccional vinculado al prestigio, ahora hay un cambio, nosotros queríamos trabajar en medios y escribir mucho, ahora cambió, ¿qué pasó?
- Antes te movía las ganas de aprender. Yo te diría que hoy lo que lo mueve a los chicos no es el dinero, sino que es el impacto.
Y si querés en general alguien que llega a la universidad es alguien que puede tener una cierta facilidad de tener su vida resuelta en términos económicos. Hoy los chicos antes de pensar en el salario piensan, ¿cuál es el propósito, cuál es el objetivo? ¿cuál es la misión de la organización? Porque están muy interesados en el impacto.

- ¿Qué rol tiene la Austral en los valores?
- Creo que Austral se le da relevancia a los valores. Hace 15 días, la Escuela de Educación de la Universidad Austral y con Templeton de la Fundación organizaron un Congreso que precisamente trataba el tema de la educación del carácter o formación en las virtudes, que es un tema que está en todo el mundo. Es fundamental la apertura mental, la humildad intelectual, pensar qué van a aportar. Hay ocasiones en las que el carácter es algo que está muy asociado con la familia porque la familia es el primer lugar donde se comienza este proceso de educación y evidentemente la fe, la visión trascendente del hombre.
-¿Sos optimista con lo que se viene para el Austral, en relación con estas nuevas generaciones que contabas?
Sí, soy optimista. Veo una gran oportunidad para reflexionar sobre lo que somos y como tenemos que hacer las cosas. También aprender con que realidades no tenemos que competir porque nos van a ganar. Los alumnos que vienen al Austral vienen en busca de cosas que las tecnologías ni el mundo moderno no ofrecen, buscan esa visión integral de la sociedad, del hombre, de un trato que valore a cada uno con respecto a su identidad y diversidad. Pienso que los valores del Austral, nuestros valores originarios, son nativos y nos van a permitir afrontar este mundo revolucionado.

