Córdoba: una elección polarizada que deja una lista de interrogantes
La elección nacional se complejiza mas a medida que avanza cada comicio provincial: ningún resultado conocido hasta ahora fija un camino concreto para la política. Cada fin de semana de votación aparece un color distinto en la política que suma interrogantes. La elección de ayer en Córdoba se puso a la cabeza de ese laboratorio político que va moldeando con mucha dificultad el camino al 13 de agosto y después al 22 de octubre.
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Hay una primera pregunta que surge obvia e inclusive ya sin demasiada utilidad, pero que está en la superficie de la interna: ¿quién tuvo razón en la estrategia frente a la elección cordobesa: Horacio Rodríguez Larreta o Patricia Bullrich?
Hay algunos datos a tener en cuenta para analizar el interrogante. La elección que hizo ayer Luis Juez, independiente del resultado y en medio de las dudas por los problemas en el escrutinio, superó los números que Juntos por el Cambio y el propio Juez lograron en elecciones anteriores. Salvo por el 2007 cuando Juan Schiaretti le ganó a Juez solo por 1,2% (recordada por el peligro de judicialización que volvió a sobrevolar Córdoba anoche), no se registró hasta ahora en esa provincia una diferencia tan corta entre el vencedor y el segundo. Además, en números, el peronismo local perdió unos 15 puntos con relación a la elección del 2019.
La dividida estrategia de Juntos por el Cambio en Córdoba mostró a Bullrich proclamado una clara diferencia con Schiaretti y a Rodriguez Larreta reivindicando objetivos comunes con el gobernador y la posibilidad de ampliar la coalición por esa vía. No pudo ser al menos hasta ahora, pero la efectividad de una u otra estrategia aun no esta probada.
Martín Llaryora y Schiaretti suman más de un millón de votos propios en la provincia. Mauricio Macri, que no estuvo convencido hasta el final de la candidatura de Juez, supo capitalizarlos para lograr no solo ser presidente en el 2015 sino para la “remontada” del 2019. Aunque no le haya alcanzado para batir a Alberto Fernández, con la ayuda de esos votos Macri superó el 61% en Córdoba.
El interrogante es si existe el peligro para Juntos por el Cambio de no poder lograr la identificación del voto cordobés, como sucedió en esas otras ocasiones. La diferencia ahora, y aquí aparece un punto a favor de la estrategia que quiso seguir Rodríguez Larreta, es que parte de ese millón de votos quizás tengan la chance de ir a la fórmula Juan Schiaretti-Florencio Randazzo en lugar de nacionalizarse en Juntos por el Cambio.
En la elección de ayer el kirchnerismo volvió a mostrar que no existe numéricamente en la provincia, con un vergonzante sexto puesto, pero eso no implica que Sergio Massa no pueda desplegar una estrategia distinta en base al resultado de Llaryora. El cambio en la fórmula de Unión por la Patria sonó fuerte en el peronismo cordobés. Para Schiaretti no es lo mismo hablar con Massa que con Eduardo "Wado" de Pedro. De hecho dos integrantes del bloque de senadores nacionales del PJ que apadrina el gobernador cordobés y donde esta su esposa Alejandra Vigo, el entrerriano Edgardo Kueider y la puntana María Eugenia Catalfamo, dieron señales de apoyo a Massa.
En este punto se vuelve clave la elección del intendente de Córdoba Capital del próximo 23 de julio para testear como quedó el codiciado electorado cordobés. Anoche Juez anunció que se sumaría inmediatamente a la campaña de Rodrigo de Loredo para la intendencia.
Tomando en cuenta la elección nacional, es obvio que la estrategia de Rodríguez Larreta de ampliar de la mano de Schiaretti le hubiera sumado ayer votos a Llaryora, pero quizás garantizado un camino para certero hacia las PASO.
El jefe de Gobierno porteño ahora deberá tener presentes los números cordobeses mas que nunca. Sería extraño que su relación con Juez se afiance en las próximas semanas; es lo que se intuía anoche en Córdoba al escuchar los pases de factura que se ventilaron en los pasillos del bunker de Juntos por el Cambio.
De todas formas nada de eso modificará la estrategia de Rodríguez Larreta. Julio es el mes que tiene preparado como su mejor momento de avance en la campaña. “Es el mes donde se juega completo”, dice el larretismo envalentonado por el lanzamiento de Gerardo Morales como vice y con el impacto positivo que produjo en el electorado de Juntos por el Cambio la dureza con la que el gobernador manejo la crisis en Jujuy.
Enfrente tiene a Bullrich que, aunque afirmada en sus números, dejó un terreno complicado tras los cierres de lista. Hay bronca entre sus filas porque mucho de los dirigentes se enteraron de la nominación de Luis Petri como precandidato a vicepresidente a través del comentario de empresarios, que a su vez lo supieron porque el propio Mauricio Macri se los anticipó durante un asado en la quinta Los Abrojos.
Debe sumarse, además, el mal humor de algunos radicales que veían en Maxi Abad la definición perfecta del vice para cerrar un acuerdo redondo en la provincia. Ernesto Sanz, Alfredo Cornejo y hasta el properonista Emilio Monzó quedaron heridos. Bullrich, según se explicó, siguió el consejo de su nuevo consultor, Dereck Hampton (discípulo de Jaime Durán Barba), quien le recomendó una imagen joven para refrescar la fórmula.


