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Milei y los jacobinos: “Que se vayan todos”

Mientras no hay diálogo entre presidente y vice, en la oposición siguen las dudas de incorporar o no nuevos nombres y la figura de Javier Milei sigue creciendo. Desde su columna semanal de Entremedios, Damián Fernández Pedemonte analiza este tema en MDZ.

En un breve, pero contundente libro titulado "La larga crisis argentina", Luis Alberto Romero caracteriza las etapas de las cíclicas crisis del país. El libro fue primero publicado en 2003 y vuelto a publicar diez años después, en 2013. Pasados otros diez años el historiador debería actualizarlo. La última etapa de las crisis se caracteriza por “la ira, intensa y fugaz”. “Esta hora final es la de los jacobinos, de derecha y de izquierda, que a la impugnación global suman la demanda de regeneración total”. Estas miradas furibundas no aprenden de las crisis precedentes que, para salir de ellas, “habrían de utilizarse materiales humanos, sociales,
institucionales, culturales y políticos deteriorados, impuros, porque ellos mismos eran parte de la crisis”. Los jacobinos fueron los militantes de la revolución francesa que se caracterizaron por su radicalidad y rigorismo.

El libro de Luis Alberto Romero

Después del 2001 el lema fue “que se vayan todos”. El “fenómeno” Milei expresa la misma frustración, ira y rechazo a la dirigencia política de aquel entonces. Todos los encuestadores registran desde fines del año pasado una suba en la intención de voto de Javier Milei, que no parece tener techo y que se metió como una cuña entre los dos espacios que gobernaron y ocuparon la totalidad del espectro político en los últimos años (kirchnerismo y macrismo) reorganizando las opciones electorales en tres tercios.

Varias explicaciones se ofrecen de este fenómeno. Por ejemplo, que recoge la decepción de los ciudadanos con las principales fuerzas políticas que no le han solucionado el problema económico (la inflación y el empleo formal), que produce identificación entre jóvenes varones conservadores, sobre todo, por oponerse a la agenda progresista de género, que se trata de una ola más emocional que racional, sin necesario correlato en el efectivo voto, tal como muestran los resultados de las elecciones provinciales.

El sociólogo y antropólogo Pablo Semán, especializado en cultura política y religiosidad de los sectores populares, le agrega complejidad a la adhesión que Milei tiene también entre los pobres. Hay un primer núcleo de seguidores de Milei que coincide con sus ideas libertarias. Pero en el último tiempo se han ido sumando a estos, otros votantes poco preocupados por cuestiones doctrinarias. Ellos interpretan la apelación de La Libertad Avanza, como la libertad para circular, en el caso de los repartidores y trabajadores de la economía informal, y para mejorar su posición actual a través del micro-emprendimiento, que la regulación estatal sofoca.

En un estudio de junio de la consultora Zuban-Córdoba sobre el grado de acuerdo con las medidas extremistas que propone La Libertad Avanza en su plataforma, se registran resultados negativos: 77,4 % está en desacuerdo con permitir la libre portación de armas; el 75%, con eliminar la ESI en las escuelas y el 63% con dolarizar la economía. El último estudio de esta misma consultora le da una intención de voto a Milei como presidente del 32%. De manera que hay muchos que dicen votarlo (o poder llegar a votarlo) aún no coincidiendo con su programa.

El último estudio de esta misma consultora le da una intención de voto a Milei como presidente del 32%.

Grandes discrepancias se encuentran en lo que tiene que ver con el rol de Estado en la actividad económica. El 90% está en contra de bajar las jubilaciones o pensiones; el 87,2%, en aumentar las tarifas; el 82, 3%, en arancelar la educación pública y el 80,8 %, en arancelar la salud pública. El 68, 5 % está en desacuerdo con privatizar las empresas públicas y el 64,7 % de privatizar YPF y Aerolíneas. “Muchos encuestadores encuentran que los votantes de Milei tienen algunas posiciones frente al Estado que no son las de Milei”, afirma Pablo Semán. Un argumento central de Luis Alberto Romero (no sólo en el libro citado sino en otras intervenciones) es que las crisis recurrentes de argentina tienen que ver con la crisis del Estado, que hace décadas empezó a ser desmantelado, depredado por la corrupción y a perder eficiencia y presencia en la vida cotidiana de la gente. Semán dice que la reacción contra el Estado que expresa Milei, en esos mismos votantes que quieren que la educación pública siga siendo gratuita y que YPF siga siendo del Estado, es la aversión a una “mímica” de Estado, que solo obstaculiza con su regulación la libertad de emprender y desalienta todo esfuerzo por hacer algo para sortear la crisis, a la par que no resuelve los problemas de la calle ni llega atodos los barrios con sus servicios públicos.

Quizás vean en Milei a alguien capaz de limpiar el Estado y retirar las regulaciones y trabas a las iniciativas personales o grupales. A lo mejor esto tiene que ver con un cierto uso del Estado en beneficio del poder de turno de parte de los últimos gobiernos y un discurso de presencia benéfica del Estado que no se condice con la experiencia personal. Milei es un síntoma del clima de la población del que no pueden dejar de tomar nota los espacios de (todavía) Juntos por el Cambio y (ahora) Unión por la Patria, enzarzados en las internas, tan alejadas de las preocupaciones de la mayoría. Más que la adhesión a un programa libertario es un grito contra quienes han llevado al Estado a esta situación que hoy suma un máximo de regulación y de intervención, con un mínimo de crecimiento y promoción social.

* Damián Fernández Pedemonte (Director de la Escuela de Posgrados en Comunicación de la Universidad Austral).