El miedo se volvió un factor electoral y dificulta las decisiones de todos
El canto se volvió ritual. “La casta tiene miedo”, grita Javier Milei a coro con sus fieles. Y lo que al principio parecía un rezo distante de un grupo de fanáticos terminó convirtiéndose en realidad. Pero no porque los políticos argentinos se consideren casta (por lo menos no más que muchos de los que rodean a Milei) sino porque están tomando decisiones trascendentales atravesados por el miedo.
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Cristina Fernández de Kirchner aceptó que asuma Sergio Massa como ministro de Economía (y Gabriel Rubinstein como vice) por el miedo que le tuvo al colapso económico. Ahora tiene a un dirigente empoderado que pide mucho más de lo que hubiese podido hace 4 años. Encima, la vice tiene ante sus ojos la responsabilidad de definir una estrategia electoral consciente de que su espacio atraviesa el peor momento de su historia y que su derrotero dependerá, en gran medida, del resultado de las urnas. Necesita, de mínima, conservar la provincia de Buenos Aires y sólidos bloques parlamentarios con poder de bloqueo. Caso contrario, se le hará cuesta arriba el rearmado político. Una vez funcionó, y pudo convencer a muchos de que volvían mejores. Dos veces ya sería muy difícil. Todavía no da pistas de su decisión. “El que te dice que sabe algo, miente”, asegura un dirigente de La Cámpora. Todo está encaminado a tres nombres: Axel Kicillof, Wado de Pedro y Massa.
El tigrense, justamente, sabe que su futuro político está íntimamente ligado al desenlace de este gobierno. Y tiene miedo de que el internismo termine fagocitándolo. Ya no solo por el hecho de que él no sea el candidato, sino porque considera que el ruido político en las filas oficialistas puede ser un factor desestabilizante para la frágil economía que comanda.
Tiene un doble problema Massa. Sabe que su posibilidad de ser candidato a presidente es ahora y que lo que pase en cuatro años nadie se lo puede garantizar. Y por otro lado, necesita que la situación económica termine si un colapso definitivo, porque sino tampoco logrará quedar a futuro como el piloto de tormenta.
Ayer, el ministro lideró el acto del Frente Renovador donde ratificó la permanencia en el Frente de Todos, insistió en la necesidad de que haya un candidato único pero anunció que si se decide que haya PASO su espacio dará pelea. Hasta el 24 de junio tendrán tiempo de presionar a Daniel Scioli, Agustín Rossi o hasta a Juan Grabois para que no se presenten. El miedo de algunos frentetodistas es que la noche de las PASO sus candidatos queden, a nivel individual, en el cuarto y quinto puesto.
Hay más miedos en el FdT. Kicillof teme que Wado no crezca en las encuestas y eso lo obligue a competir por la Presidencia. Quizás en esa boleta termina traccionando y ayudando a que otro peronista sea gobernador. Demasiado altruismo para la política argentina.
Alberto Fernández, por su parte, teme que la presión de Cristina y Massa sea tal que finalmente Scioli desista de competir. En ese caso, ni el candidato del FdT defenderá a su gobierno.
Semana de terror en Juntos por el Cambio
Del otro lado de la grieta el miedo también es protagonista y en Juntos por el Cambio directamente se vivió una semana de terror. Como nunca antes, en la alianza opositora se vieron tan cerca de una ruptura. “No se que va a pasar” o “puede pasar cualquier cosa” eran las frases más escuchadas. Tanto cerca de Horacio Rodríguez Larreta como de Patricia Bullrich.
El operativo Schiaretti, como anticipó MDZ, quedó congelado hasta por lo menos después de las PASO. Y ahora empezó el operativo control de daños. Desde Uspallata salieron de urgencia hacia Córdoba para contener al equipo de campaña de Luis Juez. Allí estuvo el martes y miércoles Eduardo Macchiavelli, de la mesa chica de Larreta. De su espacio es la jefa de campaña del candidato a gobernador de JxC en Córdoba. Y ya en 2021 lo habían ayudado. Hoy corren el riesgo de ser el chivo expiatorio en caso de una derrota (que la mayoría de las encuestas vienen anticipando).
“Pagamos un costo carísimo, pero valió la pena”, dicen cerca del jefe de Gobierno porteño. El costo fue muy caro porque la imagen que quedó instalada es que la maniobra se dio porque se ve abajo en la pelea contra Bullrich y por el daño generado en Córdoba. Si ya antes en esa provincia su perspectiva en la interna no era alentadora, ahora menos (salvo que termine sumando los votos de Schiaretti con algún arreglo electoral).
Pero para los larretistas valió la pena porque, según dicen, les permitió instalar el mensaje sobre la necesidad de ampliar para tener músculo político para gobernar. Y también para que todos en JxC se den cuenta que necesitan sumar votos de otros espacios para romper el supuesto escenario de tercios que marcan las encuestas. “Hay algunos que todavía siguen creyendo que existe el escenario de triunfo seguro”, advierten.
De todas formas, tampoco las encuestas son contundentes con que la ampliación genere un impacto positivo. Según un estudio de Opina Argentina, de Facundo Nejamkis, el 65% de los votantes de JxC más los del peronismo no K dicen estar dispuestos a votar ese nuevo espacio. Pero ante la consulta de escenarios, Schiaretti saca 4 puntos si va por afuera pero si desaparece, JxC apenas suma un punto más que antes (sube de 29 a 30). En política, uno más uno no siempre da dos.
En otro zigzag de la campaña de Larreta, el objetivo ahora es volver a enfocarse en los ejes donde se siente cómodo. La gestión, los proyectos y los acuerdos. Resaltar aptitudes: la última, destacar que es economista con un MBA en Harvard. Por estas horas se sigue buscando coordinar una foto de los dirigentes “moderados” de JxC. Apuestan que estén Larreta, Gerardo Morales, Elisa Carrió, Miguel Pichetto, José Luis Espert, Margarita Stolbizer como caras visibles firmando un acuerdo programático. Buscan mostrar a los halcones aislados.
Bullrich respondió ayer anunciado que Cristian Ritondo se incorporaba formalmente a su espacio. El diputado era codiciado por Larreta y Diego Santilli cuando Bullrich decidió que su candidato en Provincia sea Néstor Grindetti. Ayer ya se develó el misterio. ¿Quién suma más, Ritondo o Espert? “Claramente Ritondo”, celebran en el bullrichismo. Es que el ingreso del liberal a JxC fue celebrado como un triunfo por parte del larretismo. “Destrabamos algo que era importante”, dicen, a la vez que acusan a Bullrich de dilatar esa definición. Del otro lado niegan que sea así. Lo cierto es que la candidatura presidencial de Espert hace ruido en el búnker de la exministra, porque creen que está instalada solo para restarle votos en la interna. Hoy tienen exceso de confianza y aseguran que ganarán igual, pero la duda la van a seguir teniendo. Por eso siguen buscando que termine en otra candidatura. El miedo, una vez más presente.
En la bienvenida a Espert no hubo ningún representante de Bullrich. Federico Angelini, presidente del PRO, tenía actividades de campaña en Santa Fe y eludió el convite. En su lugar estuvo Macchiavelli. “¿Vos viste lo que fue esa foto? Nosotros queremos ganar la elección, no perderla”, ironizaban cerca de Bullrich un rato después. El riesgo al quiebre, de todas formas, generó zozobra en ese espacio.
Milei, mientras tanto, seguirá intentando mostrarse diferentes a todos. “Tenemos que lograr quedar como gente seria, que no tiene quilombos como el resto”, dicen. Ya su potencial candidato a gobernador en la provincia de Buenos Aires, Guillermo Britos, entró en zona de dudas. Un problema que deberá solucionar rápido, para evitar mostrar en el cierre que su armado es tan endeble como todos dicen.
De no mediar nuevos sobresaltos, los principales frentes llegarán unidos al miércoles. Después seguirán las todavía más intensas negociaciones para el armado de fórmulas y listas. Los líderes de cada sector, condicionados por el temor a perder. Los aliados, apurados para conservar espacios de poder. Y eso los hace extremar sus estrategias de cara a las que se pronostican como las elecciones con más incertidumbre desde el retorno de la democracia.

