Un pálido punto azul
Una vieja publicidad de mediados de los años ’90 sentenciaba: “La imagen no es nada, la sed es todo”. El slogan, válido para la bebida lima-limón que lo hizo famoso, no encuentra partidarios en el mundo corporativo, donde la imagen es uno de los principales activos de las empresas, pero quizás sí aplique para una clase política cuya imagen se desploma de manera inversamente proporcional a su irracional sed por el poder.
Ya desde mediados de 2022 la imagen de la clase política estaba en terapia intensiva. Según una encuesta de la Universidad de San Andrés que consideró a 21 políticos nacionales, solo uno de ellos registró una imagen neutra, mientras que para los otros veinte el resultado fue negativo. Es decir, que ni siquiera uno de esos dirigentes pudo exhibir un porcentaje de imagen positiva que superará a la negativa.
Aun así, todo tiende a empeorar. Ya en clima electoral, el espectáculo que la política argentina viene brindando está tan alejado de los intereses de la gente como del más elemental sentido común. Todos desconfían de todos, incluso de sí mismos. Así es cómo se ve a dirigentes del oficialismo renegar del gobierno del que forman parte al punto de forzar a un presidente cada vez más débil a renunciar a una reelección imposible, pero que él mismo presenta como un renunciamiento histórico que evoca aquel de Eva Perón que tampoco tuvo nada de voluntario y fue determinado tanto por las presiones del Ejército cómo por su deteriorado estado de salud.
“No tomé ninguna medida en contra del pueblo”, dice el mismo Presidente, que encerró a la población y la privó despedir a sus seres queridos, mientras festejaba cumpleaños en la Quinta de Olivos.
El que alcanzó una inflación de tres dígitos y una inseguridad quien sabe de cuánto. Mientras tanto, la oposición disputa las candidaturas al estilo de las miniseries de moda y ofrece, cada día, un episodio más patético y lamentable, plagado de descalificaciones, acusaciones cruzadas y falta de diálogo.
También hay peleas cada vez más frecuentes a nivel institucional entre los partidos de las principales coaliciones electorales, resulta evidente que son solo eso, en las que todos buscan pisotear a sus socios de manera de mantener o procurarse el liderazgo de sus respectivas alianzas.
Todo jalonado de una soberbia escalofriante que no encuentra justificación alguna en los resultados de las políticas que tanto oficialismo como oposición han impulsado en los últimos 20 años. Todos se postulan para todo. Todos quieren ser. Lo que no aclaran es para qué. Todos son dueños de la verdad revelada y están llenos de certezas. Exhiben un creciente nivel de arrogancia, comparable con los últimos índices de inflación y la escalada del dólar, pero que aún es más imperioso reducir. Es ellos o el abismo.
Quizás la política debería contagiarse un poco de la astronomía para combatir semejante inmodestia. Según los especialistas, cómo el desaparecido astrónomo Carl Sagan, es constructora de carácter y humildad. En su gran corto “Un pálido punto azul”, disponible en Youtube, Sagan se inspira en la experiencia de 1990, cuando el Voyager 1 dejó Neptuno, se dispuso a salir del sistema solar y tomó la última foto de la Tierra. Entonces pudo verse la imagen más lejana del planeta, a seis mil millones de kilómetros. Desde allí, la Tierra no reviste ningún interés especial.
Para Sagan, quizás no exista mayor demostración de la locura de la vanidad humana. Y recuerda que cada héroe, cada creador de civilizaciones, cada santo, cada rey, cada superestrella, cada líder supremo, cada emperador, cada inventor y cada conquistador de la tierra; vivió en una mota de polvo suspendida en un rayo de sol. “Cuán impacientes están por matarse, cuán fervientes son sus odios”. Las líneas del documental bien podrían aplicarse a los políticos argentinos. “La ilusión de que tenemos un lugar privilegiado en el universo está desafiada por ese pálido punto azul".
La ayuda para salvarnos de nosotros mismos, no provendrá de ningún otro lado”, asegura. Es tiempo de que los políticos argentinos lo adviertan.
* Diego Muñiz, consultor en Comunicación.
