El plan "compacto" de Alfredo Cornejo y el "olor a posibilidad" de Omar De Marchi
A decir verdad, cuando faltan solo siete semanas para la PASO provincial, ningún pronóstico habla de que estemos ante una elección con resultado abierto en Mendoza. Nadie sondeó por ahora en profundidad el impacto de la irrupción de Omar De Marchi en el juego. Y no sorprendió, asimismo, que un peronismo que hace rato viene deslizándose por el tobogán haya naufragado en este sábado de rosca frenética en su intento por encontrar a un candidato que, al menos, le garantice que frenará la hemorragia de votos que viene sufriendo desde hace años. Ante este cuadro Alfredo Cornejo aparece, entonces, encaminado a conseguir el bronce que se autoimpuso de convertirse en el único gobernador en los últimos cuarenta años de democracia en resultar electo dos veces.
Sin embargo, ¿puede llegar a existir una dinámica política que en la campaña pueda modificar este panorama? Si de este tipo de movimiento hablamos, hemos tenido bastante en las últimas semanas. Luego de todo lo que pasó, quedamos enfrentamos a una elección que sin dudas quedará polarizada por dos candidatos, Cornejo y De Marchi, que hasta ayer nomás funcionaban como socios. Pero que sus diferencias personales (y muchas políticas también por supuesto) en definitiva los encaminaron hacia la ruptura.
Los radicales apuntarán a nacionalizar la discusión con un discurso anudado en sus ataques al kirchnerismo y al gobierno de Alberto Fernández. En el frente La Unión Mendocina, por su lado, intentarán todo el tiempo de que el foco quede puesto en las fallas de gestión de Rodolfo Suarez y en los riesgos de la consolidación de la hegemonía de Cornejo. De Marchi se juega todo a conseguir un crecimiento sostenido hasta septiembre con la convicción de que su rival no crecerá porque ya tocó su techo. El gobierno está seguro de que, para crecer, el lujanino tratará de ir a buscar el voto del peronista desencantado y que esa estrategia lo llevará a una suma cero. O sea: crecerá por un lado pero caerá por el otro porque perderá, rezan, a muchos votantes que tenía cuando formaba parte de Cambia Mendoza.
De Marchi alimenta una expectativa. Quiere obtener en la PASO entre un veinte y un veinticinco por ciento de los votos para quedar competitivo de cara a la general de septiembre. Cornejo arrastra la duda que lo mantiene en vilo, porque sabe de la volatilidad del electorado mendocino. Pero está dispuesto a apostar hasta lo que no tiene a que lo peor no le sucederá: cree que la ciudadanía terminará por no respaldar, por oportunista, al proyecto político que en definitiva se le terminó plantando enfrente.
El cierre de las listas de anoche, en buena medida, terminó de consolidar la estrategia de uno y otro. El oficialismo abrochó a un elenco de candidatos basado en lo que ya se sabía. Tras la diáspora, la oferta de Cambia Mendoza es la oferta del partido radical con un guiño para lo que se pudo conservar del PRO. Por ahí hay que entender a la designación de la dirigente Hebe Casado como postulante a vicegobernadora. A ella, Cornejo la terminó encumbrando por varias razones. Una de ellas, claro está, es para devolverle la gentileza a Patricia Bullich y a Horacio Rodríguez Larreta por el apoyo (un tanto forzado de este último) durante el proceso del quiebre con De Marchi.
Casado no ha tenido hasta aquí otra figuración política más trascendente que a través de una verborragia tuitera que además ha sido muy agresiva. Pero para Cornejo la apuesta está centrada en varios otros sentidos. Proviene del sector privado, es una liberal muy emparentada con el estilo de Javier Milei y se espera de ella que, todo ese picante que por ahora solo apareció en Twitter, lo pueda aplicar si le toca comandar el Senado a partir del año próximo en donde, desde ya, se aguarda por un escenario legislativo muy complejo. En la campaña le asignarán un rol clave. Será la vocera en el Sur, distrito en el que Cambia Mendoza no logra repuntar electoralmente.
Pero una de las claves más importante del armado electoral presentado este fin de semana hay que buscarla en la designación de Marcelino Iglesias para un cargo en la Legislatura. Instalar al intendente de Guaymallén en las listas, es un intento de Cornejo por demostrar que el radicalismo “está compacto” (así lo definieron) después de la ruptura de Daniel Orozco. Nadie lo dijo públicamente y muchos dirigentes jugaron al ninguneo, pero el salto intempestivo del lasherino fue un cimbronazo puertas adentro de la Casa de Gobierno.
No hace falta describir la cantidad de cosas que le dijeron en persona a Orozco cuando formalizó su decisión de acordar para convertirse en el compañero de fórmula De Marchi. Desde lo simbólico el daño fue fenomenal para quién viene acostumbrado a ejercer un fuerte liderazgo político, estilo que durante este proceso está desnudando señales evidentes de desgaste.
Hasta el jueves pasado, De Marchi había logrado estructurar detrás de su liderazgo a muchos de los dirigentes que ya sabía que tenía, pero se quedó sin poder sumar a otros para dotar a su coalición de una mayor potencia electoral. Desarmó Cambia Mendoza llevándose al massismo de Jorge Difonso y a la Coalición Cívica de Gustavo Gutiérrez, que no fue poco. Y consiguió también que esos partidos y agrupaciones más chicas sin líder, como el PD, los libertarios, los jubilados y el Mendoexit, se sumaran detrás de su figura. Asimismo, se terminaron sumando una serie de gremios que dotaron al proyecto de una pata sindical que el peronismo sin dudas envidia en medio de su profunda crisis. En el reparto de cargos, a todos los pagó. A Gutiérrez y a Éxito, con candidaturas en Capital. Al PD, con un lugar entrable en la Legislatura para Armando Magistretti, por caso mencionar algunos casos.
Pero faltaba algo. Los operadores de este nuevo frente apuntaron siempre a recoger a aquellos radicales cansados de estar sometidos por Cornejo. Y, en menor medida, también a sumar a algún que otro intendente del PJ enfrentado con La Cámpora. Nada de esto había sucedido hasta hace cuatro días. “Lo que pasó fue que a medida que fuimos avanzando muchos dirigentes percibieron el olor a posibilidad”, explican desde el riñón del demarchismo al giro de Orozco.
A los peronistas, se los quedaron esperando. Coquetearon a más no poder con De Marchi durante dos meses para decidir finalmente no sacar los pies del plato. Se metieron en una disputa infinita dentro de su partido para no presentar a ningún candidato a gobernador y optaron por concentrarse en las elecciones que cada uno de ellos enfrentará en una semana en sus respectivos departamentos. Eso sí, cuidaron la quintita. Todos intercalaron gente suya en las listas para la Legislatura.
Ahora habrá que esperar para saber si la buena imagen que tiene como intendente en su departamento, Orozco los convertirá en votos que se los llevará en el bolsillo para volcárselos a su flamante compañero de fórmula. De Marchi entiende que sí. Un sondeo previo que realizó antes de firmar el pase, le mostró que, de todos los intendentes del Gran Mendoza, el que más valor agregado le sumaba era precisamente el de Las Heras. Sin embargo, la movida finalizó con una situación tan extraña como riesgosa. Tras pegar el volantazo, Orozco terminó aceptando que su candidato Martín Burgos defina en una interna con Diego Martínez Palau para determinar quién será el candidato de La Unión en el departamento. ¿Por qué es raro esto? Porque precisamente por ese motivo se peleó con Cornejo y compañía el jueves al mediodía, solo unas horas antes de mandarlos lejos a los radicales para correr, luego a la tarde, a sacarse la foto con De Marchi.
Orozco le exigía a su partido que le dieran el mismo trato que le dieron a Iglesias en Guaymallén o a Tadeo García Zalazar en Godoy Cruz, en donde les borraron de un plumazo las internas. A él, bajo el argumento de que Burgos no es un buen candidato, lo obligaban a someterse a una PASO con otros supuestamente mejores. Pero se asoció con De Marchi y aceptó condiciones que solo unas horas antes había rechazado. ¿Y por qué es riesgoso esto? Porque Orozco sabe ahora que no puede perder esa interna en Las Heras. Hacerlo, horadaría demasiado a ese presumido peso electoral que tanto entusiasma a su aliado.
Algo similar ocurre con Jorge Difonso, el otro de los socios fuertes dentro del frente anticornejista. Sabe que tiene que jugarse el todo por el todo para que su candidato se imponga en las elecciones municipales anticipadas de San Carlos, para no provocarle un daño a los suyos. La elección allí está peleada entre cuatro, pero mientras tanto fue protagonista de una martingala muy particular en el cierre de las listas: como sancarlino, exintendente del departamento y en consecuencia candidato en otras oportunidades del Tercer Distrito para la Legislatura, cambió de domicilio y será candidato ahora por el Primer Distrito.
Para la anécdota de rarezas del unionismo, quedará también la decisión de Sebastián Bragagnolo de no presentarse a su reelección en Luján. Hace un tiempo ya que venía rezongando ante los oídos de Suarez y de Cornejo porque no se sentía muy cómodo con la decisión de su mentor de lanzarse a la aventura. Cada vez que lo escuchaban, pensaban que lo decía para que públicamente el radicalismo no saliera a fustigarlo demasiado. Sin embargo, al final, se terminó corriendo de la escena.
Como sea, el hecho es que en el tablero electoral de Mendoza se terminó por consolidar una tercera fuerza con ambiciones de poder y provocó que cambiara mucho el panorama. Hasta dónde llegará el impulso, sólo el devenir de la campaña logrará resolverlo.