De Bielsa a Aracre: los "funcionarios que no funcionaron" del Gobierno
Cuando las tomas azuzaban al Gobierno que veía por los noticieros que aumentaban y los territorios se iban viendo avanzados por familias enteras, Cristina Fernández de Kirchner puso el grito en el cielo, y exigió la salida de Maria Eugenia Bielsa, arquitecta santafecina y hermana del "loco" Marcelo y del actual embajador en Chile, Rafael. Kirchner gritó y Bielsa salió eyectada por el presidente Alberto Fernández: fue el comienzo de un modus operandi en el que la vicepresidenta se siente cómoda. Suele gritar, después mandar a decir, después actividad en redes y esperar unas horas hasta que llega la renuncia.
Cuando se fue Bielsa, la inflación era de 3.2% y la anual de 35 puntos, lo más parecido al paraiso si hoy Alberto Fernández pudiera bosquejar la reelección. La sucedió Jorge Ferraresi, hombre fuerte de Avellaneda y vicepresidente del Instituto Patria. Tampoco resolvió las tomas que eyectaron a Bielsa y se fue un año y once meses después de asumir para defender su municipio y vio llegar a Santiago Maggioti en su despacho.
Después de una breve paz llegaron las PASO y la lapicera sin tinta, los cruces de Twitter y los aprietes de Cristina Kirchner a Alberto Fernández en vivo diciendo que podía mostrar su teléfono a diferencia de otros, en alusión a su socio político. Explicó por qué era el fracaso únicamente de Alberto y se desligó de toda responsabilidad, el Gobierno sugrió una paliza histórica para el peronismo y se activaron las red flags por vez primera. Siete de 24 distritos le dieron su voto al Gobierno, un desastre en términos oficialistas.
El primero en volar de jefatura de Gabinete fue Santiago Cafiero, a quien mandaron a demostrar habilidades a Cancilleria y generó el primer meme hablando en inglés en el mundo árabe con algunas dificultades evidentes para pronunciar. Allí desembarcó Juan Manzur con aires presidenciables por su llegada a Estados Unidos y su mirada federal de la problemática de las provincias. Un suspiro.
También se vio pasar volando a Nicolás Trotta, pedido por el sindicalista Victor Santa María al inicio de la gestión. Se fue y llegó Jaime Perzyck, con una trayectoria de trabajo que incluye escuela, universidad y respeto en el mundo académico. Es actual ministro y puente de Alberto con el mundo universitario. Ricardo Salvarezza dejó Ciencia y Tecnología y generó la vacante que ocupó Daniel Filmus, que estaba en Asunto Malvinas para reemplazar a Juan Olmos, otro puro albertista.
En octubre de 2022 se agregó Elizabeth Gómez Alcorta, exabogada de Milagro Sala y admiradora de la causa de los autopercibidos mapuches del sur. En los desalojos de Villa Mascardi sintió roto el vínculo con el Gobierno y se fue, para generar el enroque más disruptivo en años: Ayelen Mazzina, una feminista provida que desembocó en el mundo abortista y LGTB abrazando todas las causas de la agenda 2030 desde San Luis. La conoció Alberto y aceptó la recomendación de Alberto Rodríguez Saá tras la organización del primer congreso Encuentro Plurinacional 2022. "La Aye" desembarcó entonces con aires de renovación.
Ese mismo día llegó Victoria Tolosa Paz, la preferida de Alberto Fernández, a quien le tiene afecto personal y es también la mujer de su gran amigo Enrique Pepe Albistur, ex secretario de Medios de Néstor Kirchner. Filmus como fusible llegó para quedarse, y volvió esa tarde otro histórico, Julián Dominguez, que ya había ocupado el cargo de ministro de Agricultura, para despedir a Luis Basterra que se volvía a su Chaco natal para cambiar de perfil, Cultura y Educación entonces a escala local fue su nuevo emprendimiento.
Eran días duros de golpes palaciegos y presentaciones de renuncias masivas. Ese fin de semana hubo rumores que incluían la salida del Gabinete y Alberto Fernández constataba que una parte del Gobierno trabajaba para golpearlo cuanto antes. Era apenas un botón de muestra de lo que vendría después. Así llegó Juan Ross, otro albertista de la primera hora a la vocería, mano derecha del presidente, y se fue Juan Pablo Biondi, señalado por Cristina Kirchner como operador interno para perjudicarlo.
Lo que ya era un caos en 2022 recién era el segundo capítulo, llegaba entonces en julio la nueva formación del equipo de trabajo del presidente con Daniel Scioli volviendo de Brasil y el ministerio de la Mujer crujiendo sin buenos resultados. Silvina Batakis fue un suspiro, sirvió para evitar una corrida cambiaria tras la renuncia de Martin Guzman mientras hablaba Cristina Kirchner, algo que quedará en los libros de historia.
Llegaría entonces un tapado, Aníbal Fernández, quien después de administrar la minera de Rio Turbio, algo que jamás había pensado, mutó a ministro de Seguridad, algo que conoce hace tiempo. Fue todo: intendente, senador, diputado, ministro de Justicia, de Interior, jefe de Gabinete, secretario general de la Presidencia y volvió al ruedo. Su esgrima verbal le permitió sobrevivir a distintos escándalos y denuncias y llegó para ser representante del pensamiento presidencial y enfrentar a La Cámpora.
Así entonces, llegó el turno del tigrense Sergio Massa, quien absorbió carteras para forjar un súper ministerio de Economía, Desarrollo Productivo y Agricultura, Ganadería y Pesca. Todo para Massa, quien logró ubicar algunos alfiles y vio quedar pendientes otros. Scioli reemplazó a Matias Kulfas por filtrar un off the record, algo que amargó a Kirchner y no lo perdonó. Días atrás se había ido Gustavo Béliz como secretario de asuntos estratégicos. Esta vez no fue la amenaza de Jaime Stiuso, no logró unir miradas contrapropuestas y decidió dar por terminada su gestión con fuego amigo de por medio.
Así entonces Mercedes Marcó del Pont dejó su silla de la AFIP para que la ocupe Carlos Castagnetto y se reconfiguró el mapa del poder. Los jefes de asesores fueron mutando, pero la salida de Julián Leunda fue grave en lo personal para Alberto Fernández, era su operador y tenía injerencia en otras cuestiones. Llegó tras ser el lobista de Cristóbal López y Fabián de Sousa en empresas kirchneristas como C5N y Ámbito Financiero.
Leunda aparecía en los famosos "chats de Lago Escondido" donde empresarios y funcionarios judiciales hablaban del viaje que compartieron en el sur. Allí se dejaba en claro el rol de Leunda y sus vínculos con distintos actores, el kirchnerismo exigió su salida y llegó entonces Antonio Aracre tras 36 años en el sector privado, los últimos doce como CEO de Syngenta para sector Conosur.