La fórmula que teje el peronismo para evitar el peor papelón de su historia
El Gobierno que integran Cristina Fernández de Kirchner, Alberto Fernández y Sergio Massa entró en su periodo inercial, de agotamiento y traspiés tras la gaffe internacional con Joe Biden, donde no se habló de pesada herencia y se acordó caminar juntos un sendero para relativizar el peso chino en la región. Alberto jugará la PASO, pero no pondrá exigencias para bajarse si siente que Daniel Scioli, Sergio Massa o Jorge Capitanich están mejor que él. Así será la despedida del Frente de Todos el 10 de diciembre.
Sergio Uñac pergeñó una idea que la trasladó a Buenos Aires y tuvo mayor pregnancia a la esperada. Sergio Massa, con días más energéticos e históricos que nunca, y Daniel Scioli, para jugar juntos la primaria. Dicen los arquitectos de la dupla que inspira a empresarios, tiene la dosis justa de peronismo y viene a rememorar los incumplimientos de Cambiemos que el embajador de Brasil repite hasta la carraspera. No puede soportar que sus pronósticos se hayan cumplido aunque sea en parte y que La Cámpora y parte del "cristinismo" hayan jugado abiertamente a favor de Mauricio Macri. Se los recordó hace poco a la cúpula camporista.
Cristina Fernández de Kirchner está terminada en términos de competencia electoral. Sólo podrá, si el viento sopla a su favor, ser el referí de un espacio cada vez menos racional, más pequeño, ultra dogmático y localista. Será entonces, momento de digerir que el proyecto nacional y popular que soñó Néstor Kirchner veinte años atrás, adapte una forma bonaerense, con ínfulas revolucionarias pero conducido por el peronismo conservador de una provincia en la que los Kirchner nunca militaron, pero tomaron las riendas tras el velorio de Eduardo Duhalde, en las legislativas de 2005, el verdadero año de nacimiento del "kirchnerismo".
Daniel Scioli abrió su campaña, su sombra, Alberto Pérez, come con Santiago Cafiero, quien se despidirá con la particular cucarda de ser un Canciller con casi nula agenda en el exterior. Será candidato a diputado en Buenos Aires, pero es hoy el alfil más albertista del sciolismo incipiente que intentará volver a jugar la carrera más áspera de su vida. Viento en contra, demasiados jugadores con aparatos más fuertes y una lancha poco habitada, pero esencialmente por enemigos.
La idea de Máximo Kirchner es tan probable como rústica: que Axel Kicillof pise el palito y sea candidato perdedor en el país. No sólo subestima el canal informal y paralelo de su madre con su enemigo universitario, sino que también ignora el puente diario de Andrés Larroque con su madre. El amor de madre no es tan fuerte como la posibilidad concreta de que el diputado e hijo presidencial tome decisiones que afecten el proyecto político y judicial de su familia.

