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Roto Cambia Mendoza: ¿le puede ganar De Marchi a Cornejo?

Hoy las encuestas marcan una diferencia importante para el candidato radical, pero el frente formado por De Marchi apuesta a un crecimiento sostenido en las ocho semanas que restan para las PASO. Quieren llegar a la difícil cifra de 25 puntos que los ponga competitivos para la elección de septiembre

Algo parecido al efecto que causa cuando alguien tira una piedra en un estanque. Así podría describirse por ahora la irrupción de Omar De Marchi en la disputa por la gobernación, luego de que decidiera romper con Cambia Mendoza para agitar un poco las aguas en las que venía navegando mansamente hasta aquí Alfredo Cornejo. Pero, como siempre se observa en este tipo de fenómenos, habrá que ver hasta dónde llegan esas ondas que ocasionaron que el escenario político local se agitara un poco.

Uno de esos movimientos en el agua ocasionados por la piedra que tiró el lujanino ya es palpable. El Frente La Unión Mendocina irrumpe como una tercera fuerza con ambiciones de disputar el poder y modifica bastante el recorrido de la campaña que tenían trazados tanto radicales como peronistas. Y este no es un dato menor. De Marchi terminó consolidando una coalición más bien volcada hacia la derecha, que apunta a captar el descontento que existe en una parte de la sociedad con la gestión de Rodolfo Suárez, que mira con recelo y preocupación el riesgo institucional cierto que generaría en la provincia la consolidación de la hegemonía del cornejismo y, en este sentido, tratará de sumar lo más que pueda de ese voto peronista desencantado con los candidatos suyos. Un sector que, a su vez, podría resultar encantador desplazar a Cornejo del poder.

Ahora: De Marchi terminó encolumnado detrás de su liderazgo a muchos de los dirigentes que ya sabía que tenía, pero se quedó sin poder sumar a otros que le habrían dado a su coalición una potencia electoral más grande. Logró desarmar, y esto fue importante, a Cambia Mendoza llevándose al massismo representando en la figura de Jorge Difonso y a la Coalición Cívica encarnada en la provincia por Gustavo Gutiérrez. Pero en líneas generales se terminaron anotando en su proyecto ese grupo de partidos chicos y agrupaciones (el PD, los libertarios, los jubilados y el Mendo Exit) que ya en las elecciones legislativas de 2021 habían acordado con él llevarlo como candidato a senador nacional. El plan se abortó en esa oportunidad. A horas del cierre de las listas De Marchi no se animó a dar el salto que dio ahora y acordó el reparto de lugares propios con Cornejo y esa fuerza en ciernes se dispersó.

Un detalle que es importante. En esa construcción que fracasó hace dos años, estaba el Partido Verde que ahora competirá en soledad llevando a Mario Vadillo como candidato a gobernador y a Marcelo Romano como contendiente en San Carlos. Los operadores del demarchismo intentaron cerrar con ambos, pero no lo consiguieron. ¿Por qué? Un par de razones. Una fue que se desató el típico tironeo por la repartija de casilleros en la Legislatura. Cuando eso parecía resuelto, apareció el largo brazo del gobierno provincial y su singular capacidad para financiar campañas que no son la propia y Vadillo les terminó diciendo que no a los de La Unión. Es una carencia, está, para el pretencioso De Marchi: los Verdes ya están probados electoralmente y se convirtieron en la novedad hace dos años cuando se erigieron como tercera fuerza con casi el 10% de los votos. Un caudal que no parece despreciable.

Faltó algo más. Internamente los operadores de este nuevo frente apuntaron a recoger a aquellos radicales cansados de estar sometidos por Cornejo. Y, en menor medida, también a sumar a algún que otro intendente del PJ enfrentado con La Cámpora. Nada de esto sucedió. Y es más, sobre estos últimos, todo lo contrario. Ahí anduvo el peronismo mendocino de reuniones entre caciques durante todo el fin de semana para ver si lo pueden convencer a Roberto Righi para que se ponga la campaña sobre sus hombros y acepte ser el candidato a gobernador del Frente Elegí. El lavallino no se cuece al primer hervor a esta altura y dice que no está para convertirse en mártir. La Cámpora lo apura a él y al resto amenazándolos con presentar un candidato propio. En el fondo, los jefes comunales peronistas no quieren ni oír hablar de la campaña provincial por ahora. En una semana cierran las listas de las candidaturas. Pero en dos, ellos tienen que enfrentar la primera elección a la que convocaron anticipadamente (las PASO) temerosos de perder sus territorios.

Para terminar con el armado de De Marchi. Falta resolver en estos días si finalmente él será el candidato a gobernador de ese espacio o si irá a la interna con Difonso. En lo que se está trabajando es que haya una lista de unidad para todos los cargos en juego, con el de gobernador al frente. Sin embargo podría plantearse la estrategia también de que ambos compitan para darle músculo a una campaña en la que vienen corriendo desde atrás. El gobierno y los peronistas ya encendieron la maquinaria electoral hace meses, cuando se disparó la competencia en los municipios que desdoblaron.

Entonces surge la pregunta clave a esta altura de los hechos ¿Le puede ganar la elección de Marchi a Cornejo? Hoy las encuestas dicen que no. Dependiendo de quién las haya realizado (el gobierno o el propio demarchismo) la diferencia en intención de voto entre uno y otro va desde los quince, a los más de veinte puntos cuando faltan sólo ocho semanas para las PASO. Por supuesto que ese día, el 11 de junio, la Unión Mendocina sabrá para qué está. De Marchi es consciente de que, para intentar dar el golpe el 24 de septiembre, deberá conseguir al menos el 25 por ciento de los votos en esa primera contienda.

¿Cómo los buscará? No habrá tsunami acá. La única apuesta será generar un crecimiento sostenido y con la expectativa de que del otro lado no crezcan, convencidos de que Cornejo hace rato viene tocando su techo electoral y con una leve tendencia a la baja, incluso. Los estrategas del gobierno vislumbra algo distinto. Creen que como única opción de sumar voluntades, De Marchi buscará pescar en el voto peronista desencantado y que eso podría generarle una suma cero. Es decir, que lo que consiga de este sector termina por ahuyentar a votantes de Cambia Mendoza.

Como sea. Habrá que prepararse para una campaña dura, polarizada (con el detalle de que prácticamente la discusión será entre pares) y con un diseño asimismo que ya se vislumbra. El radicalismo apuntará a nacionalizar la discusión con sus permanentes embates al kirchnerismo y al gobierno Alberto Fernández, mientras que De Marchi la traerá todo el tiempo a la provincia para poner el foco en Suarez y los abusos de Cornejo. Las claves del debate serán, cómo no, la economía. Y, en segundo orden de relevancia, la inseguridad.

Un ejemplo de cómo uno y otro intentan pegarse y despegarse de lo que sucede en Buenos Aires de acuerdo a lo que les convenga, lo tuvimos esta semana. Horacio Rodríguez Larreta vino y apoyó la candidatura de Cornejo. No hay que confundirse con el gesto. No es amor lo que los unió para el abrazo del viernes en Andes Talleres, ni siquiera el espanto por la unidad perdida para siempre en la coalición de gobierno oficialista en la provincia. La preocupación de Larreta es por él mismo. Y por su brutal disputa interna con Mauricio Macri y, sobre todo, con Patricia Bullrich en la carrera por la candidatura dentro de Juntos por el Cambio.

El jefe de Gobierno porteño buscó contrarrestar en buena medida la foto que los mendocinos le habían armado a Bulrrich en la Vendimia, muy pendiente de explotar al máximo ese acuerdo que está tejiendo con los radicales y que ya tiene dos puntas representadas por las figuras de Gerardo Morales y de Martín Lousteau. Desde acá siguieron el juego. Podría pensarse que Cornejo está volcado hacia Bullrich y eso es otro error. La apuesta de fondo es a que un radical integre la fórmula independientemente de quien resulte candidato y, de paso, que ese radical elegido sea Rodolfo Suarez. Por raro que resulte.

De Marchi reaccionó ante el desplante de su ahora exreferente nacional, en lo que fue su primer spot de campaña divulgado este sábado. “¿Saben qué? ¡Qué se enojen los partidos nacionales!"”, se envalentonó. Más o menos. Mientras Larreta habló en conferencia de prensa presentando el Frente Cambia Mendoza, uno de sus aliados le envió un wasap. “Chau Larreta, hola Milei”, le escribió. La respuesta fue clara: “¿Por qué no?".

Otra extrañeza de los políticos. ¿Por qué si el gobierno está confiado en que no se le escapará la elección armó tanto lío con la ruptura de De Marchi? Volviendo a la piedra arrojada al estanque: una de las ondas no pegará ahora, pegará a futuro. Y eso Cornejo lo sabe. Con su decisión de jugar, de mínima, De Marchi se encamina a consolidar un poder propio en la Legislatura que le complicará la gobernanza a alguien que ya estaba confiado en repetir las escenas de sus primeros cuatro años en el poder. Allí, en donde todo fue liderazgo e imposición a fuerza de mayorías legislativas. O yendo más en profundidad: Cornejo va a enfrentar cuatro años distintos a lo que tenía proyectado. Esos, en donde las aguas tranquilas, creía, le iban a permitir terminar por consolidar su hegemonía.