El Gobierno celebra la crisis opositora y empieza a despedirse en silencio
Hay una sensación de alivio en un Gobierno terminado pero que no quiere irse de mala manera. Nada de portazos ni gritos, quiere terminar el matrimonio más fracasado de la historia peronista con indiferencia, es el deseo de Alberto Ángel Fernández. La tranquilidad y el tono presidencial irritan a la vice presidenta, con días mucho más convulsionados y tensos de lo que se sabe. Fernández se mantiene en eje y no levanta la voz, Cristina Kirchner no sabe qué hacer.
La oposición cruje por la herencia de Mauricio Macri, quien el revés de lo bosquejado, se bajó para desordenar su propia interna. Son días de reflexión para las dos orillas de una grieta que dio lugar al liderazgo opositor menos pensado: hace quince días que el círculo rojo si es que existe empezó a pensar que Javier Milei puede ser Presidente.
La "traición" de Horacio Rodríguez Larreta no es más que lo que suele pasar en la política doméstica, pero pensó entonces el ingeniero que podría encargarse de decir a qué jugaba cada uno de los actores, y no pudo ni podrá a pesar de haberlo exigido en privado dos veces en un mes al jefe de Gobierno. Pensamientos propios de quien pensó que el partido político que fundó hace veinte años obedecería sus conejos y tomaría sus exigencias.
Alberto Fernández tiene por delante la inauguración de cincuenta obras antes de las PASO de agosto, es el combustible espiritual para salir de la cama en Olivos. La dieta lo agota y la energía cuesta recuperarla, pero es el último semestre de gestión antes de lograr su objetivo, tal como resume un conocedor quirúrgico de su intimidad: "se preparó toda su vida para ser ex presidente".
El presidente y sus fieles, que no alcanzan para jugar el fútbol de Olivos, tienen días por delante de meditación para un solo objetivo: cómo anunciar la no candidatura del presidente y bendecir a Daniel Scioli o Sergio Massa. Ambos precandidatos no son ni la renovación ni la esperanza, pero el optimismo los acompaña a ambos que ya fueron en una boleta presidencial para ver como otro asumían.
Rarezas del peronismo y de Cristina Kirchner, quien sigue ostentando la falsa cucarda de estratega a pesar de haber fracasado prácticamente en todos los armados electorales tras la muerte de su marido. Fracasó con la elección de Amado Boudou como vice en 2011 que terminó en un escándalo para escribir un non fiction, en 2013 no acordando con el otrora anti kirchnerista Sergio Massa que le costó un dolor de cabeza bonaerense, fracasó en 2015 con la derrota en todo el país y en 2017 con la paliza de Esteban Bullrich en Buenos Aires. Sólo la falta de coraje peronista y la sumisión propia de un síndrome de Estocolmo permitieron que vuelva a fracasar en 2019.
El fantasma de Javier Milei es un problema en todos lados, empezando por Buenos Aires con un dato interesante: sin candidato, el simple arrastre tiene hoy 16% según un estudio de Isonomia. La consultora, para nada lejana al macrismo, plantea dos escenarios distintos donde Diego Santilli pierde con Axel Kicillof. "Diego no va a poder bancar la interna de Horacio con Mauricio, si sigue así se baja", analiza un armador del PRO bonaerense que trabaja junto con el diputado colorado. Saben que hay una posibilidad concreta de un Gobierno nacional macrista o de Milei con el peronismo en Buenos Aires.
Es el deseo de Cristina Kirchner, quien sabe que su expresión política quedará reducida a un partido local, dogmático y de resistencia, pero sin vocación nacional. En el aire, Massa intenta convencer a Estados Unidos de que hay un plan económico y que esta vez el dólar soja va a generar acumulación de reservas, mientras las metas de inflación superan el 110% según el REM.

