Una división forzada, errores e intereses en el reconocimiento de tierras a mendocinos que reivindican su pertenencia mapuche
Mapuches escrito entre comillas, opiniones históricas despersonalizadas, calificaciones exageradas y una agitación impulsada desde las redes sociales por parte de funcionarios de todos los poderes para rechazar una medida administrativa. En todos los mensajes hubo un gentilicio ausente que, en este caso, es indiscutible: mendocinos. El Gobierno nacional reconoció, a través del INAI, la ocupación de tierras a tres grupos de mendocinos que viven en Malargüe y reivindican la cultura mapuche. Esa decisión, cuestionada desde distintos ámbitos, no implica la transferencia de tierras, expropiación o enajenación.
En la práctica el único efecto concreto es que evita el desalojo de los puesteros. La medida se ejecutó con un mecanismo que muchos cuestionan por la liviandad. El Estado provincial estaba notificado pero no participó de los relevamientos a pesar de tener la información disponible. Mientras, la tensión discursiva crece y hasta hubo pedidos para "echar" a las familias involucradas de Mendoza, a pesar de que son nacidos y criados en la provincia. Con ayuda de la impericia del Gobierno nacional para ejecutar medidas, el oficialismo local logra "crear un enemigo" político que no responde y está en desigualdad de condiciones. "Las familias están asustadas", explicó uno de los malargüinos. Hasta ahora se les reconoció la ocupación a tres comunidades en Malargüe y San Rafael, pero habrá más. Las comunidades Lof El Sosneado, Lof Suyai Levfu y Lof Limay Kurref (Los Molles) fueron los destinatarios.
El reconocimiento de la ocupación genera tensiones y habrá más resoluciones en el mismo sentido. Lo particular del caso mendocino es que se trata de conflictos entre privados, por lo que llama la atención la magnitud de la reacción de los funcionarios. En los tres casos el reconocimiento es sobre tierras con propietarios, incluso algunos de ellos con problemas con el propio Estado por el manejo de los recursos turísticos y naturales, como es el caso de Nieves de Mendoza.
Los puesteros de Malargüe tienen una cultura transhumante que es parte de la historia de Mendoza, Neuquén y Chile y habitan zonas inhóspitas. No hay dudas de su mendocinidad porque así lo dice su DNI y su historia. A los puesteros suele romantizárselos desde la política, pero cambia el eje de discusión cuando hay un reclamo de derechos y se cruzan intereses. La ley 26.160 buscó cumplir con el mandato constitucional y regularizar la legalidad de la ocupación de la tierra, pero esa norma tiene muchos defectos de aplicación. Incluso fue votada siempre por unanimidad; en su sanción original y las prórrogas. Circula por Internet la votación positiva de Alfredo Cornejo en 2006, cuando tuvo un fugaz paso por el Congreso como aliado del Frente para la Victoria.
El Sur de Mendoza es una tierra prometida, mal gestionada. En las tierras reconocidas a los pueblos originarios hay dos grandes empresas que son propietarias registrarles que están en conflicto. Una es Sominar que tiene tierras de usos mineros, petroleros, turísticos y hasta cerros emblemáticos. Esa empresa es mendocina y también convive con puesteros (en algunos casos de manera armónica y otros con litigios). El otro propietario está menos arraigado. La empresa Nieves de Mendoza es una de las que más tierras tiene en la provincia. Sus capitales son ingleses, malayos y argentinos y no siempre tuvieron buena convivencia con los vecinos. De hecho en los últimos años hubo fuertes quejas desde el sur porque la empresa decidió no abrir el centro de esquí Las Leñas y, además, hay una notable desinversión en el lugar. Eso genera un impacto negativo en la comunidad. Las tierras de Nieves de Mendoza llegan incluso al límite con Chile e incluyen recursos naturales estratégicos.
Malargüe tiene la concentración de recursos naturales no renovables más importante de la provincia, a pesar de ser también uno de los departamentos más relegados. Como explicó MDZ, la superposición de intereses está ordenada por la ley: el petróleo y los recursos minerales son del Estado y no del concesionario. Los titulares registrales cobran por la servidumbre de paso y otros servicios, pero no tienen posesión de esos recursos. Y ahora se suman los ocupantes históricos. En una comunidad, esa superposición de intereses podría convivir. Hoy se agita lo contrario. Las dos actividades que se realizan son la petrolera y la turística. En ese caso los puesteros son parte: guían, prestan servicios, tiene comercios y son anfitriones. En el caso del petróleo también. Aunque hubo idas y vueltas, no hay registro de conflictos duros con las comunidades. Incluso uno de los focos de tensión que muchos avizoran a futuro tiene más que ver con problemas gremiales, como ha ocurrido en otros momentos con cortes de puentes, paradas de plantas y hasta sabotajes en pozos petroleros; generados por conflictos por la representación de gremios de Mendoza o Neuquén o, cuando estaba Potasio Río Colorado, con la UOCRA.

Los emprendimientos productivos de la zona tuvieron muchos problemas, pero ninguno atribuible a los reclamos mapuches. Potasio Río Colorado, la mina que fue abandonada y dejó a más de 3 mil desempleados, se derrumbó por la caída de la empresa Vale y la "presión interna" que recibió por sacarle recursos. Los pozos petroleros entraron en decadencia por falta de inversión, pues solo YPF tiene proyectos relevantes. El intento por explotar la formación Vaca Muerta tuvo un fracaso importante con la empresa El Trébol, que hizo fracking, consiguió la concesión y luego revirtió la inversión prometida. El proyecto para instalar un polo logístico en Pata Mora por ahora solo es discurso porque no hay recursos y la logística petrolera se abastece de Rincón de los Sauces y El Portón; todo en Neuquén. Es lo que va a ocurrir con el proyecto que YPF desarrollará ahora, con dos pozos horizontales en los que se hará fracking para intentar sondear el potencial del lado mendocino de Vaca Muerta.
Imprecisiones
El relevamiento realizado en Mendoza fue rápido y para muchos imperfecto. Vinieron profesionales desde Buenos Aires, se juntaron con las comunidades y diagramaron un esbozo de las tierras que, según ellos, ocupan desde tiempos remotos. No hubo proceso de chequeo posterior y se utiliza la reconstrucción testimonial como verdad. El problema para el Estado mendocino es el propio incumplimeinto. El INAI notificó a Mendoza y a la municipalidad de Malargüe que se iba a hacer ese proceso. Ninguno puso objeciones y tampoco participaron. El INAI firma convenios con las provincias para delegar la responsabilidad de los relevamientos, pero Mendoza no tiene organismo específico y tampoco firmó acuerdos. Es decir, cedió, de hecho, esa potestad en la Nación.
Los especialistas creen que algunas de las resoluciones tienen falencias administrativas y legales que son reversibles. Una de ellas es que no se reconocen los fallos adversos que tuvieron algunas comunidades en la justicia. Quienes analizan el tema de manera desapasionada, entienden que el INAI actuó mal al no reconocer las sentencias de la Suprema Corte, entre otras cosas. La jurisprudencia indica que en ese tipo de decisiones son las provincias las que tienen la potestad de decidir, aún cuando no hayan hecho actos útiles para avanzar.

"Este reconocimiento no implica de modo alguno la “entrega” o “cesión” de tierras a las comunidades relevadas, sino que se enmarca en las competencias y atribuciones conferidas por la ley 26.160 al INAI con el objetivo de demarcar el territorio comunitario habitado históricamente por los distintos pueblos originarios a lo largo y ancho de la Argentina", aclararon desde el INAI. Desde ese organismo volvieron a remarcar que han insistido en que la provincia aborde el tema, pero no hubo respuesta. En total hubo 13 relevamientos de pueblos originarios, por lo que se espera que en las próximas semanas haya más resoluciones reconociendo la ocupación.
La semana próxima vendrán a la Ciudad representantes de las comunidades para explicar su visión del tema en la Legislatura. Antes, tienen trabajo: muchos de los puesteros son proveedores de la Fiesta del Chivo, celebración donde gran parte de la clase política se concentrará este fin de semana. Comerán chivos mendocinos, criados y carneados con técnicas ancestrales por los puesteros a los que los comensales mencionan entre comillas en las redes sociales.




