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Violencia e inseguridad: una dura agenda que la política desconoce

La Pampa inicia el calendario electoral con el caso Lucio Dupuy todavía fresco mientras el gobierno de Sergio Ziliotto no lo menciona. En el conurbano aumentan los femicidios, filicidios y la violencia y nadie sabe cómo controlarlo. La oposición boceta posibles soluciones.

Las últimas semanas se llevaron a cabo momentos simbólicos de hechos de violencia, inseguridad y muerte: el fallo contra los asesinos de Fernando Báez Sosa, la sentencia de las asesinas de Lucio Dupuy en La Pampa, la detención de dos padres que abusaron y mataron a su hija de 21 días en La Matanza, a la vez que encontraron apuñalada y muerta una mujer en el mismo municipio, sinónimo de incapacidad y desastre en gestión. En Merlo buscan un hombre que le dio cocaína, torturó y abusó de su hija. Todo normal.

El país se torna más violento, al compás de una clase dirigente que disfruta de cargos y presupuestos en exclusivos restoranes manteniendo intacta la mal llamada "rosca" en el año electoral. Quienes toman decisiones sobre la violencia, vacacionan y hacen campaña por todo el país. Detrás, una sociedad violentada busca alguien que lidere el proceso de normalidad y orden que supo haber.

La política no sabe qué hacer, por eso Aníbal Fernández, el político más multitasking de la historia moderna, habla, que es lo que mejor sabe hacer, de todo menos de soluciones, de eso vive desde 1983. Ahora la culpa de tener enquistado el narcotráfico en Santa Fe hace treinta años es de Santa Fe, y nada tiene que ver él, que en los últimos años fue senador nacional, secretario general de la presidencia, ministro de Justicia, ministro del Interior, ministro de Seguridad, intendente de Quilmes, diputado nacional y asesor, pero nada tiene que ver con la realidad que aqueja al país. Sigue pensando que la esgrima verbal que supo tener ahora sirve para algo más que para la vergüenza ajena.

En La Pampa se inicia entonces el calendario electoral con una provincia angustiada por la muerte de Lucio Dupuy, pero con el peronismo, fiel a su tradición, invisibilizando el tema como si estuviera vivo y jugando con su abuelo Ramón en General Pico, donde tendría que haberse quedado. La sociedad está enojada y harta del peronismo, que hace 40 años no aporta soluciones y depositará su confianza en el radical Martín Berhongaray o Marín Maquieyra, el diputado del PRO más joven de la historia que hace poco era asesor de Esteban Bullrich.

La oposición apoya moral y discursivamente a los dolidos por el terror, como fue en La Pampa y es en Buenos Aires y Santa Fe. Los equipos técnicos de los principales aspirantes a cargos medulares saben que no hay más tiempo para discursos efectistas y vacíos de contenido: el país les demandará, sin tiempo ni luna de miel, que mejoren sus vidas sin importar los juegos de palabras y las camisas arremangadas. 

Juntos por el Cambio sabe que se hará cargo del país muy probablemente en siete meses y que las condiciones de herencia no van a ser otra cosa que, a sus ojos, un aquelarre premeditado y diseñado por Sergio Massa, Alberto Fernández y Cristina Kirchner. Piensan en los búnkers cómo hacerse cargo del desastre sin pagar costo político, eso fue lo que dio lugar al último documento alarmando sobre la situación económica de Argentina.