Sergio Massa y Javier Milei tienen algunos temas en común que los condenan a la derrota
Si las elecciones tienen lógica, el candidato libertario Javier Milei le debería ganar, sin demasiadas dificultades, a Sergio Massa en el próximo ballotage. El antikichnerismo imperante es más del '60 y si solo se contabilizaran los votos de Patricia Bullrich en las PASO, como complementarios a los que sacó La Libertad Avanza en la elección general de octubre, entre ambos sumarían 49%.
Traducido: los votos que consiguió Bullrich fueron de halcones. En ese 19%, sin embargo, hubo algunos radicales provinciales de Buenos Aires, así que se deberían restar un par de puntos, que ahora irían, indudablemente, a votar por Sergio Massa.
A Javier Milei le alcanzaría con que un porcentaje no mayor al 35% de los que votaron por Juan Schiaretti se volcaron a su favor para ganar. Listo. Esto se impondría por lógica y un aval científico remarcado por los "focus groups" de todos los sondeos anteriores.
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Pero, las emociones y las estructuras también juegan. Y en estos dos ítems, el peronismo kirchnerista, al cual Sergio Massa tuvo la obligación de esconder detrás de su única figura electoral, tiene una ventaja decisiva y notoria.
¿Y la economía? ¿Cómo un economista como Milei, que propuso la dolarización como mecanismo para terminar con la inflación, no puede tener una ventaja? "Porque hay plata. Hay trabajo. No alcanza. Pero hay consumo. Y mientras la gente pueda consumir y gastar, no importa la inflación", analizan en el centro de campaña de Unión por la Patria transformado, deliberadamente, en un búnker íntimo del Frente Renovador.
Efectivamente "la gente está que trina con los aumentos, la falta de combustible y miles de problemas más. Pero hoy tiene posibilidades de comprar, más o menos, pero puede darse un gustito", sigue el razonamiento que se complementa con la idea que "todas las fábricas están trabajando a pleno", aunque varias de ellas sufran el día a día por el cepo impuesto a las importaciones.
La militancia, dirigentes y empleados municipales y provinciales dispuestos a difundir como un evangelio los atributos del candidato, son la parte sustancial de esta etapa final. Sobre ellos se basa la recuperación final del oficialismo, escondido porque nada se sabe del presidente Alberto Fernández y de su vice Cristina Fernández de Kirchner.
Estos difusores de buenas noticias también son los estandartes de la campaña del miedo. Que con Milei suben las tarifas, las naftas y todo lo que hoy el propio Gobierno tiene frenado adrede hasta después de las elecciones.
"Efectivamente, en la calle el único que milita es Unión por la Patria. No hay información ni explicación de lo que sería un gobierno de Milei. Que se haya juntado con Mauricio Macri lo fortaleció pero no le agregó voceros o analistas que informen lo que sería un gobierno libertario", explicó un importante consultor que ha trabajado siempre con Juntos por el Cambio. "Lo único que hacen es profundizar la idea del cambio, aunque ahora suene a explosión".
Y sobre esto también tomó nota el equipo de campaña massista. "El cambio se hace con generación de trabajo", el nuevo lema de la vía pública, va en ese sentido. Casi una copia fiel del "cambio seguro" que proponía Patricia Bullrich cuando no podía hacer pie contra la motosierra libertaria.
Para el peronismo en campaña no hay internas ni diferencias personales que incidan para llegar y mantenerse en el poder. El estar ahí es un deber mayor que nadie tiene el privilegio de discutir. Después, una vez con el gobierno en sus manos, estas inquinas se volverán dirimir aunque con Massa presidente todos suponen que, paulatinamente, todos quedarán a su merced.
La alianza Milei-Macri también hace suponer que hay muchas cosas sin resolver. Pero como no hay una unidad política ni organizativa, en una elección tan cerrada como la que se avecina, lo que a priori aparece una elección a favor o en contra del kirchenrismo y sus nuevos representantes se transforma entre una elección entre el menos malo.
La fijación del feriado largo para la misma fecha electoral, la capacidad de fiscalización y la proliferación de argumentos por los cuales el ministro, candidato y presidente de facto es el garante del cambio, le abren una oportunidad a un oficialismo que incendió todos los procesos productivos, educativos, sanitarios y no activó un procedimiento para impedir el crecimiento del narcotráfico y la inseguridad al tiempo que duplicó la pobreza y la indigencia recibida del macrismo.

Sergio Massa lo sabe y no guarda nada, ni las formas. Mauricio Macri también lo conoce, y tampoco escondió los motivos por los cuales salió a abrazar al loco de la motosierra.


