Debate presidencial: qué pueden perder y ganar Sergio Massa y Javier Milei
La noche del debate va a determinar una serie de factores que afectan directamente las elecciones presidenciales, con una lógica inversa a la que se buscaba en otras épocas, acá será un partido de tenis. Como el gran Guillermo Vilas, quien menos errores cometa, se irá a dormir con la balanza inclinada a su favor. Sergio Massa y Javier Milei deberán equivocarse poco, explicar menos, persuadir rápido y evitar que se transmitan sentimientos negativos en una elección donde toda la pasión está volcada con dos candidatos que plantean dos países antagónicos.
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Sergio Massa va a despejar dudas, es quien intentará fortalecer el peronismo federal que viene proclamando, pone en riesgo su carrera pero su liderazgo dentro del PJ nacional, donde se sabe que "Roma no paga traidores". Allí entonces Massa deberá convencer a la opinión pública que quien lidere será únicamente él, que Cristina Kirchner es parte del pasado y que el Gobierno que integra no lo roza ni de costado, que su impronta es distinta y que nada de lo sucedido tiene que ver con él.
Pone en juego también la gobernabilidad del actual gobierno. Si el debate es muy a favor del economista liberal, serán días de tensión cambiaria y mayor refugio en el dólar por parte del sector informal minorista, mientras que si vuelve a transmitir certidumbre tal como lo hizo previo a la noche de las elecciones generales de octubre, logrará frenar cualquier corrida y llegar al final del Gobierno sin estrés financiero, lo que suele dañar reservas antes de los cambios de gestión.
Javier Milei pone en juego absolutamente todo lo hecho, incluso la historia del macrismo. Se llevó la marca ganadora de otras épocas, encarnó como nadie la oposición, hizo todos los deberes y logró romper todos los manuales de teoría política. Si bien hubo una tendencia a calmar el discurso y evitar las descalificaciones, su postura en el debate pondrá en juego su temple, algo que no lo acompañó en términos generales hasta ahora.
Milei pondrá en el debate la crisis de liderazgo opositor, y deberá despejar dudas sobre el rol de Mauricio Macri tanto en el debate como lo que hará a futuro, algo que nadie sabe. Algunos incluso fantasean con Mauricio Macri jefe de gabinete para volver a tener la botonera de un Gobierno liberal que no logró aún juntar mil personas para asumir en ministerios y secretarías. Milei entonces podrá construir la nueva opción de derecha para generar un primer gobierno de estirpe liberal concreta con aspiraciones de expansión en el interior que no tuvieron éxito hasta ahora.
Sergio Massa deberá esconder todos su demonios, empezando por el Presidente y la vice, absolutamente desaparecidos durante la campaña por ser sencillamente piantavotos. Lo mismo serán los entornos de Javier Milei, donde la figura se centra en el economista y su vice, Victoria Villaruel, quien en el debate con Agustín Rossi logró que al unísino en los portales salga como ganadora holgadamente contra el ex ministro de Defensa.
El final del kirchnerismo es un hecho, Massa pone en juego su credibilidad, algo que se le suele achacar. Lo dejó en claro en la última entrevista en Cadena 3 de Córdoba, no tendrá Cristina Kirchner ninguna injerencia en el potencial Gobierno. El debate entonces lo obligará a decir sin decir esa idea. No puede especular con una revancha de Juan Grabois tomando distancia de la fiscalización nacional, menos que menos hurticando a La Cámpora, a cargo de parte del contado de votos en Buenos Aires, donde todo se juega.
La herencia opositora, el voto duro de Cristina Kirchner y Mauricio Macri y sus respectivos roles a partir de enero, el estrés financiero de cara al recambio de Gobierno, el pasado de cada candidato con sus respectivas contradicciones, los equipos con integrantes que restan, todo, absolutamente todo, quedará expuesto el domingo, cuando suene la campana del último round.

