Final para Alberto: la soledad en China y un largo feriado cambiario
El AR 01 aparecía más vacío que de costumbre. En el largo vuelo a China faltaron los chistes, las estrambóticas interpretaciones de la realidad que normalmente alumbra la portavoz presidencial y desapareció hasta cierto ambiente familiar que rodea los viajes de Alberto Fernández. Este será el último viaje presidencial de largo alcance y ni siquiera para esta ocasión la presidencia de Alberto parece elevarse para mostrar alguna formalidad de Estado. Ese aire de triste final que todos los argentinos perciben parecía imposible de disipar.
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Cuentan en la intimidad de la Casa Rosada que el presidente no quería viajar a China, pero no hubo un sólo asesor, incluidos los mas íntimos y cercanos al despacho presidencial que no lo obligara a subirse al avión partir de viaje. Para el kirchnerismo la presencia del Presidente en medio de la campaña es una incomodidad casi imposible de manejar. Quedó probado con la denuncia que le hizo a Javier Milei, Ramiro Marra y Agustín Romo por intimidación pública tras la recomendación del libertario a los ahorristas de desarmar plazos fijos en pesos.
Casi la totalidad del peronismo consideró esa denuncia una maldad de Alberto Fernández que solo alimentó más a Milei. Imposible que el presidente no entienda que hoy se le vuelve en contra cualquier acusación que haga el oficialismo a un opositor. Más si la hace un presidente que se volvió testimonial. El razonamiento popular suena lógico: si Alberto acusa es porque el acusado tiene razón.
El único objetivo práctico de esta gira ya se había cerrado de antemano: la activación de un nuevo tramo del swap de monedas con ese país por U$S 5000 millones ya se habrá conseguido. Sergio Massa, por el ministerio, y Miguel Pesce, en el Banco Central, había hecho todos los deberes de antemano. A Alberto Fernández, una vez más, solo le quedó una foto formal para mostrar desde China.
Alberto Fernández aterrizó esta mañana en Shanghai con menos acompañantes que de costumbre. Inició su visita a China en una soledad pocas veces vista: de la gira se bajaron Gabriela Cerruti, Santiago Cafiero y hasta Jorge Taiana. Hasta Fabiola Yañez eligió el sol de esta maravillosa primavera que vive Buenos Aires en lugar de Shanghai.
Al presidente lo acompañaron, más allá del staff usual de la Rosada, Julio Vitobello y Miguel Pesce. El presidente del Banco Central vive por estos días la tranquilidad del fin de semana largo, que gracias a un par de resoluciones que tomó en línea con la Comisión Nacional de Valores, puede garantizarle a Sergio Massa un virtual feriado cambiario casi hasta las elecciones. Solo cuatro días hábiles separan la agonía del día a día del BCRA de la elección presidencial.
Entre los allanamientos a cuevas de la city porteña, la aparición del ya famoso Ivo Esteban Rojnica, el croata operador de múltiples sociedades en el mundo y de dólar blue en Argentina, ahora convertido en enemigo público número uno, y la resolución que les prohíbe a los bancos incrementar sus posiciones en dólares sin pedir autorización primero al Banco Central para adquirir esas divisas, el Gobierno creó un virtual feriado que tuvo, además, un par de ayudas de amigos del momento. De ahí que el dólar a $980 del jueves pasado pareció mas una cotización "oficial del blue" que una realidad del mercado. Con suerte, presiones, miedos en la city y ayuda policial, quizás Massa consiga mantener un número parecido la corta semana próxima.
Para Pesce cada día feriado en el que no debe liquidar billetes verdes es uno más para respirar. Esa tranquildad aparente tiene una contracara durísima: la economía está casi paralizada. General Motors y su anuncio de frenar la producción por una semana ante la falta de insumos importados es solo un ejemplo. Casi la totalidad del aparato productivo vive la misma realidad. La caida de la actividad ya es alarmante y todos los actores ya miran a la definición del 22 de octubre más que a alguna solución intermedia. Nadie sabe hoy a ciencia cierta cómo se llegará a diciembre, gane quien gane la elección, con o sin balotaje.
Mientras tanto el presidente seguirá su viaje por China casi como una formalidad de final de mandato, pero con algunos datos peligrosos que aún pueden comprometer mas al país en caminos que nunca debió haber recorrido. Alberto llegó a Shanghai para tener reuniones en el Centro de Investigación y Desarrollo Tecnológico de Huawei, actor número uno en la licitación del 5G y en las mineras Tsingshan, Tibet Summit Resources y CST Mining Group Limited. También volverá a reunirse con Dilma Rousseff, como presidenta del Banco de Desarrollo de los Brics, que poca ayuda puede darle a la Argentina mas allá de una foto y nuevas e imposibles promesas financieras. De esos juegos de anuncios e imágenes vacías se ha nutrido el kirchnerismo en toda su historia de relación con el pretendido progresismo internacional y esta no iba a ser la excepción.
Hay un interrogante más para Shanghai. Alberto Fernández volverá a hablar allí de la incorporación de Argentina a los Brics junto con otros nuevos socios entre los que esta Irán. No está claro cómo manejará el presidente esa sociedad en medio de los ataques de Hamás a Israel y el protagonismo de Teherán en el apoyo y financiamiento de esa barbarie. En medio de esas conversaciones, además, aparecen las brutales imágenes de un empleado de la embajada de Israel en Beijing apuñalado en la vereda de la delegación lo que puso en alerta a todo el cuerpo diplomático.
En Beijing lo espera el III Foro de la Franja y la Ruta para la Cooperación Internacional. Y allí el tema puede ser más complicado, aunque de nuevo estemos hablando solo de formas. Allí tendrá obviamente, una bilateral con Xi Jinping, el anfitrión y está anunciada, aunque no confirmada oficialmente, la presencia de Vladimir Putin. Con Israel en guerra y bajo fuego, alertas terroristas en el mundo que comienzan a multiplicarse, como el caso de París hoy, y recordando que Argentina ha sido blanco de dos de los mayores antentados del terrorismo islámico en la historia con la Embajada de Israel y la AMIA, el peligro de poner al país en medio de otro papelón internacional del que será, nuevamente, muy difícil volver.


