Cristina Fernández de Kirchner apuntó contra Macri y adhirió a un duro comunicado del PJ
La vicepresidenta de la Nación, Cristina Fernández de Kirchner, repudió nuevamente el intento de golpe de Estado en Brasil, el cual tuvo lugar este último domingo a través de incidentes causados por seguidores del exmandatario Jair Bolsonaro en las inmediaciones del Congreso, ubicado en Brasilia. En ese sentido, la líder del Frente de Todos compartió un extenso comunicado del Partido Justicialista (PJ) de la provincia de Buenos Aires que reflexiona acerca de lo sucedido y que deja una serie de mensajes dirigidos a Mauricio Macri.
"Es preocupante que sectores políticos de toda la región no sean capaces de repudiar sin miramientos lo que es un claro y evidente intento de golpe de Estado. No es la primera vez ni faltan antecedentes: el golpe contra Evo Morales en Bolivia contó no solo con la complicidad de esos actores, sino incluso con el envío de recursos materiales (municiones, en este caso) del entonces gobierno del expresidente Mauricio Macri. Es apenas uno de los tantos ejemplos que deben hacernos tomar dimensión del peligro que acecha a nuestras democracias", reza el escrito del PJ al que Cristina Kirchner adhirió públicamente.
“'Repudio sin peros (y memoria) sobre el intento de golpe de Estado en Brasil'. Imperdible análisis de la inoculación del odio, el rol de los medios y su consecuencia inevitable: la violencia política", sostuvo la vicepresidenta en su cuenta de Twitter al manifestar su apoyo a lo expresado por el PJ bonaerense, presidido por su hijo Máximo Kirchner.
El comunicado completo:
El Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires expresa su repudio al intento de golpe de Estado perpetrado por seguidores del expresidente de Brasil, Jair Bolsonaro, contra el gobierno legítimo y democrático del presidente Lula da Silva.
La foto de lo sucedido el domingo tiene una historia larga que no comenzó con la elección de Lula. Comenzó muchos años antes, cuando los grupos de poder brasileños se sirvieron de Bolsonaro para perseguir, humillar y encarcelar a Lula da Silva. Creyeron que encarcelando a un dirigente eliminaban la fuerza social que lo acompaña. Se equivocaron.
Pero en el medio lograron dañar a la sociedad brasileña: sembrando el odio primero contra un dirigente, luego contra un espacio político y finalmente contra una parte mayoritaria de la sociedad. Para eso fue clave la participación del Poder Judicial, del establishment económico y, por supuesto, de grandes grupos de medios de comunicación que no fueron meros replicadores de causas judiciales, sino que fueron parte activa de esos procesos.
Lo sabemos porque grupos mediáticos de nuestro país, que hoy se rasgan las vestiduras por la asonada golpista, entonces formaron parte del coro mediático que pidió el encarcelamiento de Lula. Lo sabemos porque esta misma Corte Suprema de Justicia de nuestro país recibió con honores al por entonces juez Moro, un héroe de la lucha contra la corrupción.
Como sabemos ahora, Lula no fue condenado por corrupción: fue condenado por corruptos, tal como demostró el informe de la Organización de las Naciones Unidas sobre el proceso judicial fraudulento contra el compañero presidente de Brasil.
Pero el proceso no resultó gratuito y la sociedad brasileña salió dañada. La irracionalidad y el odio ya forman parte del escenario político brasileño. Es tarde para los arrepentimientos de esos grupos de poder.
Brasil debería funcionar como una forma de ver nuestro futuro si los grupos de poder en la Argentina no comprenden lo que están haciendo. Mismo métodos van a dar mismos resultados. También para nuestros gobiernos de toda la región. Como demuestra Brasil, no alcanza con una victoria electoral para desandar años y años de siembra del odio, del miedo, de destrucción de cualquier idea de comunidad.
Hay un solo antídoto y es entender que para sanar hay que ganar las elecciones: pero luego tenemos la misión de gobernar para las mayorías silenciosas con justicia social, soberanía política e independencia económica.
Es preocupante que sectores políticos de toda la región no sean capaces de repudiar sin miramientos lo que es un claro y evidente intento de golpe de Estado. No es la primera vez ni faltan antecedentes: el golpe contra Evo Morales en Bolivia contó no solo con la complicidad de esos actores, sino incluso con el envió de recursos materiales (municiones, en este caso) del entonces gobierno del expresidente Mauricio Macri. Es apenas uno de los tantos ejemplos que deben hacernos tomar dimensión del peligro que acecha a nuestras democracias.
La región necesita trazar una línea roja respecto de actores políticos incapaces de diferenciar entre lo que está dentro y lo que está fuera del juego democrático.
Quienes formamos parte del Partido Justicialista de la provincia de Buenos Aires manifestamos nuestra solidaridad con el compañero presidente Lula da Silva, el Partido de los Trabajadores y el pueblo brasileño por los hechos sufridos el último domingo.

