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Los políticos no saben hace cuánto los escuchan y no pueden dar explicaciones

El presidente Alberto Fernández cree que hay muchos teléfonos pinchados y que el año electoral va a ser cada vez peor. La oposición no sabe cuánto la escucharon y quién entregará los nuevos chats.

- Su señoría, cómo está usted, no se haga el pelotudo y avíseme cómo viene la mano que no quiero sorpresas, un fuerte abrazo querido. 

En esa época el ministro fumaba y entre sonrisas habituales y cambios de tono le exigía a un juez federal que le cuente cómo iba a fallar por si las moscas. La charla salió bien y el fallo mejor, el ministro cortó y siguió fumando como si nada hubiese pasado, fue hace muchos años, después fue al Congreso y sueña con gobernar una provincia gigante que mueve el país. Es uno de los que tiembla cuando escucha que está en los chats, sabe que no puede explicar nada de lo que tiene, empezando por el gigante departamento que habita y que su partido lo va a entregar sin dudarlo. La arquitecta que lo decoró todavía recuerda que le pasó algo que nunca le había ocurrido: le dijeron que ni avise qué compraba ni a qué precio, que termine y mande la factura, que era en dólares, y se la pagaron en cash.

 No es original, le pasa lo que le pasa a la política hace algunas semanas, cuando se enteró que la escuchaban. Todos sabían que hay escuchas, pero hay un dato que alerta e inquieta por igual: no saben hace cuánto y quiénes los escuchan.  

- ¿Cuál es la diferencia entre los chats privados y los bolsos de López, déjense de joder, expliquen qué paso.

La llamada fue de Alberto Fernández a un secretario de Estado que lo suele escuchar cuando su invectiva contra el PRO o Cristina Kirchner empieza a subir el tono de voz. En su entorno se sorprenden, lo ven confiado y enfocado en bajar la inflación, en la semana le preguntaron por un mensaje que mandó Cristina Kirchner a través de un dirigente. "¿Lo escuchaste, qué pensas?", le preguntó un ministro. "Me importa un carajo, no lo escuché ni pienso escuchar, me caliento por bajar la inflación, no por boludeces", respondió lacónico. Ya no le importa qué dice Cristina, Máximo o su entorno, sólo el plan económico del resbaladizo ministro de Economía.

Franco Macri contrataba empresas de seguridad de ex agentes de la CIA para escuchar incluso a familiares, esa costumbre poco habitual se trasladó después a sus empresas y se supo que a parejas y entornos de determinadas personas que Macri padre quería supervisar. Mauricio Macri jura en privado que nunca jamás espió a los propios, todavía resuenan los gruñidos de Nancy Pazos cuando se supo que Diego Santilli era escuchado, también tiene pánico por las filtraciones, y lo bien que hace. Néstor Kirchner se alborozaba escuchando los casetes de Antonio Stiuso para romper su grisácea y monótona vida, que sólo se apasionaba cuando jugaba Racing Club y disfrutaba sin la política de por medio. Amaba escuchar sin motivos legales a periodistas, empresarios, dirigentes opositores, todo era parte de un festejo a la hora de violar la intimidad ajena. Su inteligencia pero esencialmente la falta de tecnología le permitió morir sin que se sepa demasiado sobre sus intimidades. 

El PRO, el peronismo, la Unión Cívica Radial, la Coalición Cívica, todos tienen pánico por estos días. Muchos hablaron de más, hicieron negocios a costas del Estado, compraron departamentos que no pueden explicar, hicieron consultoría en negro con plata de los impuestos, viajaron en aviones privados, usaron el Estado para colocar amigos, amantes y hacerse de favores que luego exigían con otro tono. Así es la política, de forma transversal, ni todo el kirchnerismo disfruta eso, ni la "nueva política" lo usa. Son algunos concretos funcionarios que, como una gota de vino en una pileta, ensucian a miles de honestos trabajadores e idóneos que habían la política local. 

Marcelo D'Alessandro quedó en el ojo de la tormenta

El recién aterrizado Waldo Wolff, de los dos o tres mejores hábiles declarantes hoy en día, se hizo cargo parcialmente de comunicar el desastre en el que se ha metido el PRO, un espacio donde se supone que la comunicación es un fuerte. Pocas voces, disímiles, y diferencias en conceptos claves, nadie supo explicar lo más sencillo: pincharon, espiaron ilegalmente un teléfono y no se sabe hasta dónde manipularon los textos. No era tan difícil, ahora Marcelo D´Alessandro dejará su cargo para evitar más acusaciones. ¿Nadie sabe en el PRO que cada día que sigue en el cargo es más probable que afecte la carrera presidencial de Horacio Rodríguez Larreta? Patricia Bullrich sonríe, hasta que se acuerda que su jefe de campaña tiene por delante el complejo desafío de explicar su nómina parlamentaria con oficios viejos, pero no menos rimbombantes.

Ahora bien, ¿cuánto está dispuesta la sociedad a enterarse de la clase dirigente que tiene? ¿Se negará como niega un padre cuando se entera que su hijo no es lo que esperaba o aceptará que tiene una sarta de políticos millonarios que saquean al Estado hace décadas y se ríen en privado? La política sabe ahora que la escucharon, pero no se acuerda qué dijo, ese es el problema, y por ahora, nadie piensa tirar la primera piedra.